Foto Adi Goldstein en Unsplash

POR: MARTHA MORGADO

Muy temprano ese domingo, Memo quiso darle una sorpresa de cumpleaños a su mamá, ya le había hecho su tarjeta de felicitación y le había comprado unas calcomanías muy bonitas para que las pegara donde ella quisiera. Él quería llevarle su desayuno a la cama, pero como estaba muy chico todavía tenía prohibido usar la estufa, y la licuadora también, ya una vez se había lastimado cuando metió su manita y se cortó con las aspas, así que había planeado hacerle a su mamá unos sandwiches de jamón con queso y un jugo de naranja.

Con cuidado de no hacer mucho ruido, Memo buscó el pan, la mayonesa, el jamón y el queso. Sobre un plato puso cuatro rebanadas de pan, enseguida trató de abrir el frasco de mayonesa pero sin mucho éxito, al parecer su mamá lo había cerrado muy fuerte sin querer. Después de un rato de fallidos intentos, el niño decidió que no le pondría mayonesa.

Abrió el paquete de jamón, sacó dos rebanadas y puso una sobre cada rebanada de pan, después abrió, o mejor dicho, rompió el paquete de las rebanadas de queso amarillo, sacó dos paquetitos, como pudo los abrió y los puso sobre el jamón, recordó que a su mamá le gustaba ponerle salsa catsup, así que le puso un poco, y un poco de mostaza también. Después puso las otras rebanadas de pan para cerrar los sandwiches.

Solo faltaba el jugo de naranja, buscó unas naranjas en el refrigerador, también el exprimidor de naranjas, pero no tenía ni idea de cómo usarlo, lo pensó muy bien y al final decidió que mejor iba a hacer jugo de los que se hacen con sobres sabor naranja. Puso agua en un vaso grande de plástico, abrió el sobre y le fue echando al vaso hasta que sintió que era suficiente, le dio vueltas al agua con una cuchara, pero como era muy pequeña se le perdió dentro del vaso y ahí la dejó.

Buscó una bandeja para poner el plato con los sandwiches y el jugo, paso a pasito fue hasta la recámara de su mamá y acomodó la bandeja sobre el tocador, la despertó, le dio un abrazo y un beso, le cantó las mañanitas y le acercó a la cama la comida que le había preparado, después fue por su tarjeta y sus calcomanías para regalárselas.

Su mamá estaba muy contenta, sobre todo sorprendida, lo invitó a desayunar con ella, Memo aceptó gustoso. Ese día se divirtieron mucho, vieron películas, comieron palomitas y helado, Memo no descansó hasta que vio que su mamá usara algunas de sus calcomanías.

Por la noche, Memo le dijo a su mamá:

-Qué raro que mi abuelita y mi tía no te vinieron a felicitar por tu cumpleaños, de seguro se les olvidó.

-Estoy segura de que mañana van a estar aquí y hasta pastel van a traer, contestó ella.

-¿Por qué estás tan segura mami?, preguntó el niño.

-Porque mi cumpleaños… es mañana.

Memo solo abrió mucho los ojos y se tapó la cara.

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