OPINIÓN | Britney Spears tiene todo el derecho a estar enojada… con todos nosotros

Nota del editor: Kara Alaimo, profesora asociada de relaciones públicas en la Universidad de Hofstra, es autora de «Pitch, Tweet or Engage on the Street: How to Practice Global Public Relations and Strategic Communication». Fue portavoz de asuntos internacionales en el Departamento del Tesoro durante la administración de Obama. Síguela en Twitter @karaalaimo. Las opiniones expresadas en esta columna son únicamente las de la autora. Ver más opinión en CNN.

(CNN) — El miércoles, Britney Spears le dijo a un juez que está «traumatizada» y «enojada» porque no puede tomar decisiones clave sobre su vida y pidió que se aboliera la tutela establecida por el tribunal.

Bajo la tutela, su padre, Jamie Spears, ha ejercido control sobre su vida personal desde 2013 (excepto durante un receso de 2019 debido a sus problemas de salud). También controló sus finanzas hasta febrero, cuando una empresa de gestión de patrimonio fue nombrada co-tutora de tales decisiones.

De todas las cosas preocupantes de esta situación, una de las más problemáticas es que sepamos todo sobre el tema.

El martes, The New York Times publicó detalles de registros judiciales confidenciales que muestran que Britney Spears se ha opuesto durante mucho tiempo a este acuerdo. Ella ha dicho que, en virtud de él, ha sido enviada a un centro de salud mental en contra de su voluntad, ha sido obligada a actuar con una fiebre de 40 grados, se le ha limitado con quién se le ha permitido salir e incluso se le ha impedido cambiar el color de sus gabinetes de cocina. En la audiencia, también dijo que le recetaron litio y la obligaron a seguir tomando anticonceptivos, así como a hacer giras y actuar en contra de su voluntad. Esta falta de autonomía es escalofriante.

Un abogado de su padre le dijo a People a principios de este año que «Britney sabe que su papá la ama, y que él estará allí para ella cuando y si ella lo necesita, como siempre lo ha hecho, con tutela o no»).

Un retrato de Britney Spears se cierne sobre simpatizantes y periodistas fuera de la audiencia judicial sobre la tutela de la cantante en el Palacio de Justicia de Stanley Mosk el miércoles 23 de junio en Los Ángeles.

Hay tantos elementos perturbadores aquí que es difícil decidir por dónde empezar a desempacarlos todos. Pero, primero, en el caso de los adultos, las tutelas se establecen cuando una persona no se considera competente para tomar decisiones que sirvan a sus propios intereses. Esto sugiere que Spears sigue padeciendo problemas graves. Por supuesto, sería difícil imaginarla sin luchar contra estos problemas, dada la forma en que creció siendo sexualizada por los medios y acosada por paparazzi.

Pero también hay razones para creer que la tutela ha sido demasiado controladora. Después de todo, durante el tiempo de este arreglo, Spears ha lanzado cuatro álbumes, incluidos dos que acumularon ventas de platino; se desempeñó como jueza en dos programas de televisión; y según se informa ganó US$ 138 millones por actuar en Las Vegas. Como señala NPR, «esos logros no se alinean exactamente con el perfil típico de alguien que no puede cuidarse a sí mismo».

Y, en noviembre, el abogado de Spears dijo que había dejado de trabajar y que no volverá a trabajar mientras su padre controle su carrera. Esto en sí mismo sugiere que la tutela no le está funcionando.

Pero podría decirse que hay algo aún más angustiante aquí: el hecho de que lo sepamos en primer lugar. La tutela en sí y el hecho de si sigue siendo o ha sido alguna vez el curso de acción adecuado aquí se centra en la salud mental y las finanzas de Spears. Estos son temas que ella, y todas las mujeres (y hombres), deberían tener derecho a mantener en privado. En Estados Unidos, el derecho a la privacidad en torno a estas preocupaciones es tan claro que la Ley de Libertad de Información exime específicamente que los registros médicos privados y la información financiera sean revelados por el Gobierno.

Los informes realizados por The New York Times y otros medios de comunicación no son ilegales, pero es difícil entender qué interés público tiene desenterrar detalles jugosos sobre la vida privada de una mujer.

Si bien Spears pidió que su testimonio se hiciera público, después de todo lo que ha soportado es comprensible que quiera tener la oportunidad de contar su versión de los hechos. Como dijo el miércoles: «Hacerme guardar esto durante tanto tiempo, no es bueno para mi corazón. Me preocupa que no se me permita ser escuchada. Tengo derecho a usar mi voz».

El mundo simplemente no tiene derecho a saber ninguna de estas cosas sobre Spears. Pero, por supuesto, al público y a los medios de comunicación les encanta obsesionarse y juzgar los detalles más íntimos de la vida de las mujeres a la vista del público. Como señaló Jill Filipovic (colaboradora de CNN Opinion) en su libro «The H-Spot: The Feminist Pursuit of Happiness», los hombres simplemente no enfrentan el mismo «escrutinio con lupa de joyero» sobre «cada una de las decisiones de su vida».

Ya que Spears es una artista, deberíamos juzgarla basándonos en su arte. El hecho de que cada fan, reportero y comentarista de los medios piense que es su derecho estar informado y opinar sobre los asuntos más personales de Spears es un tipo de intrusión desconcertante que no se siente tan diferente de la naturaleza de la tutela en sí.

Esta es la razón por la que incluso el documental publicado por The New York Times a principios de este año, que retrata la oposición de los activistas de #FreeBritney a la tutela y sugiere que los medios y la industria de la música cargan con gran parte de la culpa de muchos de los problemas de la estrella, fue tan angustioso. «No vi el documental, pero por lo que vi, me avergonzó la luz en la que me pusieron… Lloré durante dos semanas», escribió Spears en Instagram.

Ponte en el lugar de Spears. El hecho de que haya tenido que lidiar con un arreglo que ejerce un control tan vasto sobre tantos aspectos de su vida es lo suficientemente terrible. Tampoco debería tener que considerar cómo funcionará su declaración ante un juez en el tribunal de la opinión pública. Estos asuntos deben mantenerse confidenciales.

Lo que le está sucediendo a Spears también envía un mensaje inquietante a otras mujeres: que no podemos contar con la privacidad cuando nos relacionamos con el sistema legal. No es de extrañar, entonces, que otras mujeres a menudo no acudan a los tribunales en busca de ayuda cuando se enfrentan a sus propios problemas escalofriantes, desde la violación hasta el porno por venganza.

Nadie tiene derecho a indagar en la salud personal y los detalles económicos de la vida de las mujeres, incluso si están en el centro de la atención pública. Hoy en día, no es solo un juez quien debería analizar detenidamente a lo que se enfrenta Spears. Los fanáticos y los reporteros también deben pensar detenidamente sobre cómo tratan a las mujeres en el ojo público, para que en el futuro no descubran, como cantaba Spears, que lo hicieron de nuevo («did it again»).

Britney Spears

Nadie tiene derecho a indagar en la salud personal y los detalles económicos de la vida de las mujeres, incluso si están en el centro de la atención pública.
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