Hasta que la menstruación sea digna

Foto Bernal Fallas en Unsplash

Por: Majo Soto

“Menstruar en condiciones dignas no debería, pero es un privilegio”, así lo afirman Mujeres Madeni, asociación civil de Querétaro, conformada por Laura, Karina, Dulce y Verónica. Su misión es “promover el derecho a una salud sexual y menstrual digna para que todas las niñas, mujeres y personas menstruantes logren su autonomía corporal”. 

Como colectivo se instauraron desde el año 2016, promoviendo las alternativas ecológicas, sin embargo, en el camino se dieron cuenta de que el problema de la pobreza menstrual va mucho más allá.

 “Creo que todas empezamos a interesarnos [por la salud menstrual] cuando conocemos las alternativas ecológicas, como la copa menstrual, que incluso llegamos a romantizar. Pero, con el paso del tiempo, al formar redes, conocer y platicar con otras mujeres descubrimos el activismo menstrual y la importancia de visibilizar las desigualdades que existen entorno a la menstruación”. 

Estas desigualdades mencionadas por las activistas son lo que se conoce como pobreza menstrual

Pobreza menstrual: el privilegio que debería ser derecho

Con frecuencia, el término de pobreza menstrual es limitado a definirse como la falta de acceso a productos sanitarios (toallas, tampones, etc), también es ligado a la exigencia de que sean considerados como productos libres de IVA. Sin embargo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) incluye en su definición la falta de acceso a instalaciones, servicios y educación que contribuyan a una correcta higiene y salud menstrual. 

Acceso a productos y economía

“Reconocer que hay privilegios dentro de la menstruación es el primer paso para darnos cuenta de que algo está mal”. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social dice que 4 de cada 10 mujeres en México viven en situación de pobreza. También se calcula que cerca del 10 por ciento de la población no tiene servicios de agua ni acceso a sanitarios. 

Según la investigación hecha por Animal Político, una mujer que tiene su menarquía a los 13 años de edad y su menopausia a los 50 en promedio usará 13 mil 320 toallas femeninas durante todo su ciclo. Si suponemos que cada una posee un costo de 2 pesos, esto representaría un gasto total de 26 mil 400 pesos.

 Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en conjunto con ONU Mujeres expone que en Querétaro casi el 30 por ciento de la población femenina se encuentra en condiciones de pobreza. Estas cifras no solo evidencian el gasto que representan este tipo de productos y la desigualdad que genera, sino que también ayuda a comprender el por qué todavía hay muchas mujeres que continúan comprando toallas o tampones desechables, cuando las alternativas ecológicas se han puesto muy de moda.

“Una copa menstrual te cuesta alrededor de 600 pesos. La toalla te cuesta dos, claro que a la larga el gasto es mayor […], pero quizá dos pesos sí los puedes traer en el momento para ir y comprarte una toalla. Y tal vez vives al día y no puedes ahorrar para una copa”. 

Agregado a esto, las Mujeres Madeni invitan a reflexionar entorno al discurso que culpa del impacto ambiental a quienes usan productos desechables: “Es una problemática global, si bien como individuos podemos contribuir con acciones que generan impacto, no es nuestra responsabilidad sino de las empresas. […] se enriquecen con nuestros cuerpos, lo mínimo que deben darnos son productos de calidad y no dañinos”.

Educación para erradicar el tabú

Aunque la mayoría de las mujeres menstrúan y se sabe que es un proceso biológico natural del cuerpo humano, este tema sigue siendo tabú y no se cuentan con las herramientas necesarias para poder hablarlo. “Un día una niña empezó a decir que las mujeres llegamos a una edad en la que no podemos aguantarnos para orinar y que para eso estaban las toallas sanitarias. Y yo me superangustié, se lo conté a mi mamá y entonces ella con las herramientas y los conocimientos que tenía me explicó… que igual me conflictuó porque fue de “ahora es sangre, ya no es pipí” (Karina). 

Con regularidad, a las niñas se les enseña que es un tema que no se debe tocar, aprenden a sentir vergüenza, a sentirse sucias. “Yo escondía las toallas de mis hermanos y de mi papá. Cada que abría una lo hacía despacio para que no se escuchara la envoltura […] y era de cubrirla con mucho papel cuando la tiraba” (Dulce). 

“Mi uniforme de la escuela era un pantalón blanco, ya me había manchado una vez, así que me cuidaba mucho. Y lo que hacía era que cuando tenía la sensación de que la sangre iba a caer, apretaba. Apretaba hasta que podía ir al baño y ahí dejaba que cayera” (Verónica).

También es común que se les diga a las niñas que a partir de su primer periodo menstrual dejan la infancia y se convierten en mujeres. “A mí me bajó a los 8 años. Y para mí fue muy fuerte porque un día me fui a dormir siendo niña y al otro día ya era una mujer. […] al mismo tiempo, mi cuerpo se desarrolla y comienzo a sentirme sexualizada” (Laura). 

Para erradicar el tabú y estas creencias que afectan a la forma en cómo se percibe y se vive la menstruación, Mujeres Madeni centra la atención en la carencia de educación sexual integral, pues la educación menstrual es parte de ésta e indican que es necesario poder hablar de estos temas abierta e informadamente.

“Lo que pasa mucho es que les decimos a las niñas lo que va a suceder, pero no les sabemos explicar por qué pasa. Y explicarlo, además, con palabras que no estén llenas de prejuicios, de miedo, de una connotación negativa”. Agregan que es importante no limitar a que el periodo menstrual sólo significa que no hay un embarazo, sino ligarlo a una manifestación de salud física e incluso mental y emocional. 

También sucede que los doctores llegan a menospreciar el conocimiento de nuestros cuerpos. Sí, los doctores saben, claro. Pero yo tengo que conocer mi cuerpo, poder nombrar dónde me duele para saber qué me pasa […]. El poder saber qué es normal o qué no lo es, no quedarnos con la idea de que si tu periodo no encaja en los 28 días exactos ya eres anormal”. 

Gestión y activismo menstrual

Ante la problemática que representa la pobreza menstrual, Mujeres Madeni promueve el concepto de gestión menstrual, que definen como: 

“Son las herramientas y prácticas que utilizamos para la contención y el manejo de nuestra sangre menstrual (toallas desechables o de tela, tampones, copa menstrual, esponjas de mar, disco menstrual o la práctica del sangrado libre). Una gestión menstrual consciente debe ser una decisión informada y debe tener en cuenta las desigualdades sociales, las diferencias culturales y las desigualdades biológicas”. 

Su activismo se concentra en el estado de Querétaro y va desde impartir talleres, dar pláticas y conferencias o participar en colectas de productos menstruales, con el objetivo de facilitar el acceso de estos e informar y platicar con otras mujeres sobre la menstruación. 

“Somos muy cuidadosas en tomar en cuenta la diversidad de cuerpos, condiciones y contextos […] En informar sobre todas las prácticas y herramientas sin priorizar ni glorificar a ninguna […], porque tampoco se trata de romantizar. Está bien si no amas tu menstruación, no vamos a romantizarla, el objetivo es que sea digna”. 

Mujeres Madeni también es parte de la colectiva nacional Menstruación Digna México, cuya misión es erradicar la pobreza menstrual en el país por medio de cuatro ejes: quitar el IVA de los productos menstruales, entrega gratuita de los mismos, educación menstrual y la investigación. 

Como ellas mismas mencionan, la plática sobre la menstruación es algo reciente. Siguen habiendo tabúes y desigualdades, pero en los últimos años se han puesto sobre la mesa para que sean discutidos y, sobre todo, atendidos. “Antes no era posible que te sentaras con tu tía o con tu hermana a hablar de menstruación, esto apenas es un bebé”. Y por eso es necesario alimentarlo y procurarlo para que sea fuerte y crezca lo suficiente para que en un futuro no tan lejano la menstruación digna ya no sea una lucha, sino un derecho garantizado.