ANÁLISIS | El frenético fin de semana de Biden salva el acuerdo de infraestructura, pero lo deja sobre un hielo político más frágil

(CNN) — El hecho de que el preciado plan de infraestructura bipartidista de Joe Biden fue casi destruido por algunas de sus propias palabras mal elegidas destaca tanto la fragilidad del acuerdo como sus propias esperanzas de una presidencia productiva.

El extraordinario esfuerzo del fin de semana de Biden para caminar sobre sus propios pasos en su comentario del jueves, interpretado como una amenaza de vetar el proyecto de ley si no llegaba a su escritorio junto con un plan de gastos demócratas de varios billones de dólares, parece, por ahora, haber tenido éxito. Los senadores republicanos aceptaron públicamente que su comentario que vincula los dos proyectos de ley –»Si esto es lo único que me llega, no lo firmo»– fue un error. Pero el presidente aún dio a otros opositores republicanos una oportunidad para presentar las dos medidas como un engañoso doble paso.

El control de daños de Biden se sumó a la montaña de problemas para una presidencia nacida entre múltiples crisis, incluida la pandemia. El domingo, las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo ataques aéreos contra milicias respaldadas por Irán, en la frontera entre Iraq y Siria, acusadas por el Pentágono de amenazar las instalaciones y el personal de Estados Unidos en Iraq. El secretario de Estado, Antony Blinken, estaba en Europa construyendo el frente de Estados Unidos contra China. Y el salvaje mitin del sábado por la noche del expresidente Donald Trump en Ohio agregó combustible a las delirantes afirmaciones de fraude electoral que dominan el Partido Republicano y agudizó aún más las esperanzas de bipartidismo en Washington.

En cuanto al proyecto de ley de infraestructura, ahora mucho dependerá de si los republicanos que apoyan gastar más de US$ 1 billón en reparaciones de infraestructura también perciben una ventaja política en su continuo apoyo. No está claro si se necesitan 10 votos republicanos para salvar la medida sobre un obstruccionismo del Senado y enviarla a un destino incierto en la Cámara, donde los progresistas creen que es insuficiente.

Las vías paralelas de los dos proyectos de ley se suman a una fórmula complicada construida para obtener una mayoría de 60 votos en el Senado de 50-50 para infraestructura, al tiempo que ofrece un incentivo a aquellos demócratas que piensan que el acuerdo es demasiado pequeño.

Refleja el hecho de que el equilibrio político en Washington es demasiado estrecho para que Biden garantice la aprobación de grandes proyectos de ley. Se enfrenta a problemas de derecha entre los republicanos y los demócratas moderados en el Senado y de la izquierda de su propio partido, que tiene la capacidad de romper una estrecha mayoría en la Cámara de Representantes.

Aún así, el senador republicano Mitt Romney, de Utah, le dijo a Jake Tapper, de CNN –en «State of the Union», el domingo– que ahora creía que Biden firmaría la medida de infraestructura si solo aquella  atravesaba un complicado viaje por el Congreso.

«Confío en el presidente», dijo Romney, y se refirió a la declaración sumamente inusual que emitió Biden durante el fin de semana, que casi logró el apoyo de los senadores republicanos contra su «Plan de familias» demócrata.

Washington maniobrando

Por supuesto, aquí hay algunas cortinas de humo clásicas de Washington.

«No solo estoy firmando el proyecto de ley bipartidista y olvidándome del resto», es lo que Biden había dicho el jueves.

Pero a pesar de sus esfuerzos por retroceder, todos entienden que el presidente buscará aprobar un segundo proyecto de ley –la Casa Blanca ha mencionado una cifra de US$ 4 billones– que contiene gran parte del gasto social en «infraestructura humana», sacado del acuerdo más acotado para apaciguar a los republicanos.

Pero la ilusión de que no están vinculados es necesaria para proteger políticamente a los senadores republicanos que han dado la cara mientras Biden busca un acuerdo bipartidista que es fundamental para honrar un eje temático central de su administración: unir al país y no tratar a los oponentes como enemigos. El presidente privó casi inadvertidamente a sus socios republicanos de la negación que necesitan.

El posicionamiento también es necesario para cortejar a senadores demócratas moderados como, Joe Manchin, de Virginia Occidental, y Kyrsten Sinema, de Arizona, quienes ya están preocupados por el costo de un proyecto de ley complementario que algunos progresistas quieren que alcance los US$ 6 billones.

Varios otros senadores republicanos se unieron a Romney para dar fe de la sinceridad del presidente después de su esfuerzo del fin de semana.

«Fue una sorpresa, por decir lo menos, que esos dos estuvieran vinculados, y me alegro de que ahora se hayan desvinculado», dijo el senador de Ohio, Rob Portman, en ABC «This Week». Sin embargo, el senador de Louisiana, Bill Cassidy, fue menos categórico en «Meet the Press», de NBC, y dijo que «esperaba» que fuera suficiente que Biden se echara para atrás.

Un verano frenético se avecina en el Capitolio

El problema para el presidente es que los matices semánticos no pueden disfrazar el hecho de que no hay margen de error en un verano frenético mientras los demócratas intentan maximizar lo que podría ser una estrecha ventana de poder.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ya insiste en que si no hay un nuevo proyecto de ley de gastos demócratas, «no» habrá un proyecto de ley de infraestructura. Sus comentarios reforzaron la impresión de que Biden estaba diciendo la verdad a los demócratas liberales al unir las dos medidas.

El episodio en el que el proyecto de ley de infraestructura parecía estar al borde de la destrucción fue tanto más sorprendente dado que el autor del desastre amenazado no era otro que el presidente, una voz solitaria a favor del bipartidismo que pasó meses tratando de construir una coalición que muchos creen que es inviable.

Así, el sentimiento de celebración por un raro acuerdo entre dos partes, que han migrado a polos cada vez más radicales, duró solo unas horas.

El comentario alarmó a los republicanos que pasaron días hablando con la Casa Blanca y los demócratas sobre un acuerdo de infraestructura que cubre carreteras y puentes, viajes en tren, energía limpia y reemplazo de tuberías de agua de plomo en escuelas y casas. Quedaron expuestos a reclamos de la derecha de que estaban accediendo a un plan demócrata «socialista» masivo para aumentar los impuestos.

La situación fue especialmente molesta ya que el presidente estaba usando palabras como «confianza» y «amigos» para referirse a sus compañeros negociadores y celebró una sesión fotográfica conjunta con ellos fuera del ala oeste de la Casa Blanca el jueves.

Además de dar a conocer su declaración el sábado, el presidente llamó a los senadores del grupo para reparar los daños. Es un testimonio de su sinceridad en la búsqueda de soluciones bipartidistas que muchos de ellos estén dispuestos a darle otra oportunidad.

Pero el grupo enfrentará un campo de fuerza de presión de los medios conservadores y activistas que quisieran privar a Biden de una victoria y la aprobación de los votantes si mantiene su promesa de trabajar con el otro lado.

El líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, quien está muy motivado por un esfuerzo por recuperar el Senado para su partido, el próximo año, rápidamente utilizó el comentario de Biden para retratar al presidente como rehén de los demócratas de izquierda. Tal estrategia puede permitirle descarrilar el paquete de infraestructura dentro de su propia conferencia si cree que no es políticamente ventajoso, mientras culpa a los demócratas.

Cualquier proyecto de ley que haga el tortuoso paso por un Congreso dividido necesita suerte y vivirá momentos cercanos a la muerte. Cuanto más espera una medida para ser aprobada, más erosionan sus posibilidades las divisiones inherentes en Washington y los incentivos políticos externos. Entonces, este puede ser solo el primer momento existencial para el proyecto de infraestructura.

Biden también tiene trabajo por delante con los demócratas

En este caso, la confianza no es solo una suma entre Biden y los republicanos. Una consecuencia de esta diferencia puede ser que tiene que haber una mayor separación entre el proyecto de ley de gastos demócratas y el paquete de infraestructura bipartidista de lo que les gustaría a los líderes del partido en el Capitolio.

Eso requerirá que los demócratas progresistas, quienes advirtieron que no votarán por infraestructura sin billones en nuevos gastos, desarrollen su propia fe en la capacidad de un presidente más moderado para promulgar un proyecto de ley que ven como un pago vital para su trifecta de poder en la Cámara de Representantes, el Senado y la Casa Blanca.

La representante por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, una de las progresistas más visibles en la Cámara de Representantes, ofreció a Biden algo de cobertura el domingo, aunque algunos podrían leer un indicio de presión política en sus comentarios.

«Creo que es muy importante que el presidente sepa que… la bancada demócrata está aquí para asegurarse de que no fracase, y nosotros estamos aquí para asegurarnos de que él tenga éxito en asegurarse de que tengamos un plan de infraestructura más grande», dijo Ocasio-Cortez en» Meet the Press». También ofreció un pequeño margen de maniobra en el tamaño del paquete que Biden espera usar para asegurar el gasto en artículos como atención médica domiciliaria para estadounidenses enfermos y ancianos.

Si bien el senador de Vermont, Bernie Sanders, presidente de la Comisión de Presupuesto del Senado, presentó una oferta de apertura por alrededor de US$ 6 billones, Ocasio-Cortez dijo que la cifra exacta en dólares no era el problema. «Aunque creo que hay un nivel en el que vamos demasiado pequeño», dijo.

También hubo señales de flexibilidad el domingo por parte de Manchin, quien se negó a vincular los dos proyectos de ley cuando concluyeron las conversaciones sobre infraestructura. El congresista de Virginia Occidental, sin el cual los demócratas no pueden aprobar nada en el Senado, señaló la apertura a algunos aumentos de impuestos corporativos y de ganancias de capital.

Un fin de semana frenético subrayó cómo a pesar de las celebraciones por un raro acuerdo bipartidista en la Casa Blanca, la semana pasada, el destino de la agenda interna de Biden sigue siendo vulnerable.

Su asesor principal, Cedric Richmond, insistió, sin embargo, en «State of the Union» en que «la gente ha subestimado al presidente Biden desde el primer día».

«Aprobamos el Plan de Rescate. Vamos a aprobar el Plan de Empleo y el Plan de Familias Estadounidenses».

Joe Biden

Un fin de semana frenético subrayó cómo a pesar de las celebraciones por un raro acuerdo bipartidista en la Casa Blanca, la semana pasada, el destino de la agenda interna de Biden sigue siendo vulnerable.
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