La frontera del miedo

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

Con profundo impacto y conmoción me enteré de los lamentables hechos registrados el pasado 19 de junio en la ciudad de Reynosa, donde integrantes de un grupo armado atacaron a civiles inocentes dejando un saldo preliminar de 15 muertos.

Residí en la frontera tamaulipeca entre 2007 y 2013, realizando actividades periodísticas, que alterné con la academia y el servicio público. Un periodo de tiempo que considero de un gran aprendizaje sobre la realidad que vive nuestro país.

Es muy fácil estereotipar a las distintas regiones de México y a sus habitantes. Y es importante decirlo: a pesar de la ominosa presencia y control ejercido por grupos del crimen organizado, en las distintas ciudades de la frontera tamaulipeca existen miles de mexicanas y mexicanos valiosos y valientes que realizan importantes tareas en la industria, la ciencia, las artes, los negocios y el deporte, entre otros rubros y disciplinas.

“¿No te da miedo ser periodista en Tamaulipas?”, era la reiterada pregunta de amigos y familiares en esos difíciles años. Me tocó desempeñarme laboralmente en esa región del país durante la transición de las administraciones de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto. Y durante ese periodo de tiempo pude entender que para la delincuencia organizada el gobierno y los partidos políticos son algo así como un mal necesario. Se pueden aprovechar de ellos para el beneficio de sus respectivas organizaciones; les interesa aprovechar las relaciones, la protección y las oportunidades de negocio que la clase política ofrece; pero también representa la obligación de conciliar intereses que no siempre concuerdan con sus formas.

Los políticos reclaman la atención del ojo público, mientras que los capos prefieren el bajo perfil. Invierten importantes recursos para mantener una estructura de vigilancia y control que permitan hacer su presencia casi indetectable. O mejor dicho,  que a pesar de que dicha presencia resulte casi obvia, sea prácticamente imposible para la comunidad eludir su control.

En ciudades como Reynosa o Matamoros, son incontables los puntos de control o “halconeo” establecidos por las bandas criminales. Humildes vendedores ambulantes, empleados de gasolineras y hasta jornaleros agrícolas son reclutados por los cárteles para su red de vigilancia y reportan cualquier movimiento sospechoso a través de radios móviles o celulares.  

Recuerdo que en alguna ocasión, con motivo de la cobertura de un evento masivo en el Auditorio Mundo Nuevo, al sur de Matamoros, al conectar un equipo de internet móvil el escáner detectaba decenas de señales abiertas, probablemente correspondientes a teléfonos celulares, con todo tipo de curiosos nombres asignados: “PuroCDG” (Cártel del Golfo), “JefeOsiel”, “ElMataZetas” y así por el estilo. Y a simple vista, entre el público asistente no se detectaba ninguna actividad fuera de lugar. 

Aunque por motivos de seguridad personal no se denuncia, la propia población civil identifica con claridad puntos de riesgo. Para quienes tienen la necesidad de viajar por carretera, es bastante conocido el radio de influencia de cada grupo. Por ejemplo, en un tramo de Matamoros a Nuevo Laredo, los viajantes locales saben que de Matamoros a Río Bravo se transita por territorio del Cártel del Golfo; de Reynosa hasta  Miguel Alemán es territorio de “Los Metros” y que de Ciudad Mier hasta Nuevo Laredo es territorio del llamado Cártel del Noreste; grupos rivales entre sí, pero que desde hace décadas han enfrentado el asedio de otras organizaciones (El Cártel de Sinaloa, Tijuana, los Zetas después de su ruptura con el CDG) que han buscado controlar dicha franja, por la importancia que tiene en actividades como el contrabando de armas y droga, así como el tráfico de migrantes.

Debido a la permanente tensión que persiste entre los grupos antagónicos, es posible advertir que un ataque como el del 19 de junio en Reynosa no pudo haberse perpetrado sin la complicidad de distintos niveles de autoridad. Sobre todo porque, debido a su estratégica ubicación e importancia geopolítica, dicha ciudad es sin duda alguna una de las más importantes y vigiladas de la entidad tamaulipeca. Sólo para dar referencia y contexto, hay que considerar que Reynosa cuenta con cinco puentes internacionales que la conectan con el sur de Texas, y un aeropuerto y sus correspondientes secciones aduanales (ahora operadas por el Ejército); es cabecera de zona militar y cuenta además con importantes instalaciones de Petróleos Mexicanos, permanentemente vigiladas por la Guardia Nacional.

Son prácticamente incontables las historias de encuentros o incidentes no deseados entre los ciudadanos y los miembros del crimen organizado en esa zona del país; muchas de ellas con finales lamentables. Particularmente recuerdo un caso, comentado personalmente por el profesor Óscar Aldape Olvera, quien fuera presidente de la Asociación de Cronistas Deportivos de Matamoros, hasta su fallecimiento en 2013.

Aproximadamente un año antes de su deceso, el docente y periodista vivió meses de calvario intentando esclarecer el paradero de uno de sus hermanos que, por motivos de trabajo tuvo que efectuar un viaje por carretera a Nuevo Laredo, junto con un compañero de oficina.

Ambos viajeros trabajaban para una empresa maquiladora del sector de autopartes. Viajeros frecuentes por la frontera y residentes de Matamoros, ambos sabían muy bien los protocolos de seguridad que debían cumplir para su traslado: viajar sólo de día, permanecer en su destino el tiempo estrictamente necesario, viajar en un vehículo de la empresa, de preferencia rotulado y portar gafetes bien visibles al frente. Además de ello, viajar sin más dinero que el necesario, de preferencia manejar tarjetas y sólo un poco de efectivo y llevar un teléfono celular extra, en caso de alguna emergencia.

Todas esas precauciones finalmente no sirvieron; los viajeros fueron reportados como desaparecidos un par de días después de su partida, cuando la compañía para la que trabajaban confirmó que no se reportaron en su destino.

Con gran consternación el profesor Aldape nos narró las innumerables pesquisas que tuvieron que desarrollar, enfrentar la indiferencia y la desconfianza de autoridades policiacas y militares a las que se acudió en busca de ayuda; todas ellas cuestionando la veracidad de la historia o incluso la probidad de las víctimas, aseverando que alguno de los desaparecidos podría haber estado involucrado con la delincuencia como si eso fuese una justificación. “Ya sabe cómo se las gasta la maña, profesor”.

Tras mes y medio de investigaciones, realizadas más por parte de los familiares que por las autoridades, se pudo saber que la señal de sus celulares se perdió en algún punto entre los municipios de Mier y Ciudad Guerrero. El vehículo de la empresa fue localizado un par de meses después, totalmente desvalijado pero sin rastros aparentes de un accidente o ataque con armas de fuego. Se trató de uno de los cientos de casos que cada año se reportan en la frontera chica, donde los secuestros, levantones o desaparición forzada de personas ya forman parte del doloroso paisaje cotidiano.

A pesar de los años y las proporciones, la dolorosa anécdota del profesor Óscar Aldape y el reciente ataque a civiles en Reynosa guardan una similitud: exhiben la inoperancia de un sistema de seguridad y justicia que tiene a los ciudadanos en el total desamparo. La narrativa oficial reduce los hechos a términos nebulosos como “conflicto entre grupos rivales” o acciones perpetradas “para calentar la plaza”, cuando es evidente que en el día a día, los tres niveles de gobierno han perdido control territorial contra la delincuencia, no sólo en la frontera, sino en todo México.

Es evidente que los gobiernos de los estados y la Federación seguirán en su grosero e indolente juego de echarse entre sí la culpa por las fallas, complicidades u omisiones que permiten que este tipo de masacres.

Pero la peor parte la llevan, como siempre, los ciudadanos, quienes terminan pagando con sangre el costo de la falta de estrategia y nula coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Una vez más, los ciudadanos se encuentran solos y abandonados a su suerte.

Grave. Gravísimo.

Twitter: @miguelisidro

Nota del Columnista: Como una muestra de respeto a las víctimas de los episodios comentados, en ésta entrega no incluiremos selección musical. Gracias por su comprensión.


miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....