La misión de papá

Foto Clarissa Watson en Unsplash

POR: MARTHA MORGADO

Era un jueves tranquilo, ya tenían todo listo para el día siguiente, la misa de acción de gracias era a las 9 de la mañana, pues la hijita de Gabriel salía del kínder. De último momento, Natalia recordó que había que recoger de la tintorería su vestido, lo había olvidado por completo, llamó a Gabriel para decirle que pasara por él, le mandó al celular una foto de la nota ya pagada.

Afortunadamente era temprano y él pudo recoger el vestido sin problema, aprovechando el viaje también iba a comprarse algunas cosas que necesitaba: crema para rasurarse, rastrillos desechables, recordó que ya no había filtros para la cafetera, también compró un paquete de lechitas de chocolate para la niña. La lista se iba haciendo cada vez más grande, de repente Natalia lo volvió a llamar, solo para asegurarse de que sí había pasado a la tintorería; antes de terminar la llamada le encargó una última compra, enseguida él se puso a buscar lo que le pidieron: un mono blanco.

Por más que buscaba no encontraba nada, lo que había por montones eran osos, gatos y perros; en menor medida elefantes, jirafas y leones. Cuando por fin encontró peluches de monos, solo había negros, café y beige; pero no blancos. Recorrió jugueterías, papelerías y algunas tienditas de regalos, pero no hallaba lo que necesitaba. Cuando estaba a punto de darse por vencido encontró un mono blanco, no era muy grande, pero tenía una sonrisita agradable, un tanto tierna, le pareció que a su hija le gustaría mucho el regalo, aunque no entendía por qué tenía que ser blanco y no de otro color.

Cuando Gabriel llegó a su casa guardó el peluche en su closet para que la niña no lo viera, lo había puesto detrás de sus camisetas. Por la noche, Natalia le preguntó dónde lo había puesto, Gabriel le contestó que lo había escondido detrás de sus camisetas, ella se extrañó al escuchar eso, pero igual lo fue a buscar, después de un rato ella volvió.

-No lo encuentro, ¿dónde dices que lo pusiste?, preguntó Natalia.

-En el closet, detrás de mis camisetas, ahí puse la bolsa para que la niña no lo vea, respondió él.

-Ya busqué y lo único que hay en la bolsa es un peluche, dijo ella.

-Pues por eso, me pediste que le comprara a la niña un mono blanco, contestó Gabriel.

En ese momento Natalia se empezó a reír y él no entendía por qué. Cuando por fin ella pudo hablar le dijo:

-Te pedí que le compraras a la niña un moño… ¡UN MOÑO BLANCO!