OPINIÓN | Adiós a Delia Fiallo, la escritora cubana cuyas ficciones le dieron la vuelta al mundo

Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor, periodista y colaborador de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas.

(CNN Español) — Delia Fiallo murió una semana antes de cumplir los 97 años, rodeada de su familia en Coral Gables, en el condado de Miami-Dade. Nació el 4 de julio de 1924 en La Habana, en el seno de una familia de clase media-alta (el padre era médico), pero se sentía pinareña, dado que vivió una gran parte de su infancia en Los Palacios, un hermoso pueblo de Pinar de Río, al este de La Habana.

Estuvo lúcida y comprometida con la vida hasta pocos días antes de morir, según relató la actriz Lupita Ferrer. Fue la escritora cubana que más éxito ha tenido en toda la historia de la literatura de la isla. Millones de televidentes seguían sus ficciones en cientos de mercados del globo terráqueo. En un sector ávido de buenos guiones, adaptaban sus textos a realidades muy diferentes en Japón, Corea del Sur y Argentina. Finalizó 43 telenovelas, entre ellas: Lucecita, Esmeralda, Kassandra –su éxito internacional más sonado-, Guadalupe, Marielena, Leonela y Cristal, su última telenovela.

En una entrevista que le hizo Jaime Bayly, Delia Fiallo contó cómo había conocido a Bernardo Pascual, su segundo y definitivo esposo, y padre de sus cuatro hijos. Estaba infelizmente casada con su primer marido, con quien había tenido una hija. Pascual, un alto ejecutivo de la TV, quería hacer series de televisión, pero el inconveniente que existía era no saber si el público estaba dispuesto a esperar una semana para ver otro capítulo de la misma historia. La radio permitía transmitir “al día siguiente”, pero eso era imposible en la tele. Delia suponía que Bernardo Pascual, también casado, era “un anciano gordo con pelos saliéndole de las orejas”, pero no fue así: “Es el hombre más bello». Surgió el flechazo y desde entonces estuvieron juntos. Pascual murió hace poco más de dos años, tras 67 primaveras felizmente casado con Delia.

Los títulos de muchas de sus telenovelas dan la medida del género. Son novelas escritas desde la perspectiva de una mujer, esencialmente para mujeres, aunque muchos hombres quedaran “enganchados” en la trama. Como le dijo a Camilo Egaña en una memorable entrevista que le hizo para CNN en Español, Delia utilizaba “emociones”, más que anécdotas, y estas se mantienen invariables desde el comienzo de los tiempos. «Las emociones de los seres humanos son iguales», le vino a decir.

Esas telenovelas, basadas en las peripecias de una protagonista central a la que le suceden muchas cosas negativas, generalmente contrarias a sus amores “imposibles” (que luego se materializan) eran los mimbres con que se tejía la trama que invariablemente funciona con los espectadores.

Delia Fiallo era una mujer muy culta, doctora en Filosofía y Letras graduada de la Universidad de La Habana en 1948, Premio Hernández Catá de cuentos cortos. Intuitivamente había descubierto la estructura de casi todas las narraciones exitosas: protagonistas jóvenes y buenos, generalmente bellos, a quienes les ocurren cosas terribles que obstaculizan sus relaciones afectivas. Al cabo y tras grandes luchas, logran vencer los inconvenientes y el amor se impone.

¿Por qué “jóvenes y bellos”? Porque habían nacido con y junto a la televisión. Delia Fiallo comenzó a escribir para la televisión en 1957. Decía Joaquín Blaya, el hombre que llevó la televisión en español a la cumbre en Estados Unidos (dirigió las dos grandes cadenas, Univision y Telemundo), decía algo como que la televisión era una actividad de personas agraciadas. Tenía razón.

En 1952, Fulgencio Batista había dado un golpe de Estado en Cuba, acto violento que interrumpió el hilo constitucional en la isla, con el cual Delia no estuvo de acuerdo. Entre sus compañeros de trabajo y sus amigos estaban Enrique Rodríguez Loeche y José Luis (Luisito) Gómez Wangüemert, hijo de un periodista notable hispano-cubano. José Luis murió tratando de ajusticiar al dictador Batista, el 13 de marzo de 1957, en el hecho conocido como el “ataque a Palacio”. Murieron 30 atacantes, entre ellos Carlos Gutiérrez Menoyo, el jefe militar del ataque y José Antonio Echeverría, el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Fue la primera época de la rebelión de Delia Fiallo. ¿Cómo se rebeló la escritora? Pues defendiendo la libertad en sus telenovelas. Fue la era de Soraya: una flor en la tormenta, una india durante la toma de La Habana por los ingleses, en 1762. Se trataba de una radionovela que Delia había adaptado a la televisión en 1957. El “truco” que enardecía a los cubanos de mediados del siglo XX fue inútil contra la dictadura comunista.

En 1962, tres años después de instaurada la revolución, Fiallo escribió un texto contra la opresión colonial de los argelinos a manos de los franceses que tenía una lectura cubana. Le prohibieron pensar con su cabeza. Tampoco podía emigrar de Cuba.

Finalmente, logró salir con su familia rumbo a Estados Unidos el 23 de diciembre de 1966, por los “vuelos de la libertad” decretados por Lyndon B. Johnson. Su excompañero de estudios Enrique Cuscó dirigía Venevisión en esa época. Le ofreció comprarle una telenovela. Pronto estrenaron Esmeralda con éxito total. Los venezolanos se estremecieron con las peripecias de una protagonista ciega. A partir de ese punto, no todo fue «coser y cantar», pero casi. Delia Fiallo logró vivir muy bien de su talento.

Delia Fiallo

Delia utilizaba “emociones”, más que anécdotas, y estas se mantienen invariables desde el comienzo de los tiempos. «Las emociones de los seres humanos son iguales», le vino a decir.
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