El derecho a un trato digno y respetuoso

Foto: Leon Seibert en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / ADRIÁN LOBO

De un tiempo para acá el trato digno y humanizado ha ido cobrando mayor importancia en la atención a la salud en todo el mundo. Acciones tales como llamar o referirse a un paciente por su nombre en vez de por el número de la cama que ocupa, el derecho a la información, obtener el consentimiento del paciente antes de realizar procedimientos  riesgosos, etc, son solo algunas de las prácticas que cada vez más son una norma por todas partes.

En México actualmente se incluye el derecho a un trato digno y respetuoso en la Carta de los Derechos Generales de los pacientes.

Pero en la relación médico – paciente no están involucrados solamente dos. Como en casi cualquier otra hay involucrados terceras, quizá a veces hasta cuartas, personas que, nos guste o no, algo tienen que decir. 

Estoy casi seguro que la enfermedad de una persona afecta también en cierta medida a sus familiares más cercanos. A ellos también les duele, tienen una opinión —acertada o no—, tienen expectativas —fundadas o no— y la evolución sea positiva o negativa de su familiar también tiene repercusiones en ellos. Para mí todo esto sólo significa una cosa: Ellos también requieren atención.

Yo propondría algunos cambios en la forma en que funciona el hospital, para esta finalidad. Como finalmente creo que he empezado a entender algo de esa palabrería de «forma y fondo», empezaría por un cambio de nombre al área de «Trabajo social». Yo le pondría «Servicios sociales». Y luego replantearía sus funciones de manera tal que dieran un mayor acompañamiento y asistencia a los familiares. 

No conozco a fondo el funcionamiento de Trabajo Social en el hospital pero sí es obvio que están en contacto con los familiares, son los encargados de otorgar los pases de visita, algo tienen que ver en las altas y todo eso, pero para mi gusto todo eso son prácticamente funciones administrativas y a veces se necesita adicionalmente otro tipo de trabajo relacionado con los familiares porque a ellos también debemos dispensar un trato digno y humanizado. Y no solamente cuando sus pacientes están hospitalizados, sino también cuando ocurre un fallecimiento, aún mucho antes, en el proceso de admisión y cuando el paciente está en Valoración Crítica.

Episodios lamentables ocurren en situaciones muy especiales que considero no deberían suceder así, son ocasiones en que fallamos miserablemente en dar un trato digno tanto a pacientes como a sus familiares. Incluso creo que nos fallamos a nosotros mismos como profesionales de la salud. Debería darnos vergüenza.

En una ocasión en el servicio de Urgencias Adultos ingresó una paciente en estado bastante delicado. Tanto que lamentablemente falleció a los pocos minutos después de haber sido admitida. Lamentable fue también lo que ocurrió después: Los médicos comunicaron a los familiares las malas noticias y a continuación prácticamente los corrieron del lugar. Argumentando que era lo mejor, un médico les sugirió que se llevaran a su paciente fallecida a su casa. Les dijo que incluso por una simple cuestión de costos era lo más recomendable. Yo no lo podía creer. Me pareció totalmente inadecuado porque tengo la idea de que la verdadera razón para sugerir ese proceder fue simple comodidad y pereza, creo que para el personal del hospital involucrado lo más fácil y conveniente era simplemente dejarle el problema a alguien más, de lo contrario significaba tal vez un poco más de trabajo, lo que algunos al parecer no están dispuestos a asumir.

La verdad es que a veces no es tan fácil ser admitido en el hospital: si según el criterio del médico de guardia en Valoración Crítica estás demasiado mal, probablemente no te admitirán y si estás demasiado bien tampoco. Eso es comprensible en cierta medida porque no deja de ser una gran responsabilidad recibir a un paciente en estado grave y es complicarse innecesariamente admitir a alguien que en realidad saldría adelante con algunos cuidados mínimos. 

Eso frecuentemente ocasiona molestias entre los elementos de grupos de rescate que llevan pacientes porque para ellos puede significar perder mucho tiempo, ellos simplemente están ahí, esperando, mientras el paciente es evaluado y seguramente es frustrante que después de una hora y media, o más, resulte que deben llevárselo a otro sitio. Tampoco es del agrado de compañeros de traslados de otras unidades de salud, pero la verdad es que muchas veces parece que allá simplemente no quieren atender a nadie de nada. Incluso las autoridades del hospital se vieron obligadas a publicar un oficio exhortando a aquellos a «ser más resolutivos».

En otra ocasión, otra paciente también en malas condiciones se recibió en el cubículo de Trauma y choque. ¿Notaron que dije «cubículo»? Es otro punto en el que debemos mejorar. «Trauma y choque» es un espacio diminuto, apenas un cuartito donde con dificultad se puede acomodar una camilla, no creo que alguien pueda decir honestamente que en ese lugar se puede dar una buena atención a un paciente en estado crítico. 

En fin, el punto es que la paciente murió. Y otra vez los médicos pidieron a sus familiares que se llevaran a su familiar fallecida a su casa. La habían traído en un auto compacto, ayudé a esas personas a subir a la difunta en el asiento trasero y fue terrible. Todos estaban llorando y lamentándose, tardamos un poco en hacerlo porque para ellos, lógicamente, concentrarse en lo que había que hacer resultaba sumamente difícil. La verdad es que no quise apresurarlos y por el contrario intenté ser comprensivo, ya bastante mal la estaban pasando con la muerte de su matriarca y con salir corridos del hospital de tan mala manera.

La señora no cabía acostada y como obviamente no se podía sostener por sí misma la tuvimos que colocar semisentada. Fue necesario que alguien se colocara detrás para sostenerla y evitar que rodara al piso del auto con el ajetreo del viaje. Habría querido hacer algo más por esas personas, pero sólo pude torpemente decirles «Lo siento mucho». En ningún momento vi a nadie de Trabajo Social apoyando a los deudos.

Qué diferente habría sido en ambos casos comentados si aquél ideal llamado «Servicios Sociales» hubiese intervenido, dictaminando primero que esa no es manera de tratar a uno de nuestros pacientes y a sus familiares y haciendo después los arreglos para proceder como es normal: trasladar al difunto al mortuorio y dar todas las facilidades relativas a los trámites y papeleo para que los familiares pudieran actuar según les pareciera lo más adecuado.

Algo así sería incluso hasta conveniente para los médicos adscritos y las jefas de servicio porque el procedimiento normal sería entonces informar inmediatamente, al ocurrir un deceso, a los compañeros de Servicios Sociales para que ellos se encargaran de todo lo conducente ya que a aquellos parece resultarles tan molesto. Los médicos deberían tener prohibido hacer eso, echar a los pacientes así. Una vez que un paciente muere a ellos sólo les queda extender el certificado de defunción y firmarlo, debería corresponder a otros determinar la mejor forma de actuar en cada caso, con respecto a la atención más adecuada, teniendo como guía solamente el respeto a la dignidad del fallecido y su familia.

Creo que debería ser así cuando el paciente ya ha sido admitido, un caso distinto aunque no menos incómodo es cuando al arribar al hospital el fallecimiento ya ha ocurrido. De ser así ya no tiene sentido recibir al paciente en un área de hospitalización, lo cual no significa que lo más adecuado sea simplemente decirles a los encargados del traslado que regresen por donde vinieron. En una situación así deberíamos ser capaces de ofrecer a los familiares depositar el cadáver en el mortuorio en tanto se hacen los arreglos pertinentes para que posteriormente sea recogido por ellos de la manera que consideren más apropiada.

Adrián Lobo. adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199

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