El taco

Foto Jeswin Thomas en Unsplash

Por Jorge Luis Terreros Sánchez

Si de comer se trata, en México un vaso con agua y “un taco no se le niega a nadie” decía mi abuelita Chela.  Y es que al taco te acostumbras, te acomodas, te acongojas (si tienes un estómago sensible), te acomplejas (si no disfrutas de la comida mexicana) y te acompaña en los mejores momentos familiares.

El taco es una de las mejores ejecuciones del minimalismo. Una fórmula sencilla: tortilla que sostiene al alimento de tu preferencia y salsa. No por sencilla la fórmula deja de ser efectiva y un recurso muy utilizado en la gastronomía mexicana y mundial. Hay una variedad de texturas, sabores, olores y colores que se juntan para darle vida, es una experiencia que, sin duda, hay que vivir para contar. El Taco, de México para el mundo. 

Tortilla, la base de todo…

Al taco te acostumbras.  La cocina de las abuelas tiene un misticismo especial: el amor es el ingrediente principal, el sazón lo aporta la experiencia y lo mágico se mira en el ritual completo de “echar taco” o “armar la taquiza” en familia.

Conforme creces, te das cuenta que la familia que eliges son tus amigos. Es común que las reuniones tengan un objetivo: la comilona. El acto de compartir la mesa y disfrutar de los alimentos con los seres queridos, aunque pudiera ser un acto rutinario, es una costumbre que hoy más que nunca se valora.

Además de literal y figurativamente ser el soporte del taco, las tortillas que se ponen al centro de la mesa de la convivencia con los seres queridos son quienes le dan sentido a este acto social. Hay quienes son sencillos y utilizan una sola para construir su taco y otros, con más experiencia, utilizan dos (original y copia)  para evitar la menor pérdida de comida que abraza la tortilla y, por supuesto, llenarse más.

El taco puede aliviar un mal rato, o bien el festejo de un logro; también, suele ser el pretexto ideal para una cita amorosa o festejar algún logro. Como dice mi papá: nadie está triste después de “media hora de tacos”.

El contenido preferido…

Al taco te acomodas. El taco es lujo, salvación y travesura.  El contenido de este se acopla a la situación económica del momento, hay veces que puedes comer un taco con carne -como originalmente se concibe- y otras ocasiones en las que la carne es sustituida por otro alimento con menor costo en el mercado o más saludable. Desde un taco caro con carne selecta -que nada tiene que ver el precio con el sabor-, pasando por un taco placero tentempié de chicharrón o frijoles para aguantar la chamba, hasta un taquito de sal cuando de niño vas por  las tortillas.

Mientras algo sea capaz de comerse y sostenerse por una tortilla se convierte en taco. De ahí a que sea un “buen taco” ya es otro cantar, es salsa para otra taquería y el gusto se rompe en la primera mordida…  

El taco no se preocupa por discusiones humanas como  clases sociales, gustos, preferencias, ideologías  o intereses; existe para crear un momento de armonía en este mundo cada vez más hostil, extremista y polarizado, ya que nadie -seas quien seas, lo que representes o creas querida lectora o lector-  le pone un pero a un buen taco.

Si bien es cierto que el taco puede formar parte de la comida en cualquier momento del día, hay ciertos tipos de taco que se antojan y acostumbran a un horario específico:

Los tacos de canasta, de guisado, de carnitas, birria o barbacoa son consumidos para el desayuno; por otro lado, otros más secos como cuando se “arma la carnita asada” y hay variedad dependiendo la zona del país donde los protagonistas son el bistec, cortes de carne y algún complemento; mientras que los tacos nocturnos por excelencia son de suadero, pastor, longaniza, tripa, cabeza  y  campechanos que puedes encontrar en los habituales puestos esquineros de lámina (con garantía de sabor) o en los afamados locales de tu ciudad. Esto no es una regla, hay muchas excepciones y salvedades a la hora de consumir y elegir el contenido preferido. Al taco no lo eliges, el taco te elige.

Salsa y verdura, el complemento necesario…

Al taco te acomplejas. Depende de la capacidad estomacal y los hábitos alimenticios personales será la cantidad de salsa que le pongas a tus tacos.

En cuanto a la salsa se refiere, ¿Será un adorno, un valor estético visual o un complemento? Por el valor conciliador que el taco le aporta al mundo, a la salsa y verdura se le considera un complemento necesario que adorna y proporciona un valor estético visual que lo hace antojadizo para cualquier paladar. Por lo regular, los colores más recurrentes son el verde y el rojo, mismos que se representan en la bandera mexicana.

El tipo de chile y verduras que se mezclan para dotar de color a la salsa es decidido por  cada una de las personas encargadas de ser el verdugo de las personas con gastritis o de recibir el elogio de los amantes del chile: los salseros.

Se podría decir que es, también,  un mal necesario, así como una relación amorosa fallida: te hace gozar, disfrutar, pero también llorar.  Todo depende de la forma y cantidad que se sirve cada persona.

El taco te acompaña. Además del carácter colectivo que se logra al compartir la comida, hay un nivel individual donde funge como acompañante en instancias personales o cuando no hay compañía en la mesa; tiene la capacidad de abrazarte de sabor y cambiarte los ánimos en momentos difíciles: las penas con tacos son buenas.   

El taco en lo popular…

Una expresión popular que se escucha a diario es “no le eches mucha salsa a tus tacos”, dependiendo la entonación y la intención puede ser una llamada de atención, una burla o una advertencia que tiene que ver con el comportamiento del otro en algún contexto específico. Así mismo, cuando a alguien se le señala por “darse su taco” es por una cuestión de privacidad, respeto o superioridad moral. También, es del dominio público saber que “en la forma de agarrar el taco se reconoce al que es tragón”, tomando en cuenta su aspecto físico y conducta en torno a una actividad.

El taco no es una simple receta con una fórmula sencilla, es capaz de guiarte para que encuentres  recuerdos de personas, momentos, lugares y situaciones que marcaron tu vida. Más allá de los colores, olores y sabores que enrollan al taco, es una experiencia gastronómica de México para el mundo.

El valor gastronómico complementa a la aportación identitaria cultural y social.

Esa experiencia que hay detrás del proceso (antes,durante y después del taco) provoca emotividad colectiva e individual y  le da sentido a reuniones y expresiones hacia los seres queridos.

¡Todo gracias al bendito y, a veces, mentado Taco!

¡Provechito lectoras y lectores! 


Persona y personaje. Comunicador-comunicólogo por convicción; un ser humano entusiasta de temas de carácter colectivo, interesado en causas sociales, gustoso de escribir para contar historias en distintos formatos y, cuando se puede, humorista.

Estudié la Lic. en Comunicación en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) en la Unidad Académica Profesional Huehuetoca de 2015 a 2020.

Las actividades que realizo actualmente están enfocadas en el proceso creativo para realizar producciones audiovisuales (guionismo, escritura creativa y manejo de cámaras).

Me interesa el cine (en todas sus etapas y fases), así como el periodismo (en todos sus momentos y formas). Actualmente colaboro en Revista Brújula Mx de manera permanente y ocasionalmente en Revista Palabrerías.

Los temas que abordo en textos de ficción y no ficción cuentan historias de la sociedad actual con un enfoque crítico que visibilizan problemáticas de grupos vulnerables y poco reconocidos.