«No me deja dormir por la noche»: el medallista de oro paralímpico que quedó ciego en Afganistán cuestiona la «guerra contra el terrorismo» de EE.UU.

Tokio (CNN) — Un medallista de oro paralímpico estadounidense que ha hecho historia y que quedó ciego mientras servía con el Ejército estadounidense en Afganistán, dice que se pregunta si los 20 años de «guerra contra el terror» han merecido la pena.

Brad Snyder se convirtió en el primer estadounidense en ganar una prueba de triatlón individual, tanto en los Juegos Olímpicos como en los Paralímpicos, al conseguir, el sábado en Tokio, el oro en paratriatlón en la categoría PTVI, cruzando la meta con su guía, Greg Billington, en un tiempo de 1:01:16.

El atleta, de 37 años, solo se había pasado a esta prueba hace tres años, después de haber conseguido un brillante botín de medallas en la natación paralímpica.

«Ha sido un largo viaje, mi transición al triatlón en los últimos años, ha habido muchos obstáculos importantes… Estoy muy agradecido de estar aquí, muy agradecido de que se hayan celebrado los Juegos Paralímpicos», dijo a Selina Wang, de CNN, tras ganar el sábado su sexto oro paralímpico.

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Snyder fue miembro del escuadrón de élite de desactivación de bombas de la Marina estadounidense durante siete años, sirviendo en Iraq y Afganistán, donde quedó permanentemente ciego después de pisar un artefacto explosivo improvisado (IED) durante un período de servicio, en 2011.

Dijo que, inmediatamente después de la explosión, se sorprendió de seguir vivo. «Por suerte, estaba solo cuando me hirieron, así que solo me afectó a mí y, afortunadamente, detonó a poca distancia delante de mí… lo que en gran medida me salvó la vida y salvó mis extremidades», dijo.

La victoria de Snyder se produce en medio de la agitación que reina en Afganistán con la retirada de las tropas estadounidenses del país, que vuelve a estar bajo el control de los talibanes.

La reflexión de Snyder tras los 20 años de Estados Unidos en Afganistán

Dijo que sentía una «tristeza imperante» por la vuelta al poder del grupo islamista de línea dura, pero añadió que entendía que el Ejército estadounidense no podía quedarse en Afganistán «para siempre».

«En mi opinión, los errores de los últimos 20 años no justifican la inversión futura», dijo.  «Hemos sofocado la violencia durante 20 años y la estabilidad no ha prevalecido… retirarse es increíblemente difícil», añadió.

Synder dijo que no estaba seguro de que la «guerra contra el terror» de Estados Unidos en Afganistán e Iraq durante los últimos 20 años hubiera merecido la pena. «Me atormenta, me quita el sueño y pienso mucho en ello, especialmente siendo una persona cuya vida cambió fundamentalmente al ir a Afganistán», dijo.

Snyder contó que está estudiando un doctorado en Políticas Públicas en la Universidad de Princeton para tratar de «dar sentido» a las preguntas sobre si la guerra en Afganistán valió la pena. Su intención es volver a la Academia Naval de Estados Unidos para ayudar a moldear una futura generación de líderes militares estadounidenses y prepararlos para las «luchas del mañana».

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Dijo que la idea de enseñar a los futuros oficiales le ayudó a «dar sentido» a las preguntas sobre si la guerra de Afganistán merecía la pena.

Pero Snyder aclaró que no consideraba que su sacrificio fuera por el pueblo de Afganistán, sino por la «noción de libertad» y los «derechos humanos». «Y ese sacrificio, esa lucha sigue viva, esa lucha es algo que seguiremos librando hasta mucho después de que yo me haya ido», dijo.

Largo viaje a Tokio

Desde muy joven, Snyder dijo que sentía que era una «conclusión inevitable» que se uniría al Ejército estadounidense.

En 2001, era estudiante de secundaria cuando se produjeron los atentados terroristas del 11 de septiembre y dijo que quería asegurarse de que «algo así no volviera a ocurrir en nuestro país».

Pero su carrera en la Armada estadounidense terminó el 7 de septiembre de 2011, cuando pisó un artefacto explosivo improvisado de 18 kilogramos (40 libras) en un campo de minas al sur de Kandahar, en el sur de Afganistán.

Snyder contó que, aunque muchas personas habrían quedado devastadas al perder la visión, él se sentía agradecido solo por estar vivo. «Fui técnico de bombas, sé lo que puede hacer una explosión de 40 libras… esa perspectiva es la que me ayudó a superar los primeros pasos para adaptarme a una nueva vida sin visión», dijo.

Durante los años siguientes, Snyder contó que trabajó para adaptarse a su nueva vida, y aunque hubo momentos difíciles, trató de mantener un «sentido de gratitud».

«Dices: ‘Ojalá pudiera ver por un momento para poder lavar los platos’ o pudiera, ya sabes, resolver esta cosa en mi ordenador, pero, ya sabes, puedes desear todo el día y no te va a llevar a ninguna parte», dijo.

«No puedes cambiar lo que es, solo puedes cambiar cómo reaccionas a ello o lo que haces respecto al conjunto de circunstancias en que te encuentras», explicó.

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Un año después de perder la vista, Snyder debutó en la natación paralímpica, en los Juegos de Londres 2012. Ganó el oro en los 100 metros libres y los 400 metros libres, y la plata en los 50 metros libres, todos en la categoría S11. En Río 2016 superó ese botín de medallas, defendiendo sus dos títulos, y añadiendo también el oro en los 50 metros libres y la plata en los 100 metros dorso S11.

Dijo que ser paralímpico le había ayudado a «reconstruir su identidad» tras el fin de su carrera militar, una experiencia que le dejó «fracturado».

«Esa es una de las razones por las que me gusta mucho el movimiento paralímpico. Para mí, al salir del campo de batalla, el movimiento paralímpico me ofreció una forma de reidentificarme», dijo.

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Brad Snyder, ganador en Tokio, se pregunta si los 20 años de «guerra contra el terror» en Afganistán han merecido la pena.Feedzy

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