La República sin Centro

Foto Pablo García Saldaña en Unsplash

DE UN MUNDO RARO / POR: Miguel Ángel Isidro

Entramos a la segunda mitad del autoproclamado “primer gobierno de izquierda en México”, y el ambiente sociopolítico muestra un estado de elevada efervescencia en distintos frentes.

Principalmente, porque todos los grupos parecieran querer cerrar filas en torno a sus respectivos posiciones políticas.

Sin embargo, es evidente que, de manera involuntaria o inducida, la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador tiende a ubicarse como el factor determinante de los posicionamientos en el escenario actual. Las corrientes políticas y de opinión se han reducido a dos frentes: los que están a favor de la llamada Cuarta Transformación o los que están en su contra.

Tanto en las redes sociales como en los círculos de opinión, se ha caído en una arbitraria segmentación de ambas corrientes. Para los cibernautas y muchos “opinólogos”, se considera “de izquierda” a todos los que simpatizan o apoyan a López Obrador, y como “de derecha” no sólo a quienes estén en su contra, sino a cualquiera que se atreva a criticar cualquiera de las acciones, programas o declaraciones del mandatario y líder de la autoproclamada “izquierda”.

El problema de fondo es que estamos llegando a un momento de radicalización de las posiciones políticas, donde ambos extremos del debate público reclaman para sí una autoridad moral e intelectual superior a la de sus oponentes, sin que se avizore el surgimiento de alguna corriente que pondere o proponga una tercera vía. Estamos, pues, ante la pérdida del “centro”.

En abril pasado, el politólogo norteamericano Brendan Nyhan público un interesante artículo acerca del fenómeno del sentido de pertenencia política y el rol que a su juicio está desempeñando en la aparición de grupos radicales, a propósito del asalto al Capitolio en Washington a inicios del presente año.

De acuerdo con el analista, en su artículo para la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, en momentos de convulsión política y social, las personas se vuelven más propensas a un fenómeno definido como “agrupación interna”, que consiste en la creencia de que su identidad social es una fuente de fuerza y superioridad, y que se puede culpar a otros grupos por sus problemas.

Para Nyhan, ésta tendencia puede ayudarnos a entender el por qué en un momento como el actual, a pesar de los avances de la tecnología, la desinformación se ha convertido en un fenómeno tan difícil de revertir. “Para las masas es más importante el sentido de pertenencia que los propios hechos. Por eso estamos más dispuestos a creer rumores que a cambiar nuestra opinión o postura frente a los problemas colectivos”.

Trasladando éstas ideas a la actualidad mexicana, vemos que de manera recurrente quienes simpatizan con la 4T se han apropiado para sí de la identidad de izquierda y todo lo que para ellos supuestamente representa. Y se enarbolan afirmaciones tan arbitrarias como “todos los que se dicen apartidistas son de derecha”, o incluso otras tales como “no se puede estar en el centro; en un momento como el actual todos debemos asumir una postura”.

El problema viene al momento de tratar de entender cómo está configurada la “nueva izquierda” mexicana, y como es posible que en el mismo barco puedan navegar personajes como Gerardo Fernández Noroña, Manuel Bartlett o Esteban Moctezuma, por mencionar algunos ejemplos. O cuál sería la necesidad de defenestrar a la ex ministra Olga Sánchez Cordero, retirándola de la Secretaría de Gobernación para enviarla al Senado con el propósito -sostienen algunos opinólogos- de “contener” o “acotar” el empoderamiento del zacatecano Ricardo Monreal, cuando se supone que ambos personajes sirven al mismo proyecto. Aunque a decir verdad, en mi opinión personal, la misión presuntamente encomendada a Doña Olga se me asemeja como si la mandaran a cazar rinocerontes armada con un matamoscas… pero en fin, cada quién ve lo que quiere ver.

En el terreno de la derecha también impera el caos. La lógica plantearía que un grupo minoritario tendría menos problemas para organizarse y tomar posiciones pero pareciera ser lo contrario. Así lo testificamos la semana pasada  con la ocurrencia mediática de un grupo de senadores del Partido Acción Nacional al suscribir una alianza con el partido español de ultraderecha VOX y su dirigente Santiago Abascal, quien parece decidido a abrir en México un nuevo frente de lo que envalentonadamente proclama como su “lucha contra el comunismo en las naciones de la iberosfera” (sic).

Tan sorpresivo como dicho acto fue la apresurada respuesta del dirigente nacional del PAN, Marko Cortés y otros cuadros distinguidos al desmarcarse del citado pacto, obligando al propio coordinador parlamentario del blanquiazul en el Senado, Julen Rementería  a declarar que dicho pronunciamiento fue suscrito por él mismo y algunos de sus compañeros “a título personal”.

El que de plano no se contuvo fue el ex dirigente nacional Gustavo Madero, quien calificó el documento suscrito por sus compañeros de partido con VOX como “un error grave, patético y pendejo”, y una muestra de que el PAN “está extraviado”.

Lo que es evidente es que en ambos extremos del escenario político existe la premisa de anular por completo al oponente cayendo en una arbitraria “simplificación” de sus posturas políticas. Para muchos de los opositores a López Obrador la Cuarta Transformación es sinónimo de “comunismo” (aunque probablemente no entiendan de qué se trate), y en contraparte, para mucha de  la feligresía lopezobradorista todo aquel que se atreva a criticar a su líder es un “derechango”, simpatizante del “PRIAN” o, para facilitar la denominación, es simplemente un “conservador”.

La conformación del llamado “frente opositor” que agrupa en un solo conglomerado al PRI, PAN y lo que queda del PRD contribuye a sobremanera a la idea reduccionista del espectro político en México, con lo que se anticipa que para la elección presidencial de 2024 sólo habrá dos opciones: la continuidad o derrocamiento de la 4T, sean quienes sean los candidatos por ambos frentes.

Es francamente sorprendente el hecho de que un país con una conformación social multicultural, pluriétnica y diversa como lo es el México actual, las opciones políticas se reduzcan de manera dramática a dos grandes frentes. Nuestros procesos políticos parecieran resumirse a lanzar un volado; pero lo más grave es la evidente crisis de liderazgos: a éstas alturas del sexenio, no se avizora ningún grupo, personaje o corriente con la solidez suficiente para representar una tercera vía. Así que todo indica que por un buen rato veremos a los “liberales” y “conservadores” en su patética competencia de ver quién la tiene más grande, mientras los problemas centrales de la nación, como la falta de oportunidades y la violencia criminal siguen sin registrar importantes avances, más allá de las cifras alegres de la propaganda oficialista.

Así que tanto en la derecha como en la izquierda, aplica el sofisma clásico del Licenciado Cantinflas: “Aquí todos somos iguales, pero habemos algunos más iguales que otros”.

¿Usted en qué flanco se ubica?

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

El Personal  (México) / “No me hallo”

Kristos Lezama (México) / “Los mismos perros, el mismo hueso”

Sistema (México) / “Sistema Tóxico”

Rockdrigo González  (México) / “No tengo tiempo”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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