Los extraños que se enamoraron cuando se desvió su vuelo por el 11S

(CNN) — Hace veinte años, Nick Marson y Diane Kirschke eran dos desconocidos a bordo del vuelo 5 de Continental Airlines que viajaba de la terminal de Gatwick en Londres a Houston, Texas.
A las cuatro horas del inicio del vuelo, el piloto anunció por el intercomunicador que el avión se desviaría a Terranova, Canadá.

«Hay problemas en el espacio aéreo de Estados Unidos», dijo el capitán, sin dar más detalles.

Nick era un empresario británico de unos 50 años que trabajaba en la industria petrolera. Se dirigía a Texas para trabajar y no tenía ni idea de dónde quedaba Terranova.

«Miré por la ventanilla porque pensé que podría no estar diciéndonos la verdad, y que tal vez un motor estaba en llamas», cuenta hoy Nick a CNN Travel.

En el otro extremo de la aeronave, Diane asimiló la noticia. Divorciada estadounidense que acababa de cumplir 60 años, volvía de visitar a su hijo, que estaba en las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos y estaba prestando servicio en Inglaterra.

«Pensé: ‘Canadá, nunca he estado en Canadá’. Suena a una aventura», recuerda hoy Diane.

Era el 11 de septiembre de 2001. Tras los atentados terroristas en Nueva York y Washington, el espacio aéreo estadounidense se cerró y, en el marco de la Operación Cinta Amarilla, más de doscientos aviones comerciales que se dirigían a Estados Unidos se desviaron a Canadá.

El vuelo de Nick y Diane fue desviado a Gander, una ciudad rural de apenas 10.000 habitantes, que cuenta con un aeropuerto cuya historia como punto de reabastecimiento de combustible para los aviones anteriores a los motores de reacción le permitió contar con pistas de aterrizaje que rivalizan con las de ciudades mucho más grandes.

Cuando el Continental 5 se acercó a Terranova, Nick vio docenas de aviones alineados en filas. Abandonó su sospecha de que hubiera un problema técnico.

«Fuimos el 36º avión de 38 en aterrizar, así que está claro que no todo el mundo tuvo un problema con su avión», dice Nick.

Cuando el Continental 5 aterrizó, el capitán dijo a los pasajeros que había habido actividad terrorista en EE.UU. y que aviones se habían estrellado contra el World Trade Center y el Pentágono.

«Aunque eso sonó horrible, nadie se dio cuenta de lo devastador que era hasta algún tiempo después», dice Nick.

En 2001, nadie podía leer las noticias en su teléfono. Nadie tenía Internet en ellos, ni mucho menos cobertura internacional. Mucha gente no tenía siquiera teléfonos móviles.

Diane recuerda que estaba muy preocupada por su familia en Estados Unidos, y que le inquietaba no poder asegurarles que ella estaba bien.

Este estado de incertidumbre se mantuvo durante más de 24 horas.

Mientras los aviones estaban atascados en las pistas, los voluntarios de Gander y sus ciudades vecinas entregaron alimentos y suministros a los aviones, y prepararon refugios improvisados en escuelas, colegios y centros comunitarios de la región.

Unas 7.000 personas estaban a punto de llegar a su comunidad, lo que casi duplicaba la población de Gander.

Cuando finalmente se permitió a los viajeros desplazados que bajaran de los aviones, era el 12 de septiembre. Los pasajeros desembarcaron de uno en uno, sin permitirles llevar equipaje.

Nick tomó esta foto de los pasajeros desembarcando finalmente del Continental 5 en Gander, Canadá.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Cuando pasaron por el control de seguridad, fueron recibidos con sonrisas y tranquilidad.

«Fueron muy amables y abiertos», dice Diane de los voluntarios de Gander. «Simplemente nos dieron la bienvenida. No les importaba quién eras, de dónde venías, cuánto dinero tenías en la cartera, qué tipo de trabajo hacías… solo necesitábamos ayuda, y ellos iban a cuidar de nosotros».

A Nick lo llevaron a un pequeño refugio en Gambo, a unos 50 kilómetros de Gander. La Sociedad de Pescadores Unidos era la estructura más grande del pueblo, normalmente reservada para bodas, bingos o reuniones del pueblo.

Varias horas más tarde, tras un desvío a un refugio de Gander que estaba lleno, Diane acabó allí también.

Este es el refugio donde se conocieron Nick y Diane.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Fue en los refugios donde la «gente del avión», como los habitantes de Terranova llamaban a los recién llegados, vio por fin las horribles imágenes de televisión que habían resonado en todo el mundo, y se enteró del verdadero alcance de lo ocurrido el 11 de septiembre.

Los voluntarios habían instalado teléfonos y Diane se puso en contacto con su familia para hacerles saber que estaba a salvo, y también se enteró de que todos estaban bien.

La «gente del avión» hizo fila para recoger mantas y suministros. Cuando le entregaron la suya, Diane comentó que olía a naftalina.
«Alcanfor», dijo una voz detrás de ella.

Era Nick. Los dos empezaron a charlar, primero encontrando humor en las mantas claramente perfumadas, y luego dándose cuenta de que habían estado en el mismo avión rumbo a Texas.

En este lugar desconocido, aunque muy amistoso, esta coincidencia parecía algo a lo que aferrarse.

«Le pregunté a Diane si podía tomar el catre que estaba junto al suyo y me dijo: ‘Claro, por qué no'», recuerda Nick.

Habitantes honoríficos de Terranova

A la mañana siguiente, Nick y Diane salieron a tomar el aire. Necesitaban un descanso de ver constantemente las noticias.

«Era demasiado sentarse y ver esas horribles escenas una y otra vez», dice Diane.

Al principio se les unió otra pareja, que luego se retiró. Pronto se quedaron solos Nick y Diane.

«Charlamos y tratamos de pasar el tiempo, disfrutando de la compañía del otro», recuerda Nick.

En el camino, se detuvieron en una tienda de conveniencia para comprar unos refrescos y una mezcla de frutos secos. Nick intentó pagar, pero Diane se le adelantó.

«Bueno, tenía un motivo oculto», dice Diane, riendo. Estaba disfrutando de la compañía de Nick, y pensó que el hecho de que ella pagara por sus bocadillos haría que Nick se quedara.

Le parecía interesante, recuerda, y todo un caballero.

En cuanto a Nick, pensaba que Diane era guapa y disfrutaba mucho charlando con ella.

Tenían mucho de qué hablar: ambos eran divorciados, tenían hijos adultos y tenían una relación cercana con sus familias. Había diferencias culturales, pero compartían valores.

Cuando volvieron al refugio, encontraron que los catres habían sido retirados temporalmente y que el entretenimiento nocturno había comenzado.

Los voluntarios de Terranova estaban iniciando a la «gente del avión» en una tradición local conocida como Screech-In, una forma de designar a los visitantes como «terranovenses honoríficos».

El proceso consta de varios pasos, como beber un trago de screech y besar un bacalao.

Screech, explica Nick, sabe a «ron jamaicano malo».

Nick y Diane en la ceremonia de Screech-In.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Nick le invitó a Diane una cerveza y disfrutaron de la ceremonia, besando el bacalao y todo.

Cuando llegó el turno de Diane, el maestro de ceremonias le preguntó de dónde era. Ella explicó que vivía en Texas. El maestro de ceremonias pasó entonces a Nick.

«¿De qué parte de Texas eres, amigo?», preguntó. «Oh no, soy de Inglaterra», explicó Nick.

«Bueno, ¿cómo funciona?», preguntó el maestro de ceremonias.

Nick estaba confundido.

«¿Cómo funciona tu matrimonio?», aclaró el maestro de ceremonias, señalando a Diane.

Nick y Diane explicaron que no estaban casados, pero resultó que todos los demás habían pensado que eran pareja.

El animador, en broma, dijo que era un juez de paz. «¿Quieren casarse?», les preguntó a Nick y Diane.

Diane se rió. «¿Por qué no?», dijo ella, ligeramente mareada por el alcohol.

Reflexionando hoy sobre ese momento, Diane dice que sintió una libertad al estar en un lugar donde nadie la conocía.

«No tenías que representar tu papel habitual», dice. «No era la madre de mis hijos ni la abuela de mis nietos. No era la señora de al lado. Nadie allí me conocía. Podía hacer el ridículo si quería».

Y durante el resto de la velada, la respuesta de Diane no dejó de rondar por la mente de Nick.

Choque de continentes

Al día siguiente, algunos lugareños los llevaron de excursión a un espectacular mirador local, la Falla de Dover.

«Es un mirador precioso, a unos 60 metros por encima de donde se unen el río y el océano», dice Diane.

El lugar se formó cuando dos continentes chocaron hace millones de años y luego se separaron.

Nick llevaba una de las primeras cámaras digitales. Ya había sacado una foto del momento en que desembarcaron los pasajeros del Continental 5, así como fotos del refugio con sus camas improvisadas.

Pero solo había una foto que realmente quería de su desvío a Terranova: una foto de Diane.

«Necesitaba una foto que me recordara que no había soñado todo esto, estos días mágicos, sino que habían ocurrido de verdad», dice ahora.

Su cámara no tenía función de zoom, así que tuvo que acercarse bastante para sacarla en la foto.

«Me ofrecí a quitarme de en medio, porque pensé que quería una foto de este hermoso lugar escénico», recuerda Diane. «No tenía ningún interés en la vista panorámica», dice Nick.

Él le dijo que no se moviera y que la vista que tenía era perfecta.

«Entonces supe que él estaba interesado en mí y no en el paisaje», dice Diane. «Así que eso cambió un poco la dinámica».

Mientras admiraban el paisaje, tanto Diane como Nick consideraron lo improbable de su encuentro.

«Yo tenía una vida muy tranquila», dice Diane. «Tenía un pequeño y bonito apartamento. Tenía un trabajo que me gustaba y compañeros de trabajo y amigos».

«Ninguno de los dos se subió a ese avión buscando un encuentro romántico», dice Nick.

Nick tomó esta foto de Diane en un hermoso mirador, Dover Fault.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Despedida

Cinco días después de que los aviones aterrizaran en Gander, llegó la llamada de que se permitía la salida de los aviones.

Los autobuses reunieron a los pasajeros que se habían dispersado por las ciudades locales. Uno a uno, los aviones partieron.

«Subimos al autobús escolar y llovía», recuerda Diane. «Estaba un poco alterada porque dejábamos a esta gente maravillosa y había llegado a conocerlos a ellos y a sus hijos, y habían sido tan amables con nosotros y sabía que no volvería a verlos. Y probablemente tampoco iba a volver a ver a Nick. Así que se me saltaron las lágrimas».

Nick, sentado al lado de Diane, se dio cuenta de que estaba llorando. La rodeó con su brazo y fue a darle un beso en la frente como gesto de consuelo.

«Pensé que era mi oportunidad», recuerda Diane. «Así que lo agarré y le di un gran beso».

En su vuelo a Texas, Nick y Diane se sentaron uno al lado del otro. Nick dice que estuvieron «besuqueándose» durante todo el viaje.

A mitad del vuelo, una auxiliar de vuelo se paseó por el pasillo ofreciendo toallas calientes a los pasajeros. Cuando se acercó a Nick y Diane, levantó una ceja.

«¿Toalla fría?», preguntó.

Nick se quedó en Houston durante unos días, revisando su trabajo allí. Por las noches, Diane lo llevó a comer a sus restaurantes favoritos, y antes de que Nick se fuera intercambiaron direcciones de correo electrónico y números de teléfono.

Luego tuvo que marcharse.

«Fue muy difícil volar de vuelta a Inglaterra solo. Fue un verdadero bajón emocional», dice Nick.

Un nuevo comienzo

De vuelta a sus respectivos países de origen, Nick y Diane se esforzaron por aceptar el hecho de haberse enamorado de alguien en el contexto de unos acontecimientos tan devastadores.

Se mantuvieron en contacto regularmente, escribiendo largos correos electrónicos sobre cómo se sentían y sobre sus vidas en lados opuestos del Atlántico.

En octubre de 2001, Nick convenció a su oficina de que tenía que volver a Houston para revisar un proyecto de trabajo.

«Necesitaba asegurarme de que Diane era realmente la persona que recordaba, y que no la había exagerado un poco en mi mente», dice.

Lo era, y la visita les dejó en claro que querían estar juntos.

Un mes después, a principios de noviembre de 2001, Nick llamó a Diane desde su coche.

«Le dije que estaba de rodillas», dice.

Le propuso matrimonio.

Diane, encantada, dijo que sí.

«Sentíamos que estaba destinado a ser», dice hoy. «¿Quién podría ir en contra del destino?».

Los dos empezaron a planear su futuro juntos. Diane vendió su apartamento de un dormitorio y compró una casa más grande, y ese diciembre, Nick convenció a la empresa para la que trabajaba en Inglaterra de que lo trasladara a Houston.

En marzo de 2002, Diane presentó a Nick a su familia por primera vez. Diane dice que ellos también se enamoraron rápidamente de él; dicen que todos sus seres queridos se sorprendieron, pero los apoyaron.

Tras varios meses de trámites burocráticos para casarse con alguien de otro país, en septiembre de 2002, casi exactamente un año después de conocerse, Nick y Diane se casaron en su casa de Houston. Ella adoptó su nombre y se convirtieron en Nick y Diane Marson.

Decir adiós fue duro, pero no por mucho tiempo. Nick se trasladó a Texas y la pareja se casó. Aquí están en el día de su boda, el 7 de septiembre de 2002.
Cortesía de Nick y Diane Marson

A la hora de planificar su luna de miel, no había duda: los Marson volverían a Terranova.

La pareja estaba entusiasmada con la idea de volver a ver lugares hermosos como la Falla de Dover, pero Nick y Diane también querían organizar una pequeña reunión para agradecer a los habitantes su hospitalidad del año anterior. Se mantuvieron en contacto con muchas de las personas que conocieron, y sentían que les debían mucho.

«Podían habernos dejado en el avión. Incluso podrían habernos dejado en el hangar», dice Nick.

«Nos llevaron a sus corazones y a sus casas», dice Diane.

Pero Nick y Diane subestimaron, una vez más, el alcance de la hospitalidad de los habitantes de Terranova.

«Llegamos y nos encontramos con un banquete de boda», recuerda Nick.

«Con una tarta de boda de varias capas, regalos, velas, la mesa principal tenía champán…», añade Diane.

El alcalde de Gambo incluso les había escrito una canción. La interpretó allí mismo, cantando cómo Nick y Diane se habían conocido en Terranova, se habían enamorado y se habían casado.

Compartir su historia

Durante su viaje de regreso a Terranova en 2002, se corrió la voz de que dos «personas del avión» se habían enamorado.
Algunos medios de comunicación se pusieron en contacto con Nick y Diane, pero la pareja no quería compartir su historia en ese momento.

«Sufríamos lo que se llama la culpa del superviviente», dice Nick. «No nos sentíamos cómodos con lo que habíamos encontrado después de tantos desastres».

«Tres mil familias habían perdido a alguien», dice Diane. «Y aquí habíamos encontrado la felicidad».

No fue hasta 2009 cuando compartieron su historia, como parte del documental del presentador canadiense Tom Brokaw sobre la Operación Cinta Amarilla.

Un par de años más tarde, en el décimo aniversario del 11S, Nick y Diane estaban de visita en Gander, y fueron abordados por Irene Sankoff y David Hein, compositores y letristas que les explicaron que habían recibido financiación del gobierno de Canadá para producir un espectáculo sobre lo ocurrido en Terranova tras el 11 de septiembre.

La historia de Nick y Diane es uno de los hilos conductores del musical «Come From Away».
Cortesía de Nick y Diane Marson

Así es como la historia de Nick y Diane se convirtió en uno de los varios relatos que se tejen en el musical «Come From Away», ganador de los premios Tony y Olivier, en el que un reparto de 12 personas interpreta varios papeles, desde los residentes de Gander hasta la «gente del avión».

La primera vez que la pareja vio el espectáculo en Canadá en 2013, fue una experiencia emotiva. No podían creer la precisión con la que el musical contaba su historia y lo bien que evocaba el ambiente de Terranova esa semana.

«Es simplemente un testimonio de la generosidad, la amistad y la apertura de la gente de Terranova», dice Diane. «Es una historia del 12S. Es la secuela de lo que ocurrió el 11 de septiembre. Pero el 12S reinó el amor».

Hay un rincón de la casa de Nick y Diane lleno de recuerdos de su estancia en Terranova y de recuerdos del espectáculo.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Desde su estreno, «Come From Away» ha sido anunciada en todo el mundo y ahora una versión filmada del premiado espectáculo se estrenará internacionalmente en Apple TV+ el 10 de septiembre de 2021.

«Hemos visto la serie 118 veces», dice Nick. «Diane dirá que es como si renováramos nuestros votos cada vez que la vemos».

«Aprovechar al máximo cada día»

Nick y Diane en agosto de 2021.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Mientras el mundo reflexiona sobre los 20 años transcurridos desde el 11S, también se cumplen dos décadas desde que Nick y Diane se conocieron, y 19 años desde el día de su boda.

A lo largo de estas dos décadas, entre ver su historia de amor resonando en los cines de todo el mundo, la pareja se ha ajustado a las situaciones humorísticas que a veces surgen de sus diferencias culturales, y se han apoyado mutuamente en los altibajos de la vida.

«Aunque tuviéramos diferencias culturales, de amigos y de todo lo demás, había un núcleo de amor: sabíamos que nos cuidábamos mutuamente», dice Diane sobre los años que llevan juntos. «Había mucha confianza entre nosotros».

Durante los cinco días que pasaron varados en Terranova, Nick y Diane se vieron obligados a vivir el día a día; esa mentalidad los llevó a estar juntos y es un mantra que han mantenido en los años posteriores.

«Aprovecha cada día, sácale el máximo partido», dice Diane. «Porque quién sabe cuántos días tiene cada uno».

Pareja

(CNN) — Hace veinte años, Nick Marson y Diane Kirschke eran dos desconocidos a bordo del vuelo 5 de Continental Airlines que viajaba de la terminal de Gatwick en Londres a Houston, Texas.
A las cuatro horas del inicio del vuelo, el piloto anunció por el intercomunicador que el avión se desviaría a Terranova, Canadá.

«Hay problemas en el espacio aéreo de Estados Unidos», dijo el capitán, sin dar más detalles.

Nick era un empresario británico de unos 50 años que trabajaba en la industria petrolera. Se dirigía a Texas para trabajar y no tenía ni idea de dónde quedaba Terranova.

«Miré por la ventanilla porque pensé que podría no estar diciéndonos la verdad, y que tal vez un motor estaba en llamas», cuenta hoy Nick a CNN Travel.

En el otro extremo de la aeronave, Diane asimiló la noticia. Divorciada estadounidense que acababa de cumplir 60 años, volvía de visitar a su hijo, que estaba en las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos y estaba prestando servicio en Inglaterra.

«Pensé: ‘Canadá, nunca he estado en Canadá’. Suena a una aventura», recuerda hoy Diane.

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Era el 11 de septiembre de 2001. Tras los atentados terroristas en Nueva York y Washington, el espacio aéreo estadounidense se cerró y, en el marco de la Operación Cinta Amarilla, más de doscientos aviones comerciales que se dirigían a Estados Unidos se desviaron a Canadá.

El vuelo de Nick y Diane fue desviado a Gander, una ciudad rural de apenas 10.000 habitantes, que cuenta con un aeropuerto cuya historia como punto de reabastecimiento de combustible para los aviones anteriores a los motores de reacción le permitió contar con pistas de aterrizaje que rivalizan con las de ciudades mucho más grandes.

Gander: Este aeropuerto canadiense albergó a 7.000 personas el 11S

Cuando el Continental 5 se acercó a Terranova, Nick vio docenas de aviones alineados en filas. Abandonó su sospecha de que hubiera un problema técnico.

«Fuimos el 36º avión de 38 en aterrizar, así que está claro que no todo el mundo tuvo un problema con su avión», dice Nick.

Cuando el Continental 5 aterrizó, el capitán dijo a los pasajeros que había habido actividad terrorista en EE.UU. y que aviones se habían estrellado contra el World Trade Center y el Pentágono.

«Aunque eso sonó horrible, nadie se dio cuenta de lo devastador que era hasta algún tiempo después», dice Nick.

En 2001, nadie podía leer las noticias en su teléfono. Nadie tenía Internet en ellos, ni mucho menos cobertura internacional. Mucha gente no tenía siquiera teléfonos móviles.

Diane recuerda que estaba muy preocupada por su familia en Estados Unidos, y que le inquietaba no poder asegurarles que ella estaba bien.

Este estado de incertidumbre se mantuvo durante más de 24 horas.

Mientras los aviones estaban atascados en las pistas, los voluntarios de Gander y sus ciudades vecinas entregaron alimentos y suministros a los aviones, y prepararon refugios improvisados en escuelas, colegios y centros comunitarios de la región.

Unas 7.000 personas estaban a punto de llegar a su comunidad, lo que casi duplicaba la población de Gander.

Cuando finalmente se permitió a los viajeros desplazados que bajaran de los aviones, era el 12 de septiembre. Los pasajeros desembarcaron de uno en uno, sin permitirles llevar equipaje.

Nick tomó esta foto de los pasajeros desembarcando finalmente del Continental 5 en Gander, Canadá.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Cuando pasaron por el control de seguridad, fueron recibidos con sonrisas y tranquilidad.

«Fueron muy amables y abiertos», dice Diane de los voluntarios de Gander. «Simplemente nos dieron la bienvenida. No les importaba quién eras, de dónde venías, cuánto dinero tenías en la cartera, qué tipo de trabajo hacías… solo necesitábamos ayuda, y ellos iban a cuidar de nosotros».

A Nick lo llevaron a un pequeño refugio en Gambo, a unos 50 kilómetros de Gander. La Sociedad de Pescadores Unidos era la estructura más grande del pueblo, normalmente reservada para bodas, bingos o reuniones del pueblo.

Varias horas más tarde, tras un desvío a un refugio de Gander que estaba lleno, Diane acabó allí también.

Este es el refugio donde se conocieron Nick y Diane.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Fue en los refugios donde la «gente del avión», como los habitantes de Terranova llamaban a los recién llegados, vio por fin las horribles imágenes de televisión que habían resonado en todo el mundo, y se enteró del verdadero alcance de lo ocurrido el 11 de septiembre.

Los voluntarios habían instalado teléfonos y Diane se puso en contacto con su familia para hacerles saber que estaba a salvo, y también se enteró de que todos estaban bien.

La «gente del avión» hizo fila para recoger mantas y suministros. Cuando le entregaron la suya, Diane comentó que olía a naftalina.
«Alcanfor», dijo una voz detrás de ella.

Era Nick. Los dos empezaron a charlar, primero encontrando humor en las mantas claramente perfumadas, y luego dándose cuenta de que habían estado en el mismo avión rumbo a Texas.

En este lugar desconocido, aunque muy amistoso, esta coincidencia parecía algo a lo que aferrarse.

«Le pregunté a Diane si podía tomar el catre que estaba junto al suyo y me dijo: ‘Claro, por qué no'», recuerda Nick.

Cómo el 11S cambió los viajes para siempre Habitantes honoríficos de Terranova

A la mañana siguiente, Nick y Diane salieron a tomar el aire. Necesitaban un descanso de ver constantemente las noticias.

«Era demasiado sentarse y ver esas horribles escenas una y otra vez», dice Diane.

Al principio se les unió otra pareja, que luego se retiró. Pronto se quedaron solos Nick y Diane.

«Charlamos y tratamos de pasar el tiempo, disfrutando de la compañía del otro», recuerda Nick.

En el camino, se detuvieron en una tienda de conveniencia para comprar unos refrescos y una mezcla de frutos secos. Nick intentó pagar, pero Diane se le adelantó.

«Bueno, tenía un motivo oculto», dice Diane, riendo. Estaba disfrutando de la compañía de Nick, y pensó que el hecho de que ella pagara por sus bocadillos haría que Nick se quedara.

Le parecía interesante, recuerda, y todo un caballero.

En cuanto a Nick, pensaba que Diane era guapa y disfrutaba mucho charlando con ella.

Tenían mucho de qué hablar: ambos eran divorciados, tenían hijos adultos y tenían una relación cercana con sus familias. Había diferencias culturales, pero compartían valores.

Cuando volvieron al refugio, encontraron que los catres habían sido retirados temporalmente y que el entretenimiento nocturno había comenzado.

Los voluntarios de Terranova estaban iniciando a la «gente del avión» en una tradición local conocida como Screech-In, una forma de designar a los visitantes como «terranovenses honoríficos».

El proceso consta de varios pasos, como beber un trago de screech y besar un bacalao.

Screech, explica Nick, sabe a «ron jamaicano malo».

Nick y Diane en la ceremonia de Screech-In.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Nick le invitó a Diane una cerveza y disfrutaron de la ceremonia, besando el bacalao y todo.

Cuando llegó el turno de Diane, el maestro de ceremonias le preguntó de dónde era. Ella explicó que vivía en Texas. El maestro de ceremonias pasó entonces a Nick.

«¿De qué parte de Texas eres, amigo?», preguntó. «Oh no, soy de Inglaterra», explicó Nick.

«Bueno, ¿cómo funciona?», preguntó el maestro de ceremonias.

Nick estaba confundido.

«¿Cómo funciona tu matrimonio?», aclaró el maestro de ceremonias, señalando a Diane.

Nick y Diane explicaron que no estaban casados, pero resultó que todos los demás habían pensado que eran pareja.

El animador, en broma, dijo que era un juez de paz. «¿Quieren casarse?», les preguntó a Nick y Diane.

Diane se rió. «¿Por qué no?», dijo ella, ligeramente mareada por el alcohol.

Reflexionando hoy sobre ese momento, Diane dice que sintió una libertad al estar en un lugar donde nadie la conocía.

«No tenías que representar tu papel habitual», dice. «No era la madre de mis hijos ni la abuela de mis nietos. No era la señora de al lado. Nadie allí me conocía. Podía hacer el ridículo si quería».

Y durante el resto de la velada, la respuesta de Diane no dejó de rondar por la mente de Nick.

Choque de continentes

Al día siguiente, algunos lugareños los llevaron de excursión a un espectacular mirador local, la Falla de Dover.

«Es un mirador precioso, a unos 60 metros por encima de donde se unen el río y el océano», dice Diane.

El lugar se formó cuando dos continentes chocaron hace millones de años y luego se separaron.

Nick llevaba una de las primeras cámaras digitales. Ya había sacado una foto del momento en que desembarcaron los pasajeros del Continental 5, así como fotos del refugio con sus camas improvisadas.

Pero solo había una foto que realmente quería de su desvío a Terranova: una foto de Diane.

«Necesitaba una foto que me recordara que no había soñado todo esto, estos días mágicos, sino que habían ocurrido de verdad», dice ahora.

Su cámara no tenía función de zoom, así que tuvo que acercarse bastante para sacarla en la foto.

«Me ofrecí a quitarme de en medio, porque pensé que quería una foto de este hermoso lugar escénico», recuerda Diane. «No tenía ningún interés en la vista panorámica», dice Nick.

Él le dijo que no se moviera y que la vista que tenía era perfecta.

«Entonces supe que él estaba interesado en mí y no en el paisaje», dice Diane. «Así que eso cambió un poco la dinámica».

Mientras admiraban el paisaje, tanto Diane como Nick consideraron lo improbable de su encuentro.

«Yo tenía una vida muy tranquila», dice Diane. «Tenía un pequeño y bonito apartamento. Tenía un trabajo que me gustaba y compañeros de trabajo y amigos».

«Ninguno de los dos se subió a ese avión buscando un encuentro romántico», dice Nick.

Nick tomó esta foto de Diane en un hermoso mirador, Dover Fault.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Despedida

Cinco días después de que los aviones aterrizaran en Gander, llegó la llamada de que se permitía la salida de los aviones.

Los autobuses reunieron a los pasajeros que se habían dispersado por las ciudades locales. Uno a uno, los aviones partieron.

«Subimos al autobús escolar y llovía», recuerda Diane. «Estaba un poco alterada porque dejábamos a esta gente maravillosa y había llegado a conocerlos a ellos y a sus hijos, y habían sido tan amables con nosotros y sabía que no volvería a verlos. Y probablemente tampoco iba a volver a ver a Nick. Así que se me saltaron las lágrimas».

Nick, sentado al lado de Diane, se dio cuenta de que estaba llorando. La rodeó con su brazo y fue a darle un beso en la frente como gesto de consuelo.

«Pensé que era mi oportunidad», recuerda Diane. «Así que lo agarré y le di un gran beso».

En su vuelo a Texas, Nick y Diane se sentaron uno al lado del otro. Nick dice que estuvieron «besuqueándose» durante todo el viaje.

A mitad del vuelo, una auxiliar de vuelo se paseó por el pasillo ofreciendo toallas calientes a los pasajeros. Cuando se acercó a Nick y Diane, levantó una ceja.

«¿Toalla fría?», preguntó.

Nick se quedó en Houston durante unos días, revisando su trabajo allí. Por las noches, Diane lo llevó a comer a sus restaurantes favoritos, y antes de que Nick se fuera intercambiaron direcciones de correo electrónico y números de teléfono.

Luego tuvo que marcharse.

«Fue muy difícil volar de vuelta a Inglaterra solo. Fue un verdadero bajón emocional», dice Nick.

Un nuevo comienzo

De vuelta a sus respectivos países de origen, Nick y Diane se esforzaron por aceptar el hecho de haberse enamorado de alguien en el contexto de unos acontecimientos tan devastadores.

Se mantuvieron en contacto regularmente, escribiendo largos correos electrónicos sobre cómo se sentían y sobre sus vidas en lados opuestos del Atlántico.

En octubre de 2001, Nick convenció a su oficina de que tenía que volver a Houston para revisar un proyecto de trabajo.

«Necesitaba asegurarme de que Diane era realmente la persona que recordaba, y que no la había exagerado un poco en mi mente», dice.

Lo era, y la visita les dejó en claro que querían estar juntos.

Un mes después, a principios de noviembre de 2001, Nick llamó a Diane desde su coche.

«Le dije que estaba de rodillas», dice.

Le propuso matrimonio.

Diane, encantada, dijo que sí.

«Sentíamos que estaba destinado a ser», dice hoy. «¿Quién podría ir en contra del destino?».

Los dos empezaron a planear su futuro juntos. Diane vendió su apartamento de un dormitorio y compró una casa más grande, y ese diciembre, Nick convenció a la empresa para la que trabajaba en Inglaterra de que lo trasladara a Houston.

En marzo de 2002, Diane presentó a Nick a su familia por primera vez. Diane dice que ellos también se enamoraron rápidamente de él; dicen que todos sus seres queridos se sorprendieron, pero los apoyaron.

Tras varios meses de trámites burocráticos para casarse con alguien de otro país, en septiembre de 2002, casi exactamente un año después de conocerse, Nick y Diane se casaron en su casa de Houston. Ella adoptó su nombre y se convirtieron en Nick y Diane Marson.

Decir adiós fue duro, pero no por mucho tiempo. Nick se trasladó a Texas y la pareja se casó. Aquí están en el día de su boda, el 7 de septiembre de 2002.
Cortesía de Nick y Diane Marson

A la hora de planificar su luna de miel, no había duda: los Marson volverían a Terranova.

La pareja estaba entusiasmada con la idea de volver a ver lugares hermosos como la Falla de Dover, pero Nick y Diane también querían organizar una pequeña reunión para agradecer a los habitantes su hospitalidad del año anterior. Se mantuvieron en contacto con muchas de las personas que conocieron, y sentían que les debían mucho.

«Podían habernos dejado en el avión. Incluso podrían habernos dejado en el hangar», dice Nick.

«Nos llevaron a sus corazones y a sus casas», dice Diane.

Pero Nick y Diane subestimaron, una vez más, el alcance de la hospitalidad de los habitantes de Terranova.

«Llegamos y nos encontramos con un banquete de boda», recuerda Nick.

«Con una tarta de boda de varias capas, regalos, velas, la mesa principal tenía champán…», añade Diane.

El alcalde de Gambo incluso les había escrito una canción. La interpretó allí mismo, cantando cómo Nick y Diane se habían conocido en Terranova, se habían enamorado y se habían casado.

Compartir su historia

Durante su viaje de regreso a Terranova en 2002, se corrió la voz de que dos «personas del avión» se habían enamorado.
Algunos medios de comunicación se pusieron en contacto con Nick y Diane, pero la pareja no quería compartir su historia en ese momento.

«Sufríamos lo que se llama la culpa del superviviente», dice Nick. «No nos sentíamos cómodos con lo que habíamos encontrado después de tantos desastres».

«Tres mil familias habían perdido a alguien», dice Diane. «Y aquí habíamos encontrado la felicidad».

No fue hasta 2009 cuando compartieron su historia, como parte del documental del presentador canadiense Tom Brokaw sobre la Operación Cinta Amarilla.

Un par de años más tarde, en el décimo aniversario del 11S, Nick y Diane estaban de visita en Gander, y fueron abordados por Irene Sankoff y David Hein, compositores y letristas que les explicaron que habían recibido financiación del gobierno de Canadá para producir un espectáculo sobre lo ocurrido en Terranova tras el 11 de septiembre.

La historia de Nick y Diane es uno de los hilos conductores del musical «Come From Away».
Cortesía de Nick y Diane Marson

Así es como la historia de Nick y Diane se convirtió en uno de los varios relatos que se tejen en el musical «Come From Away», ganador de los premios Tony y Olivier, en el que un reparto de 12 personas interpreta varios papeles, desde los residentes de Gander hasta la «gente del avión».

La primera vez que la pareja vio el espectáculo en Canadá en 2013, fue una experiencia emotiva. No podían creer la precisión con la que el musical contaba su historia y lo bien que evocaba el ambiente de Terranova esa semana.

«Es simplemente un testimonio de la generosidad, la amistad y la apertura de la gente de Terranova», dice Diane. «Es una historia del 12S. Es la secuela de lo que ocurrió el 11 de septiembre. Pero el 12S reinó el amor».

Hay un rincón de la casa de Nick y Diane lleno de recuerdos de su estancia en Terranova y de recuerdos del espectáculo.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Desde su estreno, «Come From Away» ha sido anunciada en todo el mundo y ahora una versión filmada del premiado espectáculo se estrenará internacionalmente en Apple TV+ el 10 de septiembre de 2021.

«Hemos visto la serie 118 veces», dice Nick. «Diane dirá que es como si renováramos nuestros votos cada vez que la vemos».

«Aprovechar al máximo cada día»

Nick y Diane en agosto de 2021.
Cortesía de Nick y Diane Marson

Mientras el mundo reflexiona sobre los 20 años transcurridos desde el 11S, también se cumplen dos décadas desde que Nick y Diane se conocieron, y 19 años desde el día de su boda.

A lo largo de estas dos décadas, entre ver su historia de amor resonando en los cines de todo el mundo, la pareja se ha ajustado a las situaciones humorísticas que a veces surgen de sus diferencias culturales, y se han apoyado mutuamente en los altibajos de la vida.

«Aunque tuviéramos diferencias culturales, de amigos y de todo lo demás, había un núcleo de amor: sabíamos que nos cuidábamos mutuamente», dice Diane sobre los años que llevan juntos. «Había mucha confianza entre nosotros».

Durante los cinco días que pasaron varados en Terranova, Nick y Diane se vieron obligados a vivir el día a día; esa mentalidad los llevó a estar juntos y es un mantra que han mantenido en los años posteriores.

«Aprovecha cada día, sácale el máximo partido», dice Diane. «Porque quién sabe cuántos días tiene cada uno».

Feedzy

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