Increíblemente bien hecha

Folleto alemán del día D que muestra caos en Inglaterra, usado en la portada del libro de la edición Deluxe de Penguin Random House.

Son pocas las veces en las que nos topamos con un libro que nos gusta de inicio a fin. Puede ser que algo nos encante, pero que algún detalle nos hubiera parecido mejor no ser parte de la historia. Otra posibilidad es que no nos gusten las formas narrativas, pero sí la historia. También podríamos encontrarnos con que no nos parece cómo fue tratado uno u otro personaje o evento en la historia. Podría gustarnos el inicio, pero no el final. Sí, encontrar una novela que nos parezca bien hecha de inicio a fin, es difícil, pero no imposible. Una de esas novelas es “El arcoíris de la gravedad” de Thomas Pynchon.

Anteriormente en esta columna, se ha mencionado que el autor es más que sorprendente, pues sus novelas son geniales; pero con esta se lució.

Trata, básicamente, de la búsqueda de un aparato que será introducido en un misil único en su tipo: el 00000, producido por los alemanes. Se desarrolla en la segunda guerra mundial (aunque al inicio pareciera ser un mundo postapocalíptico).

La variedad de personajes que presenta es de lo más variopinta y, al mismo tiempo, extensísima. Está el que tiene erecciones cuando van a caer bombas, el que puede controlar la melanina de su cuerpo y lograr ser tan blanco o negro como quiera, a la que casi se la come un pulpo gigante al que repelen con botellas de vino, el que disfruta de cropofilia (hay un pasaje brutalmente ilustrativo al respecto)… En fin, uno se pierde, son tantos y hacen tan variada cantidad de cosas que, sin cuidado, uno puede confundirse fácilmente.

Demuestra, el escritor gringo, un amplio conocimiento, no sólo de las ciencias exactas como la química y las matemáticas; sino también de metafísica, especulaciones, y algo constante en sus novelas: las conspiraciones. Hay una gran conspiración para encontrar algo que podría cambiar el ritmo de la guerra, y al estar dentro de la misma, hay más problemas que avances para Tyrone Slothrop. Él, en cuanto se hace de información privilegiada, desea nunca haberlo hecho.

Esta es una novela de extremos. Hay pasajes en los que la narrativa es poética. Pynchon deja muy en claro que no tiene nada que pedir a las poesías mejor hechas. Este libro es para disfrutarse, tanto de sus características técnicas hasta la historia misma. Tiene pasajes muy serios y científicamente precisos, pero también las eventualidades más absurdas e hilarantes que jamás podría esperarse uno. Te muestra lo correcto en el momento más indicado, pero inesperadamente. Asimismo, puedes leer fragmentos que rayan en lo profano, en lo patético y experimental. La novela en sí tiene un equilibrio tal que, así como uno disfruta leyendo una lírica hermosa, también disfruta con el rompimiento de las normas literarias.

Sin embargo, hay que mencionarse, porque es eso justo lo que vuelve a esta novela un hito en su forma y estilo: es increíblemente compleja. Si bien, leerlo resulta casi como ver un hermoso paisaje; también es tan retador que muchas veces parecerá imposible avanzar. Es como leer varios libros al mismo tiempo. Su extensión es soberbia, y si eso no es suficiente, que la cantidad de páginas podría ser intimidante; el entrecruzamiento de historias puede llegar a aturdir. Esto mezclado con el gran conocimiento de ciencias y de que hay tantos personajes posibles, como ya ha sido mencionado; vuelve a “El arcoíris de la gravedad” un reto formidable para cualquiera. No importa si lees traducción o si lo lees en su idioma original, resulta casi imposible, pero también en eso radica su encanto.

A pesar de que no tiene pasajes muy extensos ni es un tema recurrente en la novela, tiene su encanto amoroso. Especialmente al final de libro, hay una declaración amatoria entre dos personajes que uno no imaginaria, que es hermosa. No hay otra forma de describirlo: las palabras, las emociones, la forma de estar escrito resulta algo imperantemente enternecedor que hasta resulta difícil creer que un ser humano haya sido capaz de escribir algo así; mucho menos de imaginar que alguien pueda sentir eso. Obviamente, también hay versos y párrafos que dan asco, que uno como lector, no sabe cómo sería la forma correcta de reaccionar: si riendo, vomitando o llorando.

Tal vez, una de las características más remarcables de Thomas Pynchon es que sabe mezclar la ficción con explicaciones tan veraces que uno se ve obligado a creer cualquier cosa. El gringo te hace creer en sus conspiraciones, en su ciencia especulativa, en su ficción evidentemente probable. No hay forma de hacer esta división entre cuando uno lee y uno vive: al comenzar a leer, desde las primeras líneas, Pynchon lleva a borrar esa línea entre lo literario y lo real, por lo que el lector, no sólo está leyendo una novela, sino la vida misma. Está leyendo un escrito hecho para informar, para hacer de nuestro conocimiento lo que ha sucedido con anterioridad.

Es él el experto para hacernos notar que nos estamos creyendo todas y cada una de las mentiras contadas, y a parte, que lo gozamos totalmente. Si quisiéramos tomar un poco el estilo del escritor para describir su forma narrativa, supongo que diríamos algo así: leerlo es perder los sentidos de lo abstracto y lo real en el zenit de un orgasmo que dura todas y cada una de las letras de “El arcoíris de la gravedad”.

Este libro es, sin duda alguna, uno de los mejores de toda la literatura americana y, quizá, de toda la historia de la literatura. Es capaz de arrobarnos de tal forma que nos construimos una nueva realidad, pero también nos causa las más puras y poderosas repulsiones. Su narrativa está tan bien hecha que raya en la perfección. Podría ser este un parámetro para saber qué es escribir bien, qué es perfección literaria; pero también nos ataca con experimentos narrativos soeces, vulgares y totalmente extravagantes. Sus personajes son humanos, con todo lo que eso implica: son traicioneros, sentimentales, valientes, temerosos; todo lo que el lector siente, lo lee, y es esto lo que nos hace creer que, en realidad, leemos a otro ser humano, no un invento.

Es el arcoíris el subir de un cohete, y la gravedad, lo que lleva que caiga y, por consiguiente, la destrucción de todo lo que ahí haya; pero también es la vida, una poética subida de una terrible cuesta, con su consecuente bajada hacia la inevitable pero liberadora muerte.

“El arcoíris de la gravedad” es una de las novelas mejor escritas de todos los tiempos, y con todo y su enorme complejidad, está tan increíblemente bien hecha que uno no puede evitar maravillarse en todas y cada una de sus páginas. Este, como el “Silmarillion”, es un libro que lo tiene todo y, por eso mismo, es inmejorable e insuperable en su estilo.

0
    0
    Tu carrito
    Tu carrito está vacíoRegresar para ver