«Queremos justicia», dicen familiares de los 10 civiles muertos en un ataque aéreo de EE.UU. en Afganistán. El Pentágono reconoce que fue «un error»

(CNN) — Emal Ahmadi sabía que su hermano Zamarai no era el colaborador del ISIS-K que los funcionarios estadounidenses presentaron como tal en los días posteriores a su muerte. Ahora, por fin, todo el mundo lo sabe también.

Zamarai Ahmadi y otros nueve civiles, entre ellos siete niños, murieron en un ataque aéreo estadounidense en Kabul, el 29 de agosto. Durante casi tres semanas, los funcionarios estadounidenses siguieron insistiendo en que el ataque fue «justo» y que al menos un colaborador del ISIS-K había muerto.

El viernes, el Pentágono admitió que fue un trágico error. Zamarai Ahmadi, un ingeniero técnico, de 43 años, de «Nutrition and Education International», una organización estadounidense sin ánimo de lucro, no tenía vínculos con ISIS-K.

Emal Ahmadi dijo a CNN que, aunque el reconocimiento por parte de Estados Unidos de que su hermano mayor era una víctima y no un terrorista trajo algo de consuelo a la familia, todavía están luchando por entender lo que pasó.

«Estados Unidos sabía que en esta zona, dentro del coche, había niños, ¿por qué atacaron a inocentes en esta zona?», preguntó.

Zamarai Ahmadi, segundo de izquierda a derecha, trabajaba para la organización estadounidense sin ánimo de lucro Nutrition and Education International desde 2006.

Su hija Malika murió en el ataque junto a su tío, sus siete primos y otro niño. Sólo tenía dos años.
«Todos ellos son inocentes, como mi linda hija… era tan adorable», dijo.

Emal Ahmadi habló con CNN en el interior de la casa familiar dañada, una construcción de dos pisos en un ordenado barrio de Kabul que Zamarai Ahmadi compartía con sus tres hermanos y sus esposas e hijos. La puerta de metal verde, atravesada por la metralla hace tres semanas, está ahora custodiada por los talibanes. En las calles, los niños juegan.

Nadie ha limpiado el lugar ni ha retirado los escombros que siguen esparcidos por el recinto. El esqueleto quemado de un Toyota Corolla blanco, el objetivo del ataque con drones, sigue en medio del patio, con el techo volado. Varios de los niños estaban en el coche cuando cayó el misil, dijo la familia.

Sus pequeñas sandalias, calcinadas y deformadas por el calor de la explosión, yacen sobre los escombros.

Blinken defiende la salida de EE.UU. de Afganistán 1:27

En la cocina de arriba, dos patatas, un cuchillo y una especia de color rojo brillante descansan preparados junto a la olla. Un recuerdo de una cena familiar que nunca tuvo lugar.

Emal Ahmadi dijo que ningún funcionario estadounidense se ha puesto en contacto con la familia directamente.

El secretario de Defensa de EE.UU., Lloyd J. Austin III, ha ofrecido sus condolencias en un comunicado emitido el viernes, calificando a Ahmadi de «víctima inocente» cuyas actividades eran «completamente inofensivas». «Pedimos disculpas y nos esforzaremos por aprender de este horrible error», dijo.

El general Frank McKenzie, comandante del Comando Central de EE.UU., dijo que el Pentágono estaba considerando el pago de indemnizaciones a la familia y afirmó que, aunque era «muy difícil» llegar a la gente «sobre el terreno en Afganistán», lo intentarán.

La postura de los talibanes frente al terrorismo 1:24

Cuando se les preguntó qué querían de Estados Unidos, Emal Ahmadi y su hermano Romal, cuyos tres hijos –Aayat, de 2 años; Binyamen, de 6, y Armin, de 7–  también murieron en el ataque, dijeron «justicia».

En un polvoriento cementerio de Kabul donde sus hijos, su hermano y otros familiares fueron enterrados hace unas semanas, Romal Ahmadi dijo a CNN que quiere que los operadores de los drones sean juzgados por los asesinatos en los tribunales.

La familia tuvo que pedir dinero prestado para pagar los funerales, eran tantos que no podían pagar de su propio bolsillo.

Al preguntarle si alguna vez podría perdonar a Estados Unidos por lo ocurrido, Emal Ahmadi dijo «tal vez».

«Pero cómo voy a hacer [eso]… He perdido a toda mi familia… nadie puede devolvérmela», dijo.

Con información de Anna Coren, Sandi Sindu y Julia Hollingsworth.

Ataque aéreo

(CNN) — Emal Ahmadi sabía que su hermano Zamarai no era el colaborador del ISIS-K que los funcionarios estadounidenses presentaron como tal en los días posteriores a su muerte. Ahora, por fin, todo el mundo lo sabe también.

Zamarai Ahmadi y otros nueve civiles, entre ellos siete niños, murieron en un ataque aéreo estadounidense en Kabul, el 29 de agosto. Durante casi tres semanas, los funcionarios estadounidenses siguieron insistiendo en que el ataque fue «justo» y que al menos un colaborador del ISIS-K había muerto.

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El viernes, el Pentágono admitió que fue un trágico error. Zamarai Ahmadi, un ingeniero técnico, de 43 años, de «Nutrition and Education International», una organización estadounidense sin ánimo de lucro, no tenía vínculos con ISIS-K.

Emal Ahmadi dijo a CNN que, aunque el reconocimiento por parte de Estados Unidos de que su hermano mayor era una víctima y no un terrorista trajo algo de consuelo a la familia, todavía están luchando por entender lo que pasó.

«Estados Unidos sabía que en esta zona, dentro del coche, había niños, ¿por qué atacaron a inocentes en esta zona?», preguntó.

Zamarai Ahmadi, segundo de izquierda a derecha, trabajaba para la organización estadounidense sin ánimo de lucro Nutrition and Education International desde 2006.

Su hija Malika murió en el ataque junto a su tío, sus siete primos y otro niño. Sólo tenía dos años.
«Todos ellos son inocentes, como mi linda hija… era tan adorable», dijo.

Emal Ahmadi habló con CNN en el interior de la casa familiar dañada, una construcción de dos pisos en un ordenado barrio de Kabul que Zamarai Ahmadi compartía con sus tres hermanos y sus esposas e hijos. La puerta de metal verde, atravesada por la metralla hace tres semanas, está ahora custodiada por los talibanes. En las calles, los niños juegan.

Nadie ha limpiado el lugar ni ha retirado los escombros que siguen esparcidos por el recinto. El esqueleto quemado de un Toyota Corolla blanco, el objetivo del ataque con drones, sigue en medio del patio, con el techo volado. Varios de los niños estaban en el coche cuando cayó el misil, dijo la familia.

Sus pequeñas sandalias, calcinadas y deformadas por el calor de la explosión, yacen sobre los escombros.

Blinken defiende la salida de EE.UU. de Afganistán 1:27

En la cocina de arriba, dos patatas, un cuchillo y una especia de color rojo brillante descansan preparados junto a la olla. Un recuerdo de una cena familiar que nunca tuvo lugar.

Emal Ahmadi dijo que ningún funcionario estadounidense se ha puesto en contacto con la familia directamente.

El secretario de Defensa de EE.UU., Lloyd J. Austin III, ha ofrecido sus condolencias en un comunicado emitido el viernes, calificando a Ahmadi de «víctima inocente» cuyas actividades eran «completamente inofensivas». «Pedimos disculpas y nos esforzaremos por aprender de este horrible error», dijo.

El general Frank McKenzie, comandante del Comando Central de EE.UU., dijo que el Pentágono estaba considerando el pago de indemnizaciones a la familia y afirmó que, aunque era «muy difícil» llegar a la gente «sobre el terreno en Afganistán», lo intentarán.

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Cuando se les preguntó qué querían de Estados Unidos, Emal Ahmadi y su hermano Romal, cuyos tres hijos –Aayat, de 2 años; Binyamen, de 6, y Armin, de 7–  también murieron en el ataque, dijeron «justicia».

En un polvoriento cementerio de Kabul donde sus hijos, su hermano y otros familiares fueron enterrados hace unas semanas, Romal Ahmadi dijo a CNN que quiere que los operadores de los drones sean juzgados por los asesinatos en los tribunales.

La familia tuvo que pedir dinero prestado para pagar los funerales, eran tantos que no podían pagar de su propio bolsillo.

Al preguntarle si alguna vez podría perdonar a Estados Unidos por lo ocurrido, Emal Ahmadi dijo «tal vez».

«Pero cómo voy a hacer [eso]… He perdido a toda mi familia… nadie puede devolvérmela», dijo.

Con información de Anna Coren, Sandi Sindu y Julia Hollingsworth.

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