Cómo pueden ser más inclusivos los gimnasios y estudios

(CNN)–  Tras más de una década practicando yoga, Paris Alexandra seguía experimentando la misma situación: ser la única en la sala que se parecía a ella.
«Estuve en muchos estudios de yoga diferentes donde era la única mujer negra o la única mujer de talla grande», recuerda Alexandra. «Así que siempre fue diferente navegar por esos espacios».

Esa sensación de aislamiento y ansiedad impide a muchas entrar en un gimnasio o estudio. Las investigaciones sobre la industria del fitness sugieren que factores como la raza, la etnia, el peso y la imagen corporal influyen en que alguien se sienta lo suficientemente bienvenido y cómodo como para hacer ejercicio en determinados entornos.

«Muchas comunidades marginadas se sienten estigmatizadas porque no se sienten comprendidas en los espacios de ejercicios», dice Carlos Dávila, psicólogo deportivo y responsable de diversidad e inclusión en el estudio Fhitting Room de Nueva York. No encajar conlleva mucha presión, dice, así que «se convierte en una energía muy diferente cuando estás en un espacio al que no sientes que perteneces».

El psicólogo deportivo e instructor de fitness Carlos Davila afirma que impartir clases en espacios públicos es una de las formas en que los gimnasios y estudios pueden conectar con nuevos clientes de diversas comunidades.

Abriendo espacios

Durante su capacitación como profesora de yoga, Alexandra conoció a Alicia Ferguson, una de las dos compañeras de color del programa. Gracias a la formación en marketing de Ferguson y a la experiencia en organización comunitaria de Alexandra, cofundaron su propio estudio de yoga, BK Yoga Club, en Brooklyn.

Las mujeres crearon conscientemente el BK Yoga Club para que fuera seguro, inclusivo y sin prejuicios, un lugar en el que pudieran mostrarse como su auténtico yo y empoderar a otros para que hicieran lo mismo.

«Realmente, en la base de nuestro ADN, la forma en que construimos BK Yoga Club fue sobre la inclusión del cuerpo», dice Ferguson. «Realmente no nos enfocamos en estar físicamente en forma, sino más bien en estar en forma mentalmente, espiritualmente y en cosas que se sienten bien en tu cuerpo en oposición a cómo te estás viendo en tu cuerpo».

Desde su apertura a principios de 2019, el mensaje y la misión del estudio han atraído a una base de clientes que es aproximadamente de un 80% de mujeres de color, un contraste notable con la industria general del yoga en Estados Unidos, que según datos federales recientes sigue siendo mayoritariamente blanca. Además de la diversidad racial, Ferguson dice que el BK Yoga Club cuenta con un número de clientes queer y expresiones de género que difieren de las normas sociales.

La cofundadora de BK Yoga Club, Alicia Ferguson, dice que poner una cafetería en el estudio fue intencional: «No hay muchas cafeterías de bienestar propiedad de mujeres negras. Y así conseguimos realmente ser esa representación en nuestra comunidad».

Construir una comunidad

Durante el verano, el estudio se trasladó a un local más amplio en el barrio de Bedford-Stuyvesant de Brooklyn. Con espacio para un nuevo patio trasero y una cafetería, Ferguson y Alexandra diseñaron el nuevo espacio para ayudar a los clientes y a los miembros de la comunidad a conectarse entre sí dentro y fuera de la práctica de yoga.

Como mujer latina multirracial, Yelitza León dice que asistir a otras clases de yoga en el pasado la hacía sentir cohibida por su presencia y su práctica. Pero desde el momento en que entró por primera vez en BK Yoga Club, dice que inmediatamente se sintió como en casa.

«Era un espacio en el que me sentía segura para ser yo misma», dice. «Todos los instructores estaban muy capacitados, y había una comprensión de la profundidad de la necesidad colectiva de sanar, por lo que era un espacio que se sentía bien».

Es crucial que las comunidades históricamente desatendidas tengan este tipo de espacios, dice Davila, especialmente para ayudar a sobrellevar un año tan traumático. «Tendemos a ser las comunidades que se enfrentan a más problemas de salud o a déficits alimentarios o de fitness, en las que no tenemos acceso a los recursos que mitigarían gran parte del estrés que tienen nuestras comunidades», añade.

Dávila dice que el caso de negocio para la inclusión en el fitness es claro: «Si observas la investigación, los millennials y los de la Gen Z no están gastando dinero en espacios que no están hablando de estos temas. Simplemente no lo hacen».

Lo que pueden hacer los profesionales del fitness

Generar conciencia cultural: la conciencia derivada de la alfabetización cultural es clave, dice Davila, cuya investigación académica se especializa en la diversidad, la equidad y la inclusión en el fitness. Como instructor de ejercicios en grupo descubrió que la comprensión de la interseccionalidad y la capacidad de leer la sala son habilidades esenciales.

«Una de las formas más sencillas para los profesionales del fitness de crear un espacio más inclusivo y acogedor es ser consciente de lo que ocurre en tu espacio, ser consciente de la energía en la sala, ser consciente de las brechas y las comunicaciones que pueden estar ocurriendo en torno a las comunidades marginadas», añade.

Formación continua: obtener un certificado de aptitud física es el primer paso, pero Dávila afirma que los profesionales deben seguir aprendiendo para servir mejor a sus clientes.

Los instructores deben aprender a adaptar las modificaciones a una amplia gama de capacidades, formas y tamaños de cuerpo. Dávila dice que los profesionales del fitness deben estar preparados para cualquier cuerpo que entre en su espacio, y añade que él tomó una capacitación adicional para adaptar sus clases para sus clientas embarazadas.

Las cofundadoras de BK Yoga Club dicen que recurren continuamente a su red de expertos y especialistas en diversidad, equidad e inclusión (DEI) para que las apoyen en las áreas en las que todavía están aprendiendo y creciendo.

«Llevo bastante tiempo en este espacio y sigo aprendiendo cosas nuevas», coincide Dávila.

Contratación: como ejecutivo de la diversidad, Davila reconoce que a veces puede ser un reto encontrar una mezcla de candidatos debido a las normas culturales sobre el fitness como ocupación. Pero en última instancia, dice, todo se reduce al compromiso de la dirección con la causa. Como reflejo de su base de clientes, el personal docente de BK Yoga Club incluye instructores queer y de género no conforme y está compuesto en su mayoría por mujeres negras y morenas, decisiones conscientes por parte de las fundadoras.

Marketing: Davila afirma que si un plan de marketing destaca solo a una parte de la población, cualquiera que no forme parte de ese grupo no se sentirá bienvenido en ese espacio. «Si tu mensaje es la inclusión, si tu mensaje es la diversidad corporal, entonces todo eso tiene que ser representativo en tu publicidad», añade.

Las empresas que venden ropa también deben tener en cuenta las tallas disponibles. La investigación de Davila ha descubierto que la exclusividad o la inclusión de tallas tiene un impacto «significativo» en la imagen que los clientes tienen de ese espacio y en su permanencia. Como le dijeron los grupos de discusión de Davila, «si no me muestras que eres diferente, si no me muestras que me quieres aquí, no voy a gastar mi dinero aquí».

Lenguaje: el lenguaje también importa, desde la forma en que los instructores se dirigen a sus alumnos hasta la música que suena en clase. Dado que en los espacios de fitness se ha utilizado históricamente un lenguaje sexista, Dávila dice que hay que trabajar para desaprender y practicar el uso de las alternativas adecuadas. Las fundadoras de BK Yoga Club dicen que utilizan conscientemente un lenguaje empoderador y neutro desde el punto de vista del género en las clases y que no enseñan cánticos por respeto a las raíces del yoga en una cultura diferente a la suya.

Accesibilidad: el auge de las clases en línea ha abierto un nuevo mundo de oportunidades tanto para los gimnasios y estudios como para los clientes. A través de sus plataformas digitales, el alcance de BK Yoga Club se ha expandido por todo el país y parte de Europa, Sudamérica y las islas del Pacífico. Las opciones virtuales pueden ser más convenientes para los clientes que no se sienten cómodos asistiendo en persona, necesitan más flexibilidad en su horario o viven demasiado lejos. Las opciones en línea también pueden ofrecerse a precios más bajos que las clases presenciales, cuyo costo puede ser un factor disuasorio para muchos.

«Creo que el sector del fitness se encuentra ahora mismo en una posición ideal para ser más inclusivo, porque hay muchas más plataformas digitales», afirma Davila. «Si los espacios son inteligentes, las clases online van a permanecer después de la pandemia, cuando sea que termine».

(CNN)–  Tras más de una década practicando yoga, Paris Alexandra seguía experimentando la misma situación: ser la única en la sala que se parecía a ella.
«Estuve en muchos estudios de yoga diferentes donde era la única mujer negra o la única mujer de talla grande», recuerda Alexandra. «Así que siempre fue diferente navegar por esos espacios».

Esa sensación de aislamiento y ansiedad impide a muchas entrar en un gimnasio o estudio. Las investigaciones sobre la industria del fitness sugieren que factores como la raza, la etnia, el peso y la imagen corporal influyen en que alguien se sienta lo suficientemente bienvenido y cómodo como para hacer ejercicio en determinados entornos.

«Muchas comunidades marginadas se sienten estigmatizadas porque no se sienten comprendidas en los espacios de ejercicios», dice Carlos Dávila, psicólogo deportivo y responsable de diversidad e inclusión en el estudio Fhitting Room de Nueva York. No encajar conlleva mucha presión, dice, así que «se convierte en una energía muy diferente cuando estás en un espacio al que no sientes que perteneces».

El psicólogo deportivo e instructor de fitness Carlos Davila afirma que impartir clases en espacios públicos es una de las formas en que los gimnasios y estudios pueden conectar con nuevos clientes de diversas comunidades.

Abriendo espacios

Durante su capacitación como profesora de yoga, Alexandra conoció a Alicia Ferguson, una de las dos compañeras de color del programa. Gracias a la formación en marketing de Ferguson y a la experiencia en organización comunitaria de Alexandra, cofundaron su propio estudio de yoga, BK Yoga Club, en Brooklyn.

Las mujeres crearon conscientemente el BK Yoga Club para que fuera seguro, inclusivo y sin prejuicios, un lugar en el que pudieran mostrarse como su auténtico yo y empoderar a otros para que hicieran lo mismo.

«Realmente, en la base de nuestro ADN, la forma en que construimos BK Yoga Club fue sobre la inclusión del cuerpo», dice Ferguson. «Realmente no nos enfocamos en estar físicamente en forma, sino más bien en estar en forma mentalmente, espiritualmente y en cosas que se sienten bien en tu cuerpo en oposición a cómo te estás viendo en tu cuerpo».

Desde su apertura a principios de 2019, el mensaje y la misión del estudio han atraído a una base de clientes que es aproximadamente de un 80% de mujeres de color, un contraste notable con la industria general del yoga en Estados Unidos, que según datos federales recientes sigue siendo mayoritariamente blanca. Además de la diversidad racial, Ferguson dice que el BK Yoga Club cuenta con un número de clientes queer y expresiones de género que difieren de las normas sociales.

La cofundadora de BK Yoga Club, Alicia Ferguson, dice que poner una cafetería en el estudio fue intencional: «No hay muchas cafeterías de bienestar propiedad de mujeres negras. Y así conseguimos realmente ser esa representación en nuestra comunidad».

Construir una comunidad

Durante el verano, el estudio se trasladó a un local más amplio en el barrio de Bedford-Stuyvesant de Brooklyn. Con espacio para un nuevo patio trasero y una cafetería, Ferguson y Alexandra diseñaron el nuevo espacio para ayudar a los clientes y a los miembros de la comunidad a conectarse entre sí dentro y fuera de la práctica de yoga.

Prueba esta rutina de yoga de 5 minutos antes de acostarte a dormir

Como mujer latina multirracial, Yelitza León dice que asistir a otras clases de yoga en el pasado la hacía sentir cohibida por su presencia y su práctica. Pero desde el momento en que entró por primera vez en BK Yoga Club, dice que inmediatamente se sintió como en casa.

«Era un espacio en el que me sentía segura para ser yo misma», dice. «Todos los instructores estaban muy capacitados, y había una comprensión de la profundidad de la necesidad colectiva de sanar, por lo que era un espacio que se sentía bien».

Es crucial que las comunidades históricamente desatendidas tengan este tipo de espacios, dice Davila, especialmente para ayudar a sobrellevar un año tan traumático. «Tendemos a ser las comunidades que se enfrentan a más problemas de salud o a déficits alimentarios o de fitness, en las que no tenemos acceso a los recursos que mitigarían gran parte del estrés que tienen nuestras comunidades», añade.

Dávila dice que el caso de negocio para la inclusión en el fitness es claro: «Si observas la investigación, los millennials y los de la Gen Z no están gastando dinero en espacios que no están hablando de estos temas. Simplemente no lo hacen».

Lo que pueden hacer los profesionales del fitness

Generar conciencia cultural: la conciencia derivada de la alfabetización cultural es clave, dice Davila, cuya investigación académica se especializa en la diversidad, la equidad y la inclusión en el fitness. Como instructor de ejercicios en grupo descubrió que la comprensión de la interseccionalidad y la capacidad de leer la sala son habilidades esenciales.

«Una de las formas más sencillas para los profesionales del fitness de crear un espacio más inclusivo y acogedor es ser consciente de lo que ocurre en tu espacio, ser consciente de la energía en la sala, ser consciente de las brechas y las comunicaciones que pueden estar ocurriendo en torno a las comunidades marginadas», añade.

Formación continua: obtener un certificado de aptitud física es el primer paso, pero Dávila afirma que los profesionales deben seguir aprendiendo para servir mejor a sus clientes.

Los instructores deben aprender a adaptar las modificaciones a una amplia gama de capacidades, formas y tamaños de cuerpo. Dávila dice que los profesionales del fitness deben estar preparados para cualquier cuerpo que entre en su espacio, y añade que él tomó una capacitación adicional para adaptar sus clases para sus clientas embarazadas.

Las cofundadoras de BK Yoga Club dicen que recurren continuamente a su red de expertos y especialistas en diversidad, equidad e inclusión (DEI) para que las apoyen en las áreas en las que todavía están aprendiendo y creciendo.

«Llevo bastante tiempo en este espacio y sigo aprendiendo cosas nuevas», coincide Dávila.

Contratación: como ejecutivo de la diversidad, Davila reconoce que a veces puede ser un reto encontrar una mezcla de candidatos debido a las normas culturales sobre el fitness como ocupación. Pero en última instancia, dice, todo se reduce al compromiso de la dirección con la causa. Como reflejo de su base de clientes, el personal docente de BK Yoga Club incluye instructores queer y de género no conforme y está compuesto en su mayoría por mujeres negras y morenas, decisiones conscientes por parte de las fundadoras.

Marketing: Davila afirma que si un plan de marketing destaca solo a una parte de la población, cualquiera que no forme parte de ese grupo no se sentirá bienvenido en ese espacio. «Si tu mensaje es la inclusión, si tu mensaje es la diversidad corporal, entonces todo eso tiene que ser representativo en tu publicidad», añade.

Las empresas que venden ropa también deben tener en cuenta las tallas disponibles. La investigación de Davila ha descubierto que la exclusividad o la inclusión de tallas tiene un impacto «significativo» en la imagen que los clientes tienen de ese espacio y en su permanencia. Como le dijeron los grupos de discusión de Davila, «si no me muestras que eres diferente, si no me muestras que me quieres aquí, no voy a gastar mi dinero aquí».

Lenguaje: el lenguaje también importa, desde la forma en que los instructores se dirigen a sus alumnos hasta la música que suena en clase. Dado que en los espacios de fitness se ha utilizado históricamente un lenguaje sexista, Dávila dice que hay que trabajar para desaprender y practicar el uso de las alternativas adecuadas. Las fundadoras de BK Yoga Club dicen que utilizan conscientemente un lenguaje empoderador y neutro desde el punto de vista del género en las clases y que no enseñan cánticos por respeto a las raíces del yoga en una cultura diferente a la suya.

Accesibilidad: el auge de las clases en línea ha abierto un nuevo mundo de oportunidades tanto para los gimnasios y estudios como para los clientes. A través de sus plataformas digitales, el alcance de BK Yoga Club se ha expandido por todo el país y parte de Europa, Sudamérica y las islas del Pacífico. Las opciones virtuales pueden ser más convenientes para los clientes que no se sienten cómodos asistiendo en persona, necesitan más flexibilidad en su horario o viven demasiado lejos. Las opciones en línea también pueden ofrecerse a precios más bajos que las clases presenciales, cuyo costo puede ser un factor disuasorio para muchos.

«Creo que el sector del fitness se encuentra ahora mismo en una posición ideal para ser más inclusivo, porque hay muchas más plataformas digitales», afirma Davila. «Si los espacios son inteligentes, las clases online van a permanecer después de la pandemia, cuando sea que termine».

Feedzy

0
    0
    Tu carrito
    Tu carrito está vacíoRegresar para ver