OPINIÓN | Una reflexión muy personal: ¡Mi primer viaje en 2 años!

Nota del editor: Mari Rodríguez Ichaso ha sido colaboradora de la revista Vanidades durante varias décadas. Es especialista en moda, viajes, gastronomía, arte, arquitectura y entretenimiento, productora de cine y columnista de estilo de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivamente suyas. Lee más artículos de opinión en cnne.com/opinion.

(CNN Español) — Muerta de miedo, debo confesarlo, la eterna viajera en mí decidió romper el hielo y viajar de vacaciones a Londres.

Dejar Nueva York –mi hogar y mi protección emocional y física durante los 18 meses de pandemia del covid– y lanzarme a la aventura de viajar, como quien se tira a una piscina de agua helada. Pero como escogí la ciudad de Londres, uno de mis lugares favoritos en el mundo, fue un buen comienzo para un tímido regreso a ‘la normalidad’.

Dejaba atrás mi casa y mis lugares familiares, donde he vivido bastante ‘escondida’ del mundo desde marzo del 2020, para volver a vivir como turista y viajera en una de las ciudades más armoniosas y bien organizadas que existen.

Fue buena idea empezar en Londres mi escapada. La obligación de hacerme los test de covid-19 antes de salir de Nueva York, durante mi estancia en Londres y antes de regresar a EE.UU. (3 test en 10 días a un costo personal de US$ 170) valió la pena y me hizo sentir segura y muy protegida. Y aunque en Londres la mayoría de la gente no lleva mascarilla, yo sí usaba la mía en lugares cerrados y en los restaurantes solo me la quitaba para comer. Donde me parecía correcto. Nunca estuve en molotes o en clubes nocturnos rodeada de multitudes.

El día que llegué, les confieso que me sentía un poco rara. Especialmente al ver que la gente actuaba con total normalidad. ¡Y sin mascarillas! Pero a los dos días de estar visitando museos, tiendas y caminando por los lugares que siempre he adorado, ya me sentía muy adaptada y, de pronto, los meses de encierro y temor en Manhattan fueron borrándose de mi vida. Y me sentía libre y feliz. ¡Qué maravilla!

Fui al Castillo de Windsor en un tour de un día y en el recorrido en autobús había pocos turistas y la mayoría llevábamos mascarillas. Todo bien organizado y muy natural. En los museos se usa la mascarilla y tienen gel hidroalcóholico en todas partes.

En restaurantes y pubs el ambiente era simpático y divertido, y muchas veces nos sentamos a comer en mesas al aire libre, que ahora abundan en Londres. Todo era sencillamente ideal.

Fueron días de sol de septiembre (encantadores) y mano a mano con disfrutar maravillosos lugares históricos con deliciosos restaurantes, el viaje fue una gran liberación física y emocional. Una renovación de la que he regresado muy contenta.

Resumiendo: ¿recomiendo o no viajar en estos momentos? Mi opinión muy personal es que si estamos vacunados y nos protegemos bien, es un plan que puede ser muy, muy, positivo. Y un regreso a una vida renovada y mucho más “normal”. Y a una bella renovación emocional –¡y hasta muy espiritual!–. ¡Y la pase tan bien que ya me entusiasmé a pasar, en diciembre, mi cumpleaños en París y ya compré el boleto! La vida continúa…

Nota del editor: Mari Rodríguez Ichaso ha sido colaboradora de la revista Vanidades durante varias décadas. Es especialista en moda, viajes, gastronomía, arte, arquitectura y entretenimiento, productora de cine y columnista de estilo de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivamente suyas. Lee más artículos de opinión en cnne.com/opinion.

(CNN Español) — Muerta de miedo, debo confesarlo, la eterna viajera en mí decidió romper el hielo y viajar de vacaciones a Londres.

Dejar Nueva York –mi hogar y mi protección emocional y física durante los 18 meses de pandemia del covid– y lanzarme a la aventura de viajar, como quien se tira a una piscina de agua helada. Pero como escogí la ciudad de Londres, uno de mis lugares favoritos en el mundo, fue un buen comienzo para un tímido regreso a ‘la normalidad’.

Dejaba atrás mi casa y mis lugares familiares, donde he vivido bastante ‘escondida’ del mundo desde marzo del 2020, para volver a vivir como turista y viajera en una de las ciudades más armoniosas y bien organizadas que existen.

Fue buena idea empezar en Londres mi escapada. La obligación de hacerme los test de covid-19 antes de salir de Nueva York, durante mi estancia en Londres y antes de regresar a EE.UU. (3 test en 10 días a un costo personal de US$ 170) valió la pena y me hizo sentir segura y muy protegida. Y aunque en Londres la mayoría de la gente no lleva mascarilla, yo sí usaba la mía en lugares cerrados y en los restaurantes solo me la quitaba para comer. Donde me parecía correcto. Nunca estuve en molotes o en clubes nocturnos rodeada de multitudes.

El día que llegué, les confieso que me sentía un poco rara. Especialmente al ver que la gente actuaba con total normalidad. ¡Y sin mascarillas! Pero a los dos días de estar visitando museos, tiendas y caminando por los lugares que siempre he adorado, ya me sentía muy adaptada y, de pronto, los meses de encierro y temor en Manhattan fueron borrándose de mi vida. Y me sentía libre y feliz. ¡Qué maravilla!

Fui al Castillo de Windsor en un tour de un día y en el recorrido en autobús había pocos turistas y la mayoría llevábamos mascarillas. Todo bien organizado y muy natural. En los museos se usa la mascarilla y tienen gel hidroalcóholico en todas partes.

En restaurantes y pubs el ambiente era simpático y divertido, y muchas veces nos sentamos a comer en mesas al aire libre, que ahora abundan en Londres. Todo era sencillamente ideal.

Fueron días de sol de septiembre (encantadores) y mano a mano con disfrutar maravillosos lugares históricos con deliciosos restaurantes, el viaje fue una gran liberación física y emocional. Una renovación de la que he regresado muy contenta.

Resumiendo: ¿recomiendo o no viajar en estos momentos? Mi opinión muy personal es que si estamos vacunados y nos protegemos bien, es un plan que puede ser muy, muy, positivo. Y un regreso a una vida renovada y mucho más “normal”. Y a una bella renovación emocional –¡y hasta muy espiritual!–. ¡Y la pase tan bien que ya me entusiasmé a pasar, en diciembre, mi cumpleaños en París y ya compré el boleto! La vida continúa…

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