Recomendaciones generales en caso de ser hospitalizado (2/2)

Foto Enric Moreu en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / POR ADRIÁN LOBO

Nota de enfermería de La Enfermera-Mera:
enfermo que usa facebook y mensajea, el diablo que se lo crea.

Presento a continuación la última de mis recomendaciones para que disfrute plenamente sus vacaciones premier en nuestro club GLX.

En cierta forma se relaciona estrechamente con el segundo de los puntos mencionados. Primero que nada, tenga muy presente que al médico no se le miente, cuéntele todo lo que necesite saber. No cometa el error de creer que hay algunas cosas de las que no necesita enterarse.

Obviamente si el motivo de la consulta es que le duelen los callos que tiene en los pies quizá sea conveniente no mencionar que en ese momento está teniendo molestias relacionadas con fenómenos gastrointestinales del tipo gaseoso que todo haga suponer es debido a un desayuno cuestionable. Creo que la idea principal está clara. Pero lo anterior fue un comentario sobre una situación paralela, ya que el asunto central va más en el siguiente tenor:

Ya está usted formalmente internado, recostado, usando una bata, su venoclisis está conectada y el suero pasa muy bien, “a chorro” (“chorroclisis”, bromean algunas enfermeras), en fin, que ya es un paciente en toda regla. Pero las situaciones incómodas no han hecho más que comenzar. Tarde o temprano recibirá el llamado de la naturaleza. Y ese llamado no lo convocará a otro lugar sino al baño, ¡ah sí! Y aquí inicia su calvario particular.

Esta es una situación inusual para usted, esta actividad acostumbra a realizarla muy libremente y en forma discreta, pero por ahora tendrá que olvidar eso. A la primera llamada usted dudará en hacer lo propio con la enfermera, pero la urgencia se hace pues… más urgente… y empieza algo como esto:

Paciente:

— Señorita… señorita… — La señorita aparentemente no lo escucha y pasa de largo.

Paciente, otra vez:

— Disculpe… señorita… — En vano. La señorita no escucha, no acude al llamado.

Podría también ser un médico el que ande por ahí, da igual, de todos modos, nadie le asiste todavía. Esto en franca desatención a las recomendaciones para evitar caídas de los pacientes que enfáticamente sugieren atender sus llamados lo más pronto posible. Después de “n” intentos infructuosos, finalmente alguien se acercará. Supongamos que es un joven médico. Se resolvió un problema, pero únicamente para que aparezca otro. No sabe usted cómo explicarle su necesidad. Al principio lo intenta, pero apenas y susurra:

Paciente, en voz baja:

— Tengo ganas de ir al baño…

Médico interno, elevando el volumen:

— Perdón, ¿cómo dijo?

Paciente, elevando un poco la voz:

— Tengo ganas de ir al baño, doctor…

Médico, alzando la voz aún más, como para que todo el hospital escuche:

— ¡Ah! Quiere ir al baño.

Paciente:

— Sí.

Pero no ha sido suficiente aún.

— ¿Qué va a hacer? —  Le pregunta el joven, en un alarde de falta de imaginación. Obviamente usted desea conservar cierto misterio entre ambos y le responde en forma un tanto críptica.

— Tengo ganas de hacer “del dos”.

Pero el medico necesita la información en claro, no desea dejar lugar a dudas. Y otra vez en voz alta le dice:

— No, no, dígame qué va a hacer, quiere orinar o quiere hacer c@c@.

— Lo segundo, doctor.

— ¡Ah! Quiere c@g@r, quiere hacer c@c@…

— Sí doctor. — A usted no le queda más remedio que ceder con un gesto de resignación y fastidio. Y se pregunta qué tan necesario es que todo el mundo se entere de ello. Y en esa forma precisamente.

Pero eso no es todo. El martirio continúa. Recuerde que usted no tiene permitido levantarse todavía. Pero, mantenga la calma, hay instrumentos de tortura heredados de la época de la inquisición que le “facilitaran” la tarea.

En caso de que haya usted elegido la opción número uno escuchará, no sin asombro, a quien le asiste soltar el siguiente comentario:

— Permítame, le voy a pasar un “pato”.

—¡Qué carambas…! — Pensará usted (quizá podría también expresar “¡Cuac!”). — No se conforman con darme un sapo verde en mi cumpleaños, ¿ahora en mis momentos de necesidad me darán un pato? ¿De qué me sirve un pato?

Pero mantenga la calma. De esa manera llaman, sin que nadie sepa explicar la razón (y no, no parece un pato, aunque tal vez algunos modelos se le asemejen si los mira con mucha imaginación), al orinal que le facilitaran para que fluya lo que tenga que fluir.

Pero podría ser peor, si tiene el paquete completo le acercarán un instrumento igualmente insufrible al que Satu dice que en España llaman “la cuña” y aquí en México se atreven a llamarle “cómodo”, pero que no es más que una especie de bacinica que se pone en la cama para que el paciente haga lo que tenga que hacer. Ambas denominaciones son por lo menos inexactas, ya que no aprieta ni es confortable. Y tienen que ayudarle a colocarlo. Mientras usted se encuentra en decúbito dorsal o decúbito supino (tumbado boca arriba, pues) le pedirán que eleve la cadera lo más que pueda y lo colocarán por debajo (quizá por eso le llaman cuña, pero aun así…). Cuando usted tome posición se dará cuenta de que el artilugio está frío ya que generalmente estos trastos son de metal y hará usted un gesto de entre asombro y dolor…

— ¿Qué pasa? —  Le preguntarán al ver su expresión.

— ¡Está frío!

— Ah, sí, está un poco frío… — Escuchará como respuesta mientras usted piensa “…habrían podido al menos advertirme…”.

Pronto notará que “el cómodo” además de no serlo para nada, también tiene la propiedad de quitarle todo deseo de hacer cualquier cosa, además de que no le facilitará en lo más mínimo la labor y hará que le surjan muchas dudas: “¿Me tengo que sentar?”, “¿Puedo usarlo así, acostado?”, “¿Cómo se supone que funciona esto?”, “Se me hace que lo colocaron al revés…” 

Entonces pedirá que lo retiren. “Tal vez más tarde”, le dirán en referencia a lo que pudo haber sido y no fue. Y usted deseará que ese momento no llegue. Pues no sólo es la dificultad del proceso en sí mismo. A eso tiene que añadirle que se encuentra en una sala con varios pacientes más y aunque usualmente hay una cortina que se puede correr para dar aunque sea la ilusión de privacidad, pocas veces la extienden porque supuestamente dificulta el acceso al paciente. ¿Y entonces por qué no mejor las quitan? Es un misterio.

ADRIÁN LOBO |hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199

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