Sopa de Letras

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

A mediados del año de 1997, tenía poco de haber concluido mis estudios de Ciencias de la comunicación en la UNAM, y con escasos 25 años, acumulaba poco más de un lustro en el medio periodístico.

Acababa de concluir mi primera encomienda en el servicio público, como jefe de comunicación social en el Ayuntamiento de Cuernavaca, donde tuve la oportunidad de colaborar con el que hasta el momento muchos consideramos el mejor alcalde que ha tenido la capital morelense: Alfonso Sandoval Camuñas, lamentablemente ya fallecido.

Me enfrentaba a la disyuntiva de encontrar un nuevo trabajo en los medios; Morelos se encontraba ya bajo el fallido mandato de Jorge Carrillo Olea —defenestrado un año más tarde, en un trance político que aún tiene a Morelos en un limbo que parece interminable—, pero no me apetecía mucho regresar al entorno del diarismo.

Fue entonces que, en sociedad con un entrañable amigo, Eliezer Aragón, a quien conocí cuando era integrante de la corresponsalía de Televisa en Morelos y quien posteriormente fue mi compañero de aula en CU, iniciamos un pequeño negocio dedicado al servicio de síntesis informativa.

Con el apoyo de algunos jóvenes formados en la brega del armado y corrección de galeras en diarios locales, comenzamos a editar de lunes a viernes una recopilación de notas periodísticas de medios locales y nacionales. En esos años, el periodismo radiofónico comenzó a tener una mayor presencia en el entorno local y nacional —las principales difusoras tenían entre sus productos de mayor audiencia noticiarios de larga duración o programas de comentarios—, por lo que decidimos agregar a nuestro servicio un resumen ejecutivo de los principales noticiarios locales.

Sin falsas modestias, fuimos la primera empresa en Morelos en ofrecer un servicio de monitoreo de noticias de radio y TV que se entregaba de martes a viernes.  Como los domingos no había noticieros, todos los lunes publicábamos un recuento de las noticias más importantes de la semana, organizado por temas, y que rematábamos con una sección titulada “Así lo dijeron”… que era una recopilación de las frases destacadas de la semana de parte de los personajes de la vida pública estatal. Muchas veces ésa sección podía pasar de lo solemne a lo ridículo.

Fue en esos años de trabajo independiente donde acrecenté dos de mis más grandes aficiones: leer todo tipo de columnas y reportajes —de política, deportes, cultura o farándula— y escuchar programas de debate. Una verdadera maravilla tener un trabajo donde tu hobby formaba parte de tu labor cotidiana.

Estábamos en los albores del internet; apenas  comenzaba el uso del correo electrónico como herramienta de trabajo, así que nuestro servicio de síntesis informativa (que inicialmente se llamaba “Enlace”), lo entregábamos en ejemplares fotocopiados en tamaño carta. Nuestros suscriptores recibían los ejemplares en su oficina o domicilio cada mañana, por lo que la labor de elaboración de la síntesis comenzaba desde las cinco de la mañana; comenzábamos a monitorear noticieros desde las 7 y cerrábamos edición con el ultimo noticiero televisivo local, que terminaba a las nueve de la noche. Es decir, era un trabajo de leer, escuchar y resumir noticias todo el día y a toda hora.

No fuimos la primera empresa en nuestro tipo en la localidad, pero tuvimos atributos que nos permitieron ir mejorando. Casi un año después de editar nuestro servicio,  nuestro principal competidor, Alberto González Bahena (un joven producto de la cultura del esfuerzo que llevaba años de experiencia como encargado de las áreas de síntesis del Congreso Local y de algunos Ayuntamientos), nos contactó para ofrecernos unir fuerzas para fortalecer nuestras respectivas empresas . De esa manera, “Enlace” y “Panorama Informativo” (la empresa de Alberto), dieron lugar al nacimiento de “Morelos A.M.”, cuya principal cualidad era entregar a cada cliente una síntesis especializada de noticias: teníamos una compilación general de las noticias más relevantes del día (portadas de los diarios, notas principales, columnas, cartones políticos), pero a su vez cada cliente recibía un dossier con información específica de su sector de interés: política, economía, información municipal, seguridad y justicia, sector laboral, educación y hasta ecología. Llegamos a tener cerca de 150 suscriptores, que en una ciudad tan pequeña como Cuernavaca, representaba prácticamente todo el círculo rojo del sector gubernamental y de los medios.

En esos años obtuve una particular visión de la independencia periodística. Dicho trabajo me dio la oportunidad de continuar ejerciendo algunas actividades paralelas como comentarista, analista de medios y consultor, pero también me permitió ser más selectivo con los trabajos que me permitía desarrollar en el área de medios. Finalmente, tenía una pequeña empresa que me permitía no depender económicamente de una relación laboral con un medio; e incluso, tenía contacto permanente con columnistas, editores y conductores de noticias, tanto por relación de amistad como para comentar o compartir información. Y la relación con políticos y funcionarios —muchos de ellos eran nuestros suscriptores— estaba lejos del esquema tan complejo que a veces se da entre reporteros o columnistas. A algunos de ellos les llegaba a comentar “nuestro deber es entregarle por delante las malas noticias; aclararlas o desmentirlas ya es trabajo de su oficina de prensa”.

Por supuesto que nuestra labor no estuvo exenta de errores o imprudencias propias de los impulsos juveniles (los tres socios de la microempresa éramos menores de 30 años),  pero dicho trabajo me permitió observar desde una posición privilegiada cuando menos tres procesos electorales, dos transiciones gubernamentales y cambios importantes en la vida política del estado, como la caída de Carrillo Olea, la victoria panista en el 2000 y las movilizaciones sociales por la crisis de seguridad que comenzó a azotar al estado.

A finales de 2003 decidí dejar la empresa para atender otros intereses profesionales; Alberto tuvo que retirarse por motivos de salud —padecía insuficiencia renal crónica— y Eliezer optó por culminar sus estudios en el área de la educación, para dedicarse poco después al magisterio. Lamentablemente mis dos ex compañeros ya fallecieron, pero también es evidente que los cambios tecnológicos nos habrían obligado a transformar drásticamente nuestro sistema de trabajo, que era casi artesanal.

Aunque durante varios años tuve la oportunidad de continuar desarrollando mi trabajo en el ámbito de la comunicación periodística, tanto como reportero, conductor de noticias o en el servicio público, nada puede equipararse a ese periodo de aprendizaje al que se puede acceder leyendo, escuchando y resumiendo el trabajo de los profesionales de la noticia.

Creo que es precisamente ése bagaje el que me ha impulsado a buscar una voz propia,  búsqueda que no siempre es comprendida, pero que hasta la fecha, sigue siendo el principal estímulo para efectuar mi trabajo como columnista.

Todavía recuerdo cierta ocasión, en Matamoros, Tamaulipas, cuando un periodista de viejo cuño, Armando González Treviño (“El Feyoyo”), me hacía una crítica, constructiva desde su punto de vista, a mi trabajo como columnista político. “Me gusta mucho su columna La Ley de Herodes, pero creo que tiene varios defectos. Debería usted de poner los nombres de los políticos en negritas o en mayúsculas, para que identifiquen bien que se refiere a ellos. Esos cabrones son bien ególatras, cualquier halago o ataque les llega en lo más profundo. Con ese estilo que tiene nunca va a hacer dinero como columnista”, remataba don Armando con su impecable acento norteño.

En ese momento supe perfectamente qué clase de columna NO quería hacer. 

Y parte de ése resultado, lo comparto cada semana con la comunidad de Notas Sin Pauta. 

Lo dicho: chango viejo no aprende maroma nueva…

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

The Beatles  (Inglaterra) / “Paperback writer”

Los Zigarros (España) / “Apaga la radio”

Aretha Franklin  (Estados Unidos) / “Good News”

Kase O (España)/ “Renacimiento”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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