OPINIÓN | ¿Cómo protegernos de los fallos de Facebook?

Nota del editor: Kara Alaimo, profesora asociada de Relaciones Públicas en la Universidad de Hofstra, es autora de «Pitch, Tweet, or Engage on the Street: How to Practice Global Public Relations and Strategic Communication». Fue portavoz de Asuntos Internacionales en el Departamento del Tesoro durante el gobierno de Obama. Síguela en Twitter como @karaalaimo. Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las de la autora.

(CNN) — Facebook está ignorando la verdad, en detrimento tuyo.

Kara Alaimo.

Eso es lo que alegó una mujer que solía trabajar allí en una sorprendente entrevista en «60 Minutes», el domingo por la noche. Frances Haugen, exgerente de Producto de Facebook, y ahora denunciante, dijo que la empresa es muy consciente de que su red social se utiliza para promover el odio, la violencia y la desinformación, pero ha tratado de ocultar las evidencias para generar más ingresos. Algunas de las decenas de miles de páginas de investigación y documentos internos que Haugen reveló se publicaron anteriormente como parte de una serie de The Wall Street Journal que mostraba que Facebook sabe que su producto es tóxico para adolescentes.

«Lo que vi en Facebook una y otra vez fue que había conflictos de intereses entre lo que era bueno para el público y lo que era bueno para Facebook, y Facebook una y otra vez eligió optimizar a favor de sus propios intereses, como ganar más dinero», dijo Haugen en la entrevista.

ANÁLISIS | Lo que supimos por la denunciante de Facebook… y cómo respondió Facebook

Aunque es espantoso enfrentarse al hecho de que el uso de Instagram tiene efectos nocivos para las jóvenes y que Facebook parece haber priorizado su propio crecimiento y ganancias por encima de frenar los efectos tóxicos de sus plataformas, no debería ser sorprendente. Lo que sí es sorprendente es la medida en que Facebook parece haber ignorado el daño evidente que estaba causando a la sociedad en el proceso, desde la contribución a la mala imagen corporal hasta la depresión en adolescentes.

Estas revelaciones deberían ser una llamada de atención para que los usuarios de las redes sociales o aquellos que están educando a los usuarios potenciales de las redes sociales sean conscientes de los peligros. Si no vamos a abandonar estas plataformas de forma masiva –lo que, admitámoslo, no es probable que ocurra–, es hora de idear formas de protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. La rendición de cuentas puede tardar mucho tiempo en llegar para una empresa experta en evitarla, y desde luego no podemos contar con que la empresa proteja a los usuarios de sus decisiones perjudiciales mientras tanto. La solución comienza con la educación, especialmente de los potenciales usuarios más jóvenes de la plataforma.

Facebook, por supuesto, refutó tanto la premisa de las afirmaciones de Haugen como los informes de The Wall Street Journal por considerarlos representaciones selectivas de los hechos. «Cada día nuestros equipos tienen que equilibrar la protección de la capacidad de miles de millones de personas para expresarse abiertamente con la necesidad de mantener nuestra plataforma como un lugar seguro y positivo», dijo Lena Pietsh, portavoz de la compañía, a CNN Business. «Seguimos haciendo mejoras significativas para hacer frente a la difusión de la desinformación y el contenido dañino. Sugerir que fomentamos el mal contenido y no hacemos nada es simplemente falso».

Y aunque es indignante que Facebook no reconozca ni se esfuerce por solucionar los problemas de su plataforma que Haugen describió, lo que es aún más sorprendente es que todo esto parece ser una novedad para muchos de sus usuarios y para los legisladores. Los senadores solo iniciaron una investigación sobre los efectos de Facebook en los jóvenes tras la publicación del informe de The Wall Street Journal.

La caja de Pandora que hundiría a Facebook, según experto 1:38

Mientras tanto, investigaciones han demostrado, desde hace tiempo, que Facebook provoca en los usuarios sentimientos negativos sobre sí mismos, ya que la gente utiliza la plataforma para publicar versiones glamorosas de sus vidas, lo que hace que otros, especialmente los jóvenes más vulnerables, sientan que no están a la altura. Un estudio realizado en 2020 sobre adolescentes canadienses, por ejemplo, descubrió que tanto los chicos como las chicas –pero especialmente las chicas– que pasan más tiempo frente a las pantallas y menos tiempo realizando actividades extraescolares son más propensas a sufrir ansiedad y depresión y a sentirse menos satisfechos con sus vidas.

Así pues, el debate que deberíamos tener no es sobre si Facebook sabe que su producto es perjudicial. Estos hechos quedaron demostrados por investigadores independientes hace mucho tiempo, por lo que es prácticamente inconcebible que la empresa no sea consciente de que está promoviendo la infelicidad y la desinformación. Más bien, la pregunta que deberíamos hacernos hoy es por qué los estadounidenses siguen pasando tanto tiempo de sus vidas en una plataforma que los deja infelices y divididos.

Hay respuestas obvias, tan básicas, tan fundamentales, que casi parecen inverosímiles y descabelladas: encontrar fuentes de alegría. Todos podríamos pasar menos tiempo comparándonos con los demás y más tiempo saliendo a la calle y viendo a los amigos y la familia. Pero entre la pandemia y nuestra propia naturaleza humana (que Facebook también explota, por cierto), estas soluciones no son suficientes por sí solas. Los estadounidenses deben comprender mejor los peligros de Facebook y adoptar algunas estrategias de gestión de riesgos.

La cantidad de tiempo que pasamos en las redes sociales supone una amenaza real para nuestra democracia. Como señalé antes, millones de personas leyeron información errónea sobre las elecciones presidenciales de 2016 en Internet antes de emitir su voto. Las conspiraciones alucinantes también ayudaron a que la gente asaltara el Capitolio, el 6 de enero. Así que los estadounidenses tienen que mejorar para identificar y no caer en las noticias falsas y los contenidos incendiarios. Haugen dijo que Facebook sabe que el contenido que provoca ira mantiene a la gente en el sitio. Como demostró el motín en el Capitolio, las consecuencias de avivar la indignación pueden ser mortales.

The Daily Beast descubrió que las publicaciones de los troles rusos, diseñadas para sembrar la discordia doméstica, obtienen nueve veces más likes, retuits y respuestas en inglés que en otros idiomas. ¿Por qué los estadounidenses son tan susceptibles a la ira y tan malos para detectar la desinformación?

Parte del problema, según escriben Mia Bloom –una profesora que estudia el extremismo– y Sophia Moskalenko –una psicóloga que estudia los conflictos y las conspiraciones– en «Pastels and Pedophiles: Inside the Mind of QAnon», publicado a principios de este año, es la falta de educación. Ofrecen un ejemplo contrastante: «Los estudiantes de Finlandia aprenden a identificar las noticias falsas estudiando ejemplos de historias falsas, fotos alteradas y contenido divisivo diseñado para fomentar el conflicto grupal».

«Desde la escuela primaria, los niños finlandeses practican la clasificación de los contenidos online en verdad o ficción, evaluando la parcialidad de los medios de comunicación y descifrando cómo el contenido clickbait se aprovecha de las emociones de los usuarios», agregan. Necesitamos un programa similar en todas las escuelas primarias estadounidenses.

Bloom y Moskalenko también piden, con razón, que las bibliotecas ofrezcan cursos para adultos sobre cómo detectar la desinformación y protegerse en Internet. Tenemos que acudir a los medios de comunicación legítimos para informarnos, y no confiar en Facebook, que planea promocionar contenidos que percibe como favorables y puede dejar de mostrarnos noticias importantes si la empresa no cree que a la gente (literalmente) le gustará y participará en ellas.

La única manera de protegernos contra el daño causado por Facebook es empezar a confiar en otras fuentes de información para divertirnos y formarnos, como los parques, los pasatiempos, los amigos y las fuentes de noticias legítimas. Probablemente sea también la única forma de conseguir que la empresa se tome en serio las amenazas que supone para los usuarios y se esfuerce por solucionarlas.

Nota del editor: Kara Alaimo, profesora asociada de Relaciones Públicas en la Universidad de Hofstra, es autora de «Pitch, Tweet, or Engage on the Street: How to Practice Global Public Relations and Strategic Communication». Fue portavoz de Asuntos Internacionales en el Departamento del Tesoro durante el gobierno de Obama. Síguela en Twitter como @karaalaimo. Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las de la autora.

(CNN) — Facebook está ignorando la verdad, en detrimento tuyo.

Kara Alaimo.

Eso es lo que alegó una mujer que solía trabajar allí en una sorprendente entrevista en «60 Minutes», el domingo por la noche. Frances Haugen, exgerente de Producto de Facebook, y ahora denunciante, dijo que la empresa es muy consciente de que su red social se utiliza para promover el odio, la violencia y la desinformación, pero ha tratado de ocultar las evidencias para generar más ingresos. Algunas de las decenas de miles de páginas de investigación y documentos internos que Haugen reveló se publicaron anteriormente como parte de una serie de The Wall Street Journal que mostraba que Facebook sabe que su producto es tóxico para adolescentes.

«Lo que vi en Facebook una y otra vez fue que había conflictos de intereses entre lo que era bueno para el público y lo que era bueno para Facebook, y Facebook una y otra vez eligió optimizar a favor de sus propios intereses, como ganar más dinero», dijo Haugen en la entrevista.

ANÁLISIS | Lo que supimos por la denunciante de Facebook… y cómo respondió Facebook

Aunque es espantoso enfrentarse al hecho de que el uso de Instagram tiene efectos nocivos para las jóvenes y que Facebook parece haber priorizado su propio crecimiento y ganancias por encima de frenar los efectos tóxicos de sus plataformas, no debería ser sorprendente. Lo que sí es sorprendente es la medida en que Facebook parece haber ignorado el daño evidente que estaba causando a la sociedad en el proceso, desde la contribución a la mala imagen corporal hasta la depresión en adolescentes.

Estas revelaciones deberían ser una llamada de atención para que los usuarios de las redes sociales o aquellos que están educando a los usuarios potenciales de las redes sociales sean conscientes de los peligros. Si no vamos a abandonar estas plataformas de forma masiva –lo que, admitámoslo, no es probable que ocurra–, es hora de idear formas de protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. La rendición de cuentas puede tardar mucho tiempo en llegar para una empresa experta en evitarla, y desde luego no podemos contar con que la empresa proteja a los usuarios de sus decisiones perjudiciales mientras tanto. La solución comienza con la educación, especialmente de los potenciales usuarios más jóvenes de la plataforma.

Facebook, por supuesto, refutó tanto la premisa de las afirmaciones de Haugen como los informes de The Wall Street Journal por considerarlos representaciones selectivas de los hechos. «Cada día nuestros equipos tienen que equilibrar la protección de la capacidad de miles de millones de personas para expresarse abiertamente con la necesidad de mantener nuestra plataforma como un lugar seguro y positivo», dijo Lena Pietsh, portavoz de la compañía, a CNN Business. «Seguimos haciendo mejoras significativas para hacer frente a la difusión de la desinformación y el contenido dañino. Sugerir que fomentamos el mal contenido y no hacemos nada es simplemente falso».

Y aunque es indignante que Facebook no reconozca ni se esfuerce por solucionar los problemas de su plataforma que Haugen describió, lo que es aún más sorprendente es que todo esto parece ser una novedad para muchos de sus usuarios y para los legisladores. Los senadores solo iniciaron una investigación sobre los efectos de Facebook en los jóvenes tras la publicación del informe de The Wall Street Journal.

La caja de Pandora que hundiría a Facebook, según experto 1:38

Mientras tanto, investigaciones han demostrado, desde hace tiempo, que Facebook provoca en los usuarios sentimientos negativos sobre sí mismos, ya que la gente utiliza la plataforma para publicar versiones glamorosas de sus vidas, lo que hace que otros, especialmente los jóvenes más vulnerables, sientan que no están a la altura. Un estudio realizado en 2020 sobre adolescentes canadienses, por ejemplo, descubrió que tanto los chicos como las chicas –pero especialmente las chicas– que pasan más tiempo frente a las pantallas y menos tiempo realizando actividades extraescolares son más propensas a sufrir ansiedad y depresión y a sentirse menos satisfechos con sus vidas.

Así pues, el debate que deberíamos tener no es sobre si Facebook sabe que su producto es perjudicial. Estos hechos quedaron demostrados por investigadores independientes hace mucho tiempo, por lo que es prácticamente inconcebible que la empresa no sea consciente de que está promoviendo la infelicidad y la desinformación. Más bien, la pregunta que deberíamos hacernos hoy es por qué los estadounidenses siguen pasando tanto tiempo de sus vidas en una plataforma que los deja infelices y divididos.

Hay respuestas obvias, tan básicas, tan fundamentales, que casi parecen inverosímiles y descabelladas: encontrar fuentes de alegría. Todos podríamos pasar menos tiempo comparándonos con los demás y más tiempo saliendo a la calle y viendo a los amigos y la familia. Pero entre la pandemia y nuestra propia naturaleza humana (que Facebook también explota, por cierto), estas soluciones no son suficientes por sí solas. Los estadounidenses deben comprender mejor los peligros de Facebook y adoptar algunas estrategias de gestión de riesgos.

La cantidad de tiempo que pasamos en las redes sociales supone una amenaza real para nuestra democracia. Como señalé antes, millones de personas leyeron información errónea sobre las elecciones presidenciales de 2016 en Internet antes de emitir su voto. Las conspiraciones alucinantes también ayudaron a que la gente asaltara el Capitolio, el 6 de enero. Así que los estadounidenses tienen que mejorar para identificar y no caer en las noticias falsas y los contenidos incendiarios. Haugen dijo que Facebook sabe que el contenido que provoca ira mantiene a la gente en el sitio. Como demostró el motín en el Capitolio, las consecuencias de avivar la indignación pueden ser mortales.

The Daily Beast descubrió que las publicaciones de los troles rusos, diseñadas para sembrar la discordia doméstica, obtienen nueve veces más likes, retuits y respuestas en inglés que en otros idiomas. ¿Por qué los estadounidenses son tan susceptibles a la ira y tan malos para detectar la desinformación?

Parte del problema, según escriben Mia Bloom –una profesora que estudia el extremismo– y Sophia Moskalenko –una psicóloga que estudia los conflictos y las conspiraciones– en «Pastels and Pedophiles: Inside the Mind of QAnon», publicado a principios de este año, es la falta de educación. Ofrecen un ejemplo contrastante: «Los estudiantes de Finlandia aprenden a identificar las noticias falsas estudiando ejemplos de historias falsas, fotos alteradas y contenido divisivo diseñado para fomentar el conflicto grupal».

«Desde la escuela primaria, los niños finlandeses practican la clasificación de los contenidos online en verdad o ficción, evaluando la parcialidad de los medios de comunicación y descifrando cómo el contenido clickbait se aprovecha de las emociones de los usuarios», agregan. Necesitamos un programa similar en todas las escuelas primarias estadounidenses.

Bloom y Moskalenko también piden, con razón, que las bibliotecas ofrezcan cursos para adultos sobre cómo detectar la desinformación y protegerse en Internet. Tenemos que acudir a los medios de comunicación legítimos para informarnos, y no confiar en Facebook, que planea promocionar contenidos que percibe como favorables y puede dejar de mostrarnos noticias importantes si la empresa no cree que a la gente (literalmente) le gustará y participará en ellas.

La única manera de protegernos contra el daño causado por Facebook es empezar a confiar en otras fuentes de información para divertirnos y formarnos, como los parques, los pasatiempos, los amigos y las fuentes de noticias legítimas. Probablemente sea también la única forma de conseguir que la empresa se tome en serio las amenazas que supone para los usuarios y se esfuerce por solucionarlas.

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