Cómo la fotografía y la narración de historias pueden convertir la apatía en acción por el clima

Cristina Mittermeier es una bióloga marina y activista pionera en el campo de la fotografía conservacionista y del clima. En 2014 cofundó SeaLegacy, una red de narradores que alimentan una comunidad centrada en restaurar la salud del océano. En 2020, Mittermeier anunció Only One, que utiliza el poder de los medios de comunicación para inspirar a los individuos a tomar medidas para reconstruir la vida en los océanos, y este año se alinea con la iniciativa Perpetual Planet de Rolex en los esfuerzos de colaboración para preservar el mundo natural. Call to Earth es una iniciativa de CNN en colaboración con Rolex. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen al autor.

(CNN) — He pasado la mayor parte de mi carrera como narradora, utilizando imágenes impresionantes e historias personales convincentes para conmover a la gente. Conmover a la gente es exactamente lo que se necesita para salvar nuestro planeta. No podemos permitirnos el lujo de quedarnos quietos por más tiempo, y mucho menos retroceder.

Con demasiada frecuencia, la amenaza real del cambio climático puede sentirse distante o abrumadora, lo que priva a los aliados que necesitamos de su sentido de la urgencia y de su impulso para actuar. Pero he visto cómo contar historias puede convertir la apatía en acción. Crear una conexión a través de la narración de historias es la clave para desbloquear la acción climática crítica en esta década.

En 2017, publiqué una fotografía de un oso polar demacrado en una tundra ártica estéril utilizándola como punto de entrada a una conversación sobre el cambio climático. Millones de personas vieron esta imagen y el diálogo global resultante proporcionó una visión sin precedentes del trabajo que todavía es necesario para crear un movimiento lo suficientemente grande como para activar soluciones.

Mittermeier tomó esta imagen de una mantarraya deslizándose por una alfombra de hierbas marinas en el borde de los manglares de Bimini (Bahamas). «Los lechos de hierbas marinas sostienen una vibrante comunidad de criaturas submarinas, como las tortugas marinas y muchas especies de peces», escribe Mittermeier. «Sirven de indicadores de la salud de un ecosistema, ya que las hierbas son sensibles a los cambios en el océano».
(Imagen cortesía de Cristina Mittermeier)

Capturar incluso una pequeña parte de la historia de ese oso polar fue suficiente para desencadenar la conversación global que esperaba, pero necesitamos más de un momento catalizador si queremos ayudar a impulsar una verdadera acción colectiva para salvar nuestro planeta.

El año pasado, trabajé con socios para fundar el Colectivo Only One, una organización que aprovecha increíbles narraciones visuales para construir una base masiva de apoyo para la conservación de los océanos y la acción climática. Trabajamos con líderes locales, científicos e innovadores que están desarrollando y aplicando soluciones críticas, y nos aseguramos de que tengan la audiencia que merecen, al tiempo que movilizamos a esa audiencia para que pase a la acción.

Me he reunido con líderes de todo el mundo que trabajan en la primera línea del cambio, y su entusiasmo y compromiso son contagiosos. Tuve la oportunidad de aprender del grupo de jóvenes de la isla de Mo’orea, en el Pacífico Sur, que se llaman a sí mismos los Jardineros de Coral y que han asumido la enorme tarea de restaurar el arrecife de su isla.

Pasé tiempo con comunidades indígenas de América Central que luchan contra el volumen abrumador de plástico de los océanos que llega a las costas de sus hogares ancestrales. Estas son las personas que se enfrentan a diario a los graves problemas climáticos y están desarrollando los tipos de soluciones que el mundo necesita. Estas son las personas a las que todos debemos escuchar.

Mittermeier tomó esta imagen en las Bahamas. «Los tiburones martillo son extremadamente vulnerables a la sobrepesca y a menudo acaban siendo víctimas de capturas accidentales en los palangres, una desafortunada tragedia que podemos cambiar trabajando juntos, y educándonos», escribe. (Imagen cortesía de Cristina Mittermeier)

Soluciones basadas en los océanos

Conocemos las líneas generales de lo que hay que hacer para salvar nuestro planeta. Tenemos que reducir las emisiones de carbono para mantener el calentamiento global dentro de los 1,5 ºC, y tenemos que hacer más para conservar las especies y los hábitats que mantienen nuestro planeta sano, protegiendo al menos el 30% de los océanos para 2030.

La buena noticia es que las soluciones basadas en los océanos pueden ayudar a impulsar más del 20% de las reducciones de emisiones que necesitamos. Los manglares son sólo un ejemplo de cómo la vida marina puede actuar como «esponjas de carbono» altamente eficientes, almacenando hasta 10 veces más carbono por acre que un bosque tropical. Las cifras son igualmente impresionantes en el caso de las praderas marinas y otras formas de vegetación marina. Los animales marinos, como las poblaciones de ballenas y tiburones, también son impresionantes sumideros de carbono, con un increíble potencial climático que apenas estamos empezando a comprender.

Lo que va a salvar nuestro clima es que más gente reconozca que el océano no es solo una víctima del cambio climático, sino nuestro camino para salir adelante.

Tenemos el potencial de ver un impacto real en nuestras vidas. De aquí a 2030, podemos reactivar los ecosistemas oceánicos para que absorban casi 4.000 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono al año, lo que equivale a retirar 2.000 millones de coches de la carretera durante un año. Pero estos esfuerzos han estado crónicamente subfinanciados. Tenemos que impulsar la inversión en proyectos de carbono azul como los pastos marinos, las algas y los manglares, y acelerar la adopción de proyectos de energía renovable basados en los océanos.

Todavía se está evaluando la viabilidad de otras soluciones basadas en la naturaleza, como la reforestación de algas marinas y las bacterias devoradoras de plástico, pero existe un importante potencial que está listo para recibir más apoyo y experimentación.

«En el azul tranquilo de las Azores, observé a una ballena azul, uno de los últimos verdaderos titanes del planeta Tierra y el mayor animal del mundo, fluir hacia la superficie y luego sumergirse de nuevo con un suave movimiento de su cola», escribe Mittermeier. El número de ballenas azules fue diezmado por la industria ballenera, pero la protesta pública ayudó a frenar la matanza y la especie se está recuperando. «Son un símbolo del poder de la naturaleza y del activismo, y nos recuerdan que nuestras voces unidas pueden marcar la diferencia», añade.
(Imagen cortesía de Cristina Mittermeier)

Llamar la atención sobre el problema con la fotografía del clima

Espero que al traer nueva energía y atención a este problema, a lo que está en juego y a las soluciones de gran impacto que las comunidades de primera línea y los líderes locales ya están probando, podremos conseguir avances sustanciales en la próxima década. La fotografía y la narración de historias tienen un papel fundamental en el impulso de la financiación y el activismo que necesitamos, y estoy agradecida de poder desempeñar un papel en apoyar estas oportunidades clave.

La tarea no es fácil, y fotografiarla es casi igual de difícil. Capturar una imagen lo suficientemente poderosa como para retratar instantáneamente la urgencia que se vive es como tratar de fotografiar un tsunami que se mueve lentamente. De manera imperceptible al principio, nuestras costas se ven alteradas y la temperatura apenas unos grados más en el océano. Luego, de repente, los huracanes se convierten en la norma, los incendios se salen de control y los paisajes marinos vivos se convierten en fantasmales cementerios blancos.

Ahora vemos estas imágenes casi a diario, pero no establecemos las conexiones necesarias. Es hora de que nos demos cuenta de que ya no podemos permitirnos el lujo de sentarnos a debatir los «y si» de esta crisis global.

El próximo capítulo de la vida en la Tierra se definirá por las medidas que tomemos ahora y para darnos cuenta de lo que es posible, el océano debe encabezar nuestra lista de soluciones.

Cristina Mittermeier es una bióloga marina y activista pionera en el campo de la fotografía conservacionista y del clima. En 2014 cofundó SeaLegacy, una red de narradores que alimentan una comunidad centrada en restaurar la salud del océano. En 2020, Mittermeier anunció Only One, que utiliza el poder de los medios de comunicación para inspirar a los individuos a tomar medidas para reconstruir la vida en los océanos, y este año se alinea con la iniciativa Perpetual Planet de Rolex en los esfuerzos de colaboración para preservar el mundo natural. Call to Earth es una iniciativa de CNN en colaboración con Rolex. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen al autor.

(CNN) — He pasado la mayor parte de mi carrera como narradora, utilizando imágenes impresionantes e historias personales convincentes para conmover a la gente. Conmover a la gente es exactamente lo que se necesita para salvar nuestro planeta. No podemos permitirnos el lujo de quedarnos quietos por más tiempo, y mucho menos retroceder.

Con demasiada frecuencia, la amenaza real del cambio climático puede sentirse distante o abrumadora, lo que priva a los aliados que necesitamos de su sentido de la urgencia y de su impulso para actuar. Pero he visto cómo contar historias puede convertir la apatía en acción. Crear una conexión a través de la narración de historias es la clave para desbloquear la acción climática crítica en esta década.

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En 2017, publiqué una fotografía de un oso polar demacrado en una tundra ártica estéril utilizándola como punto de entrada a una conversación sobre el cambio climático. Millones de personas vieron esta imagen y el diálogo global resultante proporcionó una visión sin precedentes del trabajo que todavía es necesario para crear un movimiento lo suficientemente grande como para activar soluciones.

Mittermeier tomó esta imagen de una mantarraya deslizándose por una alfombra de hierbas marinas en el borde de los manglares de Bimini (Bahamas). «Los lechos de hierbas marinas sostienen una vibrante comunidad de criaturas submarinas, como las tortugas marinas y muchas especies de peces», escribe Mittermeier. «Sirven de indicadores de la salud de un ecosistema, ya que las hierbas son sensibles a los cambios en el océano».
(Imagen cortesía de Cristina Mittermeier)

Capturar incluso una pequeña parte de la historia de ese oso polar fue suficiente para desencadenar la conversación global que esperaba, pero necesitamos más de un momento catalizador si queremos ayudar a impulsar una verdadera acción colectiva para salvar nuestro planeta.

El año pasado, trabajé con socios para fundar el Colectivo Only One, una organización que aprovecha increíbles narraciones visuales para construir una base masiva de apoyo para la conservación de los océanos y la acción climática. Trabajamos con líderes locales, científicos e innovadores que están desarrollando y aplicando soluciones críticas, y nos aseguramos de que tengan la audiencia que merecen, al tiempo que movilizamos a esa audiencia para que pase a la acción.

Me he reunido con líderes de todo el mundo que trabajan en la primera línea del cambio, y su entusiasmo y compromiso son contagiosos. Tuve la oportunidad de aprender del grupo de jóvenes de la isla de Mo’orea, en el Pacífico Sur, que se llaman a sí mismos los Jardineros de Coral y que han asumido la enorme tarea de restaurar el arrecife de su isla.

Pasé tiempo con comunidades indígenas de América Central que luchan contra el volumen abrumador de plástico de los océanos que llega a las costas de sus hogares ancestrales. Estas son las personas que se enfrentan a diario a los graves problemas climáticos y están desarrollando los tipos de soluciones que el mundo necesita. Estas son las personas a las que todos debemos escuchar.

Mittermeier tomó esta imagen en las Bahamas. «Los tiburones martillo son extremadamente vulnerables a la sobrepesca y a menudo acaban siendo víctimas de capturas accidentales en los palangres, una desafortunada tragedia que podemos cambiar trabajando juntos, y educándonos», escribe. (Imagen cortesía de Cristina Mittermeier)

Soluciones basadas en los océanos

Conocemos las líneas generales de lo que hay que hacer para salvar nuestro planeta. Tenemos que reducir las emisiones de carbono para mantener el calentamiento global dentro de los 1,5 ºC, y tenemos que hacer más para conservar las especies y los hábitats que mantienen nuestro planeta sano, protegiendo al menos el 30% de los océanos para 2030.

La buena noticia es que las soluciones basadas en los océanos pueden ayudar a impulsar más del 20% de las reducciones de emisiones que necesitamos. Los manglares son sólo un ejemplo de cómo la vida marina puede actuar como «esponjas de carbono» altamente eficientes, almacenando hasta 10 veces más carbono por acre que un bosque tropical. Las cifras son igualmente impresionantes en el caso de las praderas marinas y otras formas de vegetación marina. Los animales marinos, como las poblaciones de ballenas y tiburones, también son impresionantes sumideros de carbono, con un increíble potencial climático que apenas estamos empezando a comprender.

Lo que va a salvar nuestro clima es que más gente reconozca que el océano no es solo una víctima del cambio climático, sino nuestro camino para salir adelante.

Tenemos el potencial de ver un impacto real en nuestras vidas. De aquí a 2030, podemos reactivar los ecosistemas oceánicos para que absorban casi 4.000 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono al año, lo que equivale a retirar 2.000 millones de coches de la carretera durante un año. Pero estos esfuerzos han estado crónicamente subfinanciados. Tenemos que impulsar la inversión en proyectos de carbono azul como los pastos marinos, las algas y los manglares, y acelerar la adopción de proyectos de energía renovable basados en los océanos.

Todavía se está evaluando la viabilidad de otras soluciones basadas en la naturaleza, como la reforestación de algas marinas y las bacterias devoradoras de plástico, pero existe un importante potencial que está listo para recibir más apoyo y experimentación.

«En el azul tranquilo de las Azores, observé a una ballena azul, uno de los últimos verdaderos titanes del planeta Tierra y el mayor animal del mundo, fluir hacia la superficie y luego sumergirse de nuevo con un suave movimiento de su cola», escribe Mittermeier. El número de ballenas azules fue diezmado por la industria ballenera, pero la protesta pública ayudó a frenar la matanza y la especie se está recuperando. «Son un símbolo del poder de la naturaleza y del activismo, y nos recuerdan que nuestras voces unidas pueden marcar la diferencia», añade.
(Imagen cortesía de Cristina Mittermeier)

Llamar la atención sobre el problema con la fotografía del clima

Espero que al traer nueva energía y atención a este problema, a lo que está en juego y a las soluciones de gran impacto que las comunidades de primera línea y los líderes locales ya están probando, podremos conseguir avances sustanciales en la próxima década. La fotografía y la narración de historias tienen un papel fundamental en el impulso de la financiación y el activismo que necesitamos, y estoy agradecida de poder desempeñar un papel en apoyar estas oportunidades clave.

La tarea no es fácil, y fotografiarla es casi igual de difícil. Capturar una imagen lo suficientemente poderosa como para retratar instantáneamente la urgencia que se vive es como tratar de fotografiar un tsunami que se mueve lentamente. De manera imperceptible al principio, nuestras costas se ven alteradas y la temperatura apenas unos grados más en el océano. Luego, de repente, los huracanes se convierten en la norma, los incendios se salen de control y los paisajes marinos vivos se convierten en fantasmales cementerios blancos.

Ahora vemos estas imágenes casi a diario, pero no establecemos las conexiones necesarias. Es hora de que nos demos cuenta de que ya no podemos permitirnos el lujo de sentarnos a debatir los «y si» de esta crisis global.

El próximo capítulo de la vida en la Tierra se definirá por las medidas que tomemos ahora y para darnos cuenta de lo que es posible, el océano debe encabezar nuestra lista de soluciones.

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