Demócratas disfuncionales


DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

Si los números no mienten, más allá de los retruécanos de nuestras monografías oficiales, México ha cumplido este año sus primeros 200 años de edad como nación independiente.

Porque si tomamos en cuenta que la historia oficial debería marcar la fecha de nacimiento de nuestra nación en el año en que fue firmada nuestra Independencia, de manera inexplicable seguimos encadenados al añejo ceremonial de festinar el levantamiento encabezado por un presunto “viejito” una madrugada de septiembre de 1810, aún cuando nuestra emancipación de la Corona Española ocurriría 11 años después, y de que el movimiento que le dio origen prácticamente fue desmantelado poco menos de un año de haber iniciado.

Somos tan aferrados a comprar dogmas, que seguimos replicando mentalmente la imagen del cura Hidalgo como la de un viejito entrón y revoltoso, aunque en estricto sentido, el Padre de la Patria al momento de morir no habría alcanzado siquiera la edad requerida para recibir su pensión de adulto mayor, de la que hoy gozan nuestras cabecitas blancas a la edad de 65 años. Al momento de morir, don Miguel Hidalgo y Costilla era un “chamacón” de 58 años…

Bueno, toda esta infructuosa reflexión sirva de prolegómeno para plantear el punto central de la presente entrega: los mexicanos nos la pasamos peleando, lloriqueando y reclamando por un intangible beneficio llamado “democracia”, mismo que, de bien a bien, probablemente nunca hayamos conocido.

Analicemos la historia bajo la óptica de la actual narrativa oficial: la de las Cuatro Grandes Transformaciones de la Vida Pública de la Nación (¡Ay wey!)…

La primera transformación viene siendo representada por nuestra Guerra de Independencia, un movimiento iniciado desde la pequeña burguesía criolla, que en estricto sentido no quería sacudirse el yugo del imperio español, sino que reclamaba el derecho de gobernarse sin intermediarios: los novohispanos (dado que México como tal todavía no existía), exigían para sí el derecho de gobernar su territorio sin necesidad de esperar la la llegada de un virrey de sangre española. ¿Para qué quemar la pólvora en infiernitos teniendo tantos adeptos lacayos nacidos en estas latitudes? 

La Guerra de Independencia culminó con la entronización de un efímero emperador (Agustín de Iturbide), y la posterior entrada en operación de un deficiente sistema republicano que nos mantuvo entretenidos entre cuartelazos, golpes de estado y fallidos malabarismos electorales durante los siguientes dos tercios de siglo.

La Segunda Transformación de nuestra Honorable Vida Pública nos lleva al nacimiento de nuestras instituciones modernas. A pesar de padecer dos intervenciones- la francesa y la norteamericana-, nuestra Patria se las arregla para sacudirse de la ominosa intervención de la Iglesia Católica en la vida pública, y comienza la construcción de nuestro sistema institucional, marcando con mayor claridad la división de poderes y dando cabida a la división política de nuestro país como una Federación de estados o provincias regidos por un mismo sistema constitucional y de gobierno. Aún así, ese periodo de heroicas luchas por la soberanía terminó siendo subyugado por un nuevo régimen oligárquico: el Porfiriato.

A contrapelo de nuestra presunta vocación libertaria, nuestra Historia Patria marca una realidad dolorosa: durante los periodos de mayor opresión, es donde se ha alcanzado el mayor nivel de desarrollo -económico, cultural, tecnológico-, mientras que en las etapas de presunto “cambio”, ha predominado el caos y la polarización de clases. A lo mejor es cierto eso de que a los mexicanos “nos gusta la mala vida”.

La dictadura de Porfirio Díaz fue derrocada por el Primer Movimiento Social del Siglo XX: la Revolución Mexicana, que pomposamente acaba de celebrar su aniversario 111. Y fieles a nuestra incapacidad para contabilizar la historia a partir de hechos y no sólo de nombres y fechas, con éste otro importante movimiento de nuestra historia ocurre lo mismo que con nuestra Independencia: todos aparentemente sabemos cuando inició, pero rara vez nos detenemos a reflexionar cómo y cuando carajos fue que terminó.

Porque para efectos prácticos, el 20 de Noviembre de 1910 inició un movimiento popular que derrocó a una dictadura de 30 años, para culminar en… ¡una dictadura de más de 80 años!

La construcción del momento actual tampoco ha sido sencilla. El tránsito de nuestro México Lindo y Querido de un sistema de partido único al sueño de la transición democrática ha costado vidas, descalabros y tropiezos varios; la construcción de un sistema electoral medianamente confiable (a pesar de sus evidentes claroscuros) ha requerido de una reiterada operación de “prueba y error”, y aún así, sigue siendo perfectible; siendo ésa tal vez su mayor y poca reconocida virtud.

Lo curioso es que en el momento actual, tal pareciera que nadie está plenamente satisfecho con el  estado actual de las cosas. 

En efecto, contamos con un presidente respaldado por elevados márgenes de popularidad, pero al mismo tiempo los mexicanos reconocemos muchos huecos por llenar en la reconstrucción de nuestro entramado institucional.

El sistema de partidos sigue siendo caro, ineficiente y lejano a las aspiraciones ciudadanas. El propio partido en el poder sigue perdido en sus definiciones internas; censura las arbitrariedades de sus contrarios pero justifica y encubre las propias. Celebra la democracia pero sigue apoyándose en encuestas de dudosa manufactura para elegir a sus candidatos, y ha sido incapaz de elegir a su propia dirigencia nacional bajo un proceso transparente y limpio de controversias.

La oposición se ahoga en su propia mediocridad. Se ha conformado en vivir del señalamiento, sin mostrar capacidad para la construcción de propuestas. Cualquier intento de debate inteligente es aniquilado bajo el peso del protagonismo de un puñado de sicópatas oligofrénicos a los que han tenido a bien entronizar como dirigentes o representantes. No sólo perdieron la representación numérica: también la intelectual.

Y bajo éste asfixiante estado de cosas, los mexicanos nos hemos enfrentado al caos globalizado de la pandemia, al azote despiadado de la violencia criminal y a la voracidad del capitalismo internacional que sigue sin dar ni ofrecer tregua a los oprimidos. 

Nos presumimos libres, aún viviendo en un sistema en el que la crítica es motivo de encono, en el que todos pagamos derecho de piso -por una cosa o por otra- y en el que siempre esperamos a que sea el vecino de enfrente sea el que tenga que dar el primer paso para iniciar el cambio que nos salve a todos.

Seguimos viviendo bajo un sistema de perfecta opresión, en el que no reconoceríamos a la  verdadera democracia, aunque la tuviésemos pateándonos la cara, en un desesperado intento por despertarnos de nuestro cómodo y ancestral conformismo.

¿Usted qué opina?

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Three Souls In My Mind (México) / “El Rey de la Revolución”

Los Dug Dug’s (México) / “Cambia, cambia”

Rockdrigo González  (México) / “La Máquina del tiempo”

The Chemical Brothers  (Inglaterra) / “Golden path”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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