Una historia de terror en Oaxaca

Hospital Incurable / Adrián Lobo

A casi dos meses de un suceso traumático para más de 2,500 trabajadores de salud de Oaxaca y sus familias, y que resulta además lesivo para la población, me veo impulsado a salirme un poco del tono de mis humildes colaboraciones. 

Supongo que todos saben que no soy periodista ni pretendo ostentarme como tal, soy tan sólo un humilde cancionero (como mi paisano Álvaro Carrillo, pero yo ni canto) y uno de los damnificados por la incompetencia de las autoridades del gobierno del estado de Oaxaca, que por cierto está integrado en gran medida por políticos y funcionarios corruptos –y supongo que uno que otro delincuente– procedentes del Estado de México, encabezados por el júnior Murat, a quien su papi puso de gobernador. 

Es tal el escándalo e indignación que causa su indiferencia hacia el pueblo, su incapacidad para gobernar y resolver problemas, la corrupción y el saqueo que ha permitido en su gobierno, que a últimas fechas yo le digo Ale Murat y sus cuatrocientos mexiquenses.

Sí, él mismo es mexiquense, antes de que fuera colocado en el gobierno del estado yo creo que nunca había pisado suelo oaxaqueño. Lo hubiera usted visto, andando en campaña, el júnior nunca sabía dónde estaba parado, más de una vez ni siquiera supo pronunciar correctamente el nombre del lugar a donde había ido «a pedir el voto» ciudadano.

En fin. La terrorífica historia de los servicios de salud de Oaxaca, Secretaría de Salud de Oaxaca o como se llame ciertamente no inicia con Murat, al menos no con el júnior, sólo le dio continuidad hasta donde pudo antes de que la situación le estallara en la cara. Por suerte para él su papi lo cobija con grandes pillos, viejos zorros mexiquenses que saben administrar la corrupción y que lo arropan de modo que él ni sufre ni se acongoja. 

Pero decía, para mí que el desastre inició en el sexenio, mire usted qué cosas, precisamente de su padre. En general entre la prensa local mejor informada es más aceptado que todo empezó en el terrible sexenio fallido del infame Ulises Ruiz, de infausta memoria. Si no está usted muy bien enterado, ya somos dos, pero sí puedo decir que se sostuvo como gobernador casi encerrado a piedra y lodo, haciendo oídos sordos al clamor popular que lo repudiaba y que fue apoyado por el no menos despreciable Felipe Calderón, quien presionó a Vicente Fox para actuar en favor de Ulises Ruiz y protegerlo a cambio del apoyo del PRI.

Yo no sé si esa crisis política, social y económica que se vivió en Oaxaca en esos años infaustos motivó en cierta forma el inicio de los malos manejos en salud, lo que sí creo saber, al menos lo tengo muy claro, es que el sector salud fue siempre un objetivo lógico y natural para las tropelías y el desfalco de funcionarios debido a que es un área hacia donde por su naturaleza fluyen más recursos en comparación con otras secretarías.

En resumidas cuentas, se acepta y se admite en forma más o menos extendida y hasta oficialmente que la actuación indebida de las autoridades a lo largo de los sexenios de Ulises Ruiz, Gabino Cué y Alejandro Murat consistió básicamente en tomar recursos destinados al pago de terceros institucionales (como el ISSSTE) y no institucionales (particulares proveedores y prestadores de servicios) para poder cubrir el pago de la nómina, principalmente de trabajadores eventuales. 

Y obviamente a mí no me queda duda de que se incluyeron ahí una que otra partida secreta, moches, comisiones y aportaciones para alguna campaña política. ¡Pero cómo no! Al más puro estilo priísta de la estafa maestra, Odebrecht y Operación Zafiro. Y no, no es puramente una deuda «heredada», la presente administración estatal también hizo algunos cargos, toda vez que continuó y sostuvo el mismo esquema de desvíos. Aunque sabían perfectamente que en algún momento tendrían que acabar con eso.

Así se llegó a un adeudo, tan sólo al ISSSTE, de más de 5 mil millones de pesos. La estratagema de Murat para intentar solventarlo fue primero entregar un hospital estatal, el Hospital de la mujer y el niño oaxaqueño que está casi recién terminado, supuestamente por un monto de 600 millones de pesos, cuando se dice que su valor real no asciende ni a los 300 millones. Incluso se modificó la ley hacendaria para permitir este abono en especie. Otros dos mil millones de pesos fueron endosados al pueblo para pagar en cómodos abonitos fáciles en un plazo de 15 años.

Si todo eso es de escándalo, no lo es menos el manejo de la contratación de personal: se habla de aviadores, contratos para el cumplimiento de compromisos con organizaciones, nepotismo, tráfico de plazas, en fin, todas esas lindezas burocrático-priístas harto conocidas.

Todo empezó a hacer crisis desde el 2016 y a pesar de eso nunca dejaron de contratar más y más personal, aún a sabiendas de que no tenían dinero para garantizar sus pagos, por lo que es insostenible la excusa muratista de que se trata de una herencia maldita de sexenios anteriores. De modo que frecuentemente a nosotros, los entonces trabajadores eventuales, nos retrasaban los pagos y lo mismo con los bonos y otras prestaciones del personal sindicalizado.

Hubo un conflicto con la llegada, con el regreso, mejor dicho, de Juan Díaz Pimentel a la Secretaría de Salud. Hizo el primer intento serio de deshacerse de nosotros ante la problemática financiera de la institución. Su principal argumento fue que la mayoría de los eventuales éramos aviadores. En ese momento surgió en Oaxaca, aunque con pocos alcances y tibiamente, el movimiento «No soy aviador». Sin embargo las condiciones no permitieron que los planes del gobierno del estado prosperaran. 

Después vino la pandemia y el personal eventual nos volvimos «esenciales». Y es que del gobierno federal vino la disposición de enviar a confinamiento preventivo al personal mayor de 60 años y que padeciera comorbilidades, como hipertensión o diabetes, que lo colocaran en posición de riesgo ante el COVID-19. Muchos, por simple obesidad y gracias a sus buenos contactos, también se fueron a descansar. De modo que ese tampoco era un momento propicio para echarnos. Y aunque todavía no salimos de la contingencia se supone que estamos dejando atrás la parte más difícil y los compañeros en resguardo volvieron al trabajo. 

Con eso y aprovechando lo que parece quedarse en un eterno anuncio incumplido del surgimiento del INSABI, los mexiquenses vieron su oportunidad de presentarse. El último contrato de todo el personal eventual expiró el 15 de septiembre del 2021, con lo que más de 2,500 trabajadores de salud de todas las áreas quedamos desempleados, algunos con una antigüedad de más de 15 años: médicos especialistas, personal de enfermería, técnicos de laboratorio, ingenieros biomédicos, camilleros y personal administrativo. 

Quizá era un proceso necesario para sanear al instituto, pero definitivamente no fue la mejor manera. Por ejemplo, en el HGDAV, el mayor hospital público en el estado, la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) ha estado cerrada desde esa fecha fatídica porque los dos adscritos especialistas en cuidados intensivos estaban contratados en la modalidad eventual.

Hubo un suceso digno de contarse que evidencia que la necesidad del personal es real. En uno de esos primeros días de desempleo, en una comunidad se presentó una emergencia obstétrica, la situación era realmente crítica: Le explicaron al familiar de la paciente que no había personal para darle la atención; el médico adscrito, especialista en ginecología y que normalmente cubría ese turno, era personal eventual y los servicios de salud de Oaxaca habían decidido no renovar su contrato, aún a sabiendas de que en su ausencia podrían llegar a ocurrir situaciones así, por lo que era prácticamente imposible darle la atención urgente que necesitaba.

Un traslado tampoco era viable, se consideró que sería inútil emprender el viaje de varias horas hasta otra clínica donde tampoco se tenía asegurada la atención, sin mencionar las complicaciones que podrían surgir en el camino. Era simplemente demasiado riesgoso.

Entonces alguien le comentó al familiar de la paciente que el Dr. Juan Manuel Hernández Gómez, el médico que hasta días antes era el adscrito en ese lugar, todavía se encontraba en la comunidad y que tal vez había una posibilidad de que aceptara atender a la paciente. Era la única opción que quedaba y, en su desesperación, la familia de la paciente salió a buscarlo. Total que el médico fue localizado, se le hizo la petición y tuvo la gentileza de acceder. 

Como no había otro sitio donde poder atender a la paciente, el médico sugirió al familiar que solicitara el permiso correspondiente para que le permitieran ingresar al que hasta unos días antes había sido su lugar de trabajo. Felizmente el permiso fue otorgado y la paciente y su bebé superaron un momento complicado gracias al doctor Hernández Gómez, quien no aceptó ningún pago a cambio.

Mucho se dijo, intentando justificar lo que quisieron presentar como una purga, que la mayoría de los trabajadores eventuales ocupaban puestos administrativos, pero es a todas luces falso, al menos en los centros de salud y hospitales. Con revisar las cifras del Hospital General Dr. Aurelio Valdivieso se desmiente la afirmación: de casi 150 trabajadores eventuales sólo 10 eran administrativos. Todos los demás pertenecientes a la llamada rama médica y paramédica: médicos especialistas, personal de enfermería, camilleros, laboratoristas, lavandería, ingeniería biomédica y más. 

Hubo protestas, marchas, peticiones pero nada se ha resuelto, nada se ha logrado. Lo que más me extraña es que ni local ni nacionalmente se le ha dado la cobertura periodística que merece esta problemática y no entiendo la razón. ¿No es importante? Somos más de 2,500 desempleados, que ayer fuimos llamados héroes. En cuanto a las cifras, los montos desviados se equiparan —sin que se conozca el fondo todavía— a los que se manejan alrededor de la llamada Estafa maestra.

No deja de sonar a ironía el otorgamiento de la Medalla Belisario Domínguez al personal de salud nacional y que se haya declarado el presente como «Año del reconocimiento al personal de salud», cuando por la puerta trasera nos sacan dándonos una patada en la región glútea. 

¿Y el INSABI? ¡Pues bien, gracias! No termina de cuajar. Se dice que de haber una solución no será antes del mes de enero del próximo año. Y a pesar de la promesa del presidente que no se despediría a nadie, es muy probable que no pueda cumplirse cabalmente porque, por su parte y en un movimiento totalmente ilógico, el INSABI está contratando su propio personal. Es una reverenda estupidez: descartar personal con experiencia, que estuvo cubriendo los servicios durante la pandemia, con varios años de servicio para optar por personal nuevo. ¿Es eso razonable?

No puedo negar que lo siento como un doble agravio. Mucho más porque de este lado hubo compromiso, hubo entrega, dedicación y sacrificio y un reconocimiento no sirve de nada, sobre todo cuando es únicamente de dientes para afuera. Finalmente lo único que queremos es poder trabajar, por eso aceptamos siempre las condiciones. Al interior, tradicionalmente los eventuales (personal de contrato) fuimos siempre llamados en son de broma como «de maltrato», porque usualmente éramos quienes hacíamos más trabajo por menos sueldo, con la esperanza de algún día mejorar el estatus laboral, a base de antigüedad. Siempre se vio como lo más normal, sobre todo por los compañeros sindicalizados, con la estúpida justificación que «todos pasamos por lo mismo», como si ese simple hecho lo hiciera correcto y no fuera una abierta violación a la Ley Federal del Trabajo.

Sobre el futuro hay más dudas que de ordinario, sobre todo en cuanto al tiempo. ¿En verdad nos volverán a contratar? ¿Para cuándo? Pero mi mayor duda en estos días es cómo es posible que en su reciente quinto informe de gobierno se haya atrevido Alejandro Murat a decir que vivimos en estos momentos «un milagro oaxaqueño».

¿Qué clase de milagro es endilgarle al pueblo una deuda a 15 años? ¿Qué clase de milagro es dejar en el desempleo a más de 2,500 trabajadores, antes llamados «héroes», de un plumazo? ¿Qué clase de milagro es perder parte del patrimonio del pueblo para pagar el robo y el saqueo transexenal hecho por políticos? Sólo por mencionar sucesos de este 2021.

El verdadero milagro es que aún a pesar de Ale Murat y sus cuatrocientos mexiquenses, Oaxaca todavía no esté ardiendo en llamas o cayéndose a pedazos.

Adrián Lobo. adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com facebook.com/adrian.lobo.378199 | patreon.com/adrian_lobo 

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