«Succession» deja lo mejor para el final con su cautivador cierre de temporada 3

(CNN) — Tras una tercera temporada repleta de grandes jugadas, quedaba la duda de si el final de «Succession« podría ‘cerrar el trato’. Lo hizo, literalmente y en sentido figurado, en un episodio que volvió a barajar lealtades y que presentó quizás la boda más accidentada en términos de drama tras bambalinas desde El Padrino.

La serie ganadora del Emmy, de HBO, comenzó la temporada con una gran expectación, lo que produjo las inevitables críticas sobre si esa reputación seguía siendo merecida. Pero los dos últimos episodios (que no estaban disponibles para su revisión por adelantado) produjeron el tipo de momentos de tensión que han hecho que la serie se convierta en uno de los dramas más importantes de la televisión.

En lo que parecía una progresión inevitable, el magnate Logan Roy (Brian Cox, espectacular durante toda la serie, pero especialmente aquí) pasó de comprador a vendedor, negociando un acuerdo para el control de su compañía, Waystar, con la nueva empresa tecnológica GoJo y su jefe, Lukas Matsson (Alexander Skarsgård).

El acuerdo, negociado a espaldas de sus hijos mayores, les privó del pase de testigo que cada uno había buscado desde el principio, y Logan llegó a la conclusión de que asegurar el futuro de la empresa era más prioritario que pasárselo a sus herederos no del todo dignos.

Esto concluyó con un enfrentamiento entre Logan y Kendall (Jeremy Strong), Shiv (Sarah Snook) y Roman (Kieran Culkin), descubriendo que su padre había vuelto a ser más listo, a jugar mejor y a flanquearles. Lo hizo recurriendo a su exmujer y a la madre de ambos (Harriet Walter) para eliminar la ventaja que podrían tener para echar por tierra cualquier acuerdo. (Shiv describió el proceso en términos característicamente coloridos y crudos).

En retrospectiva, una secuencia inicial en la que los Roys juegan una partida de Monopoly, y hacen trampas, parece ser una especie de presagio, salvo que Logan está acostumbrado a hacerlo con propiedades reales. Sus hijos, nacidos en el poder, simplemente no están a la altura, al menos por ahora.

El enfrentamiento final dejó al más joven, Roman, atrapado en el medio, con la vaga promesa de un puesto en la recién creada empresa y Shiv advirtiéndole respecto a su padre: «No puedes confiar en él».

Esa secuencia siguió a otro momento operístico en el que Kendall –habiendo sobrevivido al cliffhanger del penúltimo episodio, pero por poco– experimentó casi un colapso. Confesó a sus hermanos la muerte de la que fue responsable, al menos en parte, durante la primera temporada, y que su padre había encubierto.

La hora extralarga también contenía varias líneas memorables, subrayando que ser divertido a carcajadas es una de las armas secretas de «Succession». Eso incluyó a Willa (Justine Lupe) accediendo tardíamente a casarse con el hijo mayor de Roy (Alan Ruck) no diciendo «sí» a su propuesta, sino más bien: «¿Cuán malo puede ser?».

Aunque el creador de la serie, Jesse Armstrong, ha subrayado que Rupert Murdoch y su clan no son la única inspiración de la serie, cabe destacar que Murdoch hizo su propio y sorprendente acuerdo en 2019 para vender los principales activos a Disney, conservando el control de otros. Dado que Matsson dejó entrever la posibilidad de dejar a Logan unas cuantas chucherías clave, no hay que temer que esté inactivo en las próximas temporadas, por muchas que sean. (Al igual que CNN, HBO es una unidad de WarnerMedia).

El final no respondió a todas las grandes preguntas, pero, por supuesto, en este tipo de formato de serie, tampoco era necesario. Al mismo tiempo, ha introducido una gran incógnita, concretamente, qué será de «Succession» si la batalla por la administración de Waystar se pierde, y qué harán los Roys sin ese premio por el que pelearse.

La respuesta probablemente no será bonita, pero, si las tres primeras temporadas sirven de guía, será casi irresistible.

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Succession

(CNN) — Tras una tercera temporada repleta de grandes jugadas, quedaba la duda de si el final de «Succession« podría ‘cerrar el trato’. Lo hizo, literalmente y en sentido figurado, en un episodio que volvió a barajar lealtades y que presentó quizás la boda más accidentada en términos de drama tras bambalinas desde El Padrino.

La serie ganadora del Emmy, de HBO, comenzó la temporada con una gran expectación, lo que produjo las inevitables críticas sobre si esa reputación seguía siendo merecida. Pero los dos últimos episodios (que no estaban disponibles para su revisión por adelantado) produjeron el tipo de momentos de tensión que han hecho que la serie se convierta en uno de los dramas más importantes de la televisión.

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El acuerdo, negociado a espaldas de sus hijos mayores, les privó del pase de testigo que cada uno había buscado desde el principio, y Logan llegó a la conclusión de que asegurar el futuro de la empresa era más prioritario que pasárselo a sus herederos no del todo dignos.

Esto concluyó con un enfrentamiento entre Logan y Kendall (Jeremy Strong), Shiv (Sarah Snook) y Roman (Kieran Culkin), descubriendo que su padre había vuelto a ser más listo, a jugar mejor y a flanquearles. Lo hizo recurriendo a su exmujer y a la madre de ambos (Harriet Walter) para eliminar la ventaja que podrían tener para echar por tierra cualquier acuerdo. (Shiv describió el proceso en términos característicamente coloridos y crudos).

En retrospectiva, una secuencia inicial en la que los Roys juegan una partida de Monopoly, y hacen trampas, parece ser una especie de presagio, salvo que Logan está acostumbrado a hacerlo con propiedades reales. Sus hijos, nacidos en el poder, simplemente no están a la altura, al menos por ahora.

El enfrentamiento final dejó al más joven, Roman, atrapado en el medio, con la vaga promesa de un puesto en la recién creada empresa y Shiv advirtiéndole respecto a su padre: «No puedes confiar en él».

Esa secuencia siguió a otro momento operístico en el que Kendall –habiendo sobrevivido al cliffhanger del penúltimo episodio, pero por poco– experimentó casi un colapso. Confesó a sus hermanos la muerte de la que fue responsable, al menos en parte, durante la primera temporada, y que su padre había encubierto.

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Aunque el creador de la serie, Jesse Armstrong, ha subrayado que Rupert Murdoch y su clan no son la única inspiración de la serie, cabe destacar que Murdoch hizo su propio y sorprendente acuerdo en 2019 para vender los principales activos a Disney, conservando el control de otros. Dado que Matsson dejó entrever la posibilidad de dejar a Logan unas cuantas chucherías clave, no hay que temer que esté inactivo en las próximas temporadas, por muchas que sean. (Al igual que CNN, HBO es una unidad de WarnerMedia).

El final no respondió a todas las grandes preguntas, pero, por supuesto, en este tipo de formato de serie, tampoco era necesario. Al mismo tiempo, ha introducido una gran incógnita, concretamente, qué será de «Succession» si la batalla por la administración de Waystar se pierde, y qué harán los Roys sin ese premio por el que pelearse.

La respuesta probablemente no será bonita, pero, si las tres primeras temporadas sirven de guía, será casi irresistible.

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