Afganistán llegó este año al final de una era, ¿pero qué sigue ahora?

(CNN Español) — Para muchos, y especialmente para los millennials que comenzaron a observar el mundo desde el año 2000, la guerra de Afganistán parecía algo que siempre había estado y siempre iba a estar. Una generación entera creció mirando imágenes de soldados estadounidenses patrullando Kabul y de talibanes amenazando desde sus cuevas, hasta que se convirtieron en una postal de la normalidad.

Pero un día en agosto de 2021, para bien o para mal, finalmente terminó.

La presencia de Estados Unidos en Afganistán duró 19 años, 10 meses y 23 días, desde el inicio de la operación Libertad Duradera el 7 de octubre de 2001, hasta el despegue del último avión estadounidense el 30 de agosto de este 2021.

En casi 20 años de guerra en el centro de Asia murieron 2.442 soldados estadounidenses y 1.144 soldados de diferentes países de la OTAN y al menos 3.846 contratistas, de acuerdo con el relevamiento del Instituto Watson de la Universidad Brown.

Los números parecen limitados en comparación a los 51.191 insurgentes muertos en el mismo período, además de entre 47.000 y 71.000 civiles y entre 66.000 y 73.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas.

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Talibanes emiten decreto sobre las mujeres 0:46

El costo económico también fue enorme. El gobierno de Estados Unidos reconoce haber gastado US$ 978.000 millones en la guerra, aunque estimaciones Instituto Watson hablan de una cifra más cercana a los US$ 2,3 billones, contando todos los gastos. Y eso sin contar los aportado por los miembros de la OTAN y por la ONU en programas humanitarios.

Se trata del fin de una era, que algunos compararon con la conclusión de la Guerra de Vietnam en 1975, y que abre numerosos interrogantes. ¿Qué sigue ahora?

Afganistán, «tumba de imperios»

La larga historia de Afganistán ha estado siempre ligada a la de algunas de las potencias más importantes de su época: los griegos bajo Alejandro Magno, los mongoles al mando de Genghis Khan, el imperio Británico, la Unión Soviética y Estados Unidos están entre algunas de ellas.

Pero la ocupación por parte de estas potencias fue siempre difícil y, finalmente, insostenible, lo que llevó a que el país fuera conocido como la «tumba» o «cementerio» de los grandes imperios. Solo en el siglo XX Afganistán estuvo bajo el control de británicos, soviéticos y estadounidenses, además de dos períodos de autogobierno.

La llegada de Estados Unidos se produjo en octubre de 2001, apenas un mes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre perpetrados por al Qaeda contra las Torres Gemelas y otros objetivos en el país.

El principio y fin de 20 años de guerra en Afganistán 4:33

En ese momento Afganistán estaba gobernado por los talibanes, una organización islamista sunita que había tomado el poder en 1997, a la que Estados Unidos acusaba de proteger al líder de al Qaeda, Osama bin Laden. El control talibán del país se terminaría con la invasión estadounidense, pero en los años siguientes seguirían actuando como una insurgencia.

Los años de Estados Unidos en Afganistán

La ocupación de Afganistán por parte de Estados Unidos y la OTAN estuvo marcada por dos grandes operaciones militares contra la insurgencia, que tuvieron lugar en medio de los esfuerzos por reconstruir el país y apoyar la formación de un nuevo gobierno afgano.

La primera operación, Libertad Duradera, corrió desde el 2001 hasta el 2014 con el objetivo de destruir tanto al gobierno talibán como a la presencia de al Qaeda en Afganistán.

En 2015 se lanzó la operación Centinela de la Libertad, de menor envergadura y con el objetivo de realizar actividades antiterroristas contra al Qaeda y el autodenominado Estado Islámico (ISIS), al mismo tiempo delegando más tareas en las fuerzas de seguridad afganas.

Ninguna de las operaciones militares ni el programa de reconstrucción cumplieron con sus objetivos, y la prolongación de la guerra llevó a que diferentes gobiernos en Estados Unidos comenzaran a planear la retirada del país, al tiempo que las fuerzas talibanas, nunca derrotadas por completo, comenzaban a tomar más y más territorios afganos desde sus bases en zonas rurales.

Base militar estadounidense ahora incautada por talibanes 4:47

La retirada de estados Unidos fue finalmente anunciada el 14 de abril de 2021 por el presidente Joe Biden, y concretado el 30 de agosto, cuando el último avión estadounidense despegó de Kabul tras unos últimos meses de caos y violencia. Y los talibanes retomaron el poder, derrocando al gobierno afgano.

El fin de una era en Afganistán

La salida de Estados Unidos volvió a dejar a Afganistán en poder de los talibanes, que en su primer gobierno se habían caracterizado por imponer estrictas leyes islámicas sobre la población afgana, con restricciones particularmente fuertes para las mujeres, y prohibiendo manifestaciones no islámicas. También, por mantener estrechos lazos con el grupo terrorista al Qaeda.

Desde su retorno al poder, los talibanes han prometido moderación en la aplicación de las leyes islámicas, cortar lazos con al Qaeda, no buscar venganza contra funcionarios del gobierno apoyado por Estados Unidos y mantener el control sobre numerosas facciones locales, pero numerosos reportes recientes parecen mostrar que las viejas prácticas continúan.

A mediados de diciembre, por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dijo estar alarmada por los muchos informes de asesinatos extrajudiciales en Afganistán, que incluyen ahorcamientos, decapitaciones y exhibiciones públicas de cadáveres.

Que Estados Unidos ya no tenga una fuerte presencia militar en el centro de Asia también ha abierto espacios que podrían ser llenados por países como China, Rusia, Pakistán e Irán.

China —que se encuentra en una competencia global con Estados Unidos— y Rusia, de hecho, fueron algunos de los pocos países que no evacuaron sus embajadas, y se esperan relaciones comerciales ampliadas entre los talibanes y Beijing, que sin embargo aún no reconoce formalmente al nuevo gobierno.

De hecho, China estado cultivando sus vínculos con Afganistán por dos razones, sostiene Vanda Felbab-Brown, investigadora del Instituto Brookings. La primera es económica, y tiene que ver con el posible rol de Afganistán en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), una vasta red de líneas comerciales entre Europa y Asia también conocida como «Nueva Ruta de la Seda».

Al respecto, el periódico estatal chino Global Times reportó a comienzos de noviembre, unos dos meses después de la retirada de Estados Unidos, que el comercio de productos agrícolas entre China y Afganistán había sido reanudado.

«China seguirá escuchando la llamada del pueblo afgano para ofrecerle apoyo dentro de sus posibilidades», dijo en ese momento el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Wang Wenbin.

A finales de ese mismo mes el Global Times reportó que enviados de China estaban en Afganistán explorando la posibilidad de montar una explotación de litio en el país.

La segunda preocupación de Beijing es de seguridad y similar a la que ha motivado también a Estados Unidos: China teme que grupos terroristas islamistas operen desde Afganistán influyendo en el territorio chino de Xinjiang, hogar a una importante minoría musulmana —los uigures— que mantiene una tensa relación con Beijing. Pero para lograrlo ha intentando negociar con los mismos talibanes para que no lo permitan.

Explosión devasta una mezquita chiita en Afganistán 2:01

«Cuando se hizo evidente en 2010 que el aumento de tropas de Estados Unidos en Afganistán no iba a derrotar a los talibanes, China empezó a comprometerse con el grupo para asegurarse de que los militantes afganos no cooperen con sus homólogos uigures», señala Felbab-Brown.

Otras dos situaciones generan interrogantes para el futuro: el narcotráfico —los talibanes han estado ligados al cultivo de amapola para producir heroína— y la situación de los refugiados.

Con respecto a estos últimos, de acuerdo con datos de la ONU, se estima que a mediados de 2020 había 5.853.838 afganos radicados fuera del país, el cual ha sido un histórico impulso de la migración debido a la violencia e inestabilidad interna.

Solo en 2021 se contaban 550.000 desplazados internos debido al avance de los talibanes, y desde julio hasta el retiro definitivo de Estados Unidos y la OTAN en agosto, se habrían evacuado 122.000 personas por aire, con destino a Estados Unidos y diferentes países europeos y de la región.

«A medida que nos aproximamos a la conclusión de 20 años de guerra y lucha, de dolor y sacrificio, es hora de mirar al futuro, no al pasado», dijo Biden el 31 de agosto tras la salida de Estados Unidos.

La pregunta es, quizás, qué mirada nos devolverá ese futuro.

Afganistán

(CNN Español) — Para muchos, y especialmente para los millennials que comenzaron a observar el mundo desde el año 2000, la guerra de Afganistán parecía algo que siempre había estado y siempre iba a estar. Una generación entera creció mirando imágenes de soldados estadounidenses patrullando Kabul y de talibanes amenazando desde sus cuevas, hasta que se convirtieron en una postal de la normalidad.

Pero un día en agosto de 2021, para bien o para mal, finalmente terminó.

¿Cuál es el saldo tras 20 años de guerra en Afganistán?

La presencia de Estados Unidos en Afganistán duró 19 años, 10 meses y 23 días, desde el inicio de la operación Libertad Duradera el 7 de octubre de 2001, hasta el despegue del último avión estadounidense el 30 de agosto de este 2021.

En casi 20 años de guerra en el centro de Asia murieron 2.442 soldados estadounidenses y 1.144 soldados de diferentes países de la OTAN y al menos 3.846 contratistas, de acuerdo con el relevamiento del Instituto Watson de la Universidad Brown.

Los números parecen limitados en comparación a los 51.191 insurgentes muertos en el mismo período, además de entre 47.000 y 71.000 civiles y entre 66.000 y 73.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas.

El costo económico también fue enorme. El gobierno de Estados Unidos reconoce haber gastado US$ 978.000 millones en la guerra, aunque estimaciones Instituto Watson hablan de una cifra más cercana a los US$ 2,3 billones, contando todos los gastos. Y eso sin contar los aportado por los miembros de la OTAN y por la ONU en programas humanitarios.

Se trata del fin de una era, que algunos compararon con la conclusión de la Guerra de Vietnam en 1975, y que abre numerosos interrogantes. ¿Qué sigue ahora?

1 de 31 | Se cumple el vigésimo aniversario de los ataques terroristas que llevaron a Estados Unidos a su guerra más larga. Estas son algunas de las imágenes impactante que dejó la guerra en Afganistán. → 2 de 31 | Soldados estadounidenses disparan artillería en la provincia afgana de Kandahar en junio de 2011. La Operación Libertad Duradera se lanzó en octubre de 2001 para evitar que el régimen talibán proporcionara un refugio seguro a al Qaeda y para suspender el uso que esta organización hacía de Afganistán como base de operaciones para actividades terroristas. (Crédito: Baz Ratner/Reuters) 3 de 31 | Miles de simpatizantes de los talibanes se manifiestan en Quetta, Pakistán, cerca de la frontera con Afganistán, el 1 de octubre de 2001. (Crédito: Paula Bronstein/Getty Images) 4 de 31 | En esta imagen tomada de televisión, el líder de al Qaeda, Osama bin Laden, habla desde un lugar no revelado. La transmisión ocurrió el 7 de octubre de 2001. Bin Laden alabó a Dios por los ataques del 11 de septiembre y juró que Estados Unidos «nunca soñará con la seguridad» hasta que «los ejércitos de los infieles abandonen el país de Mahoma. (Crédito: Al Jazeera TV/Getty Images) 5 de 31 | Miembros de la Alianza del Norte de Afganistán, un grupo antitalibán, matan a un combatiente talibán herido que encontraron mientras avanzaban hacia Kabul, Afganistán, en noviembre de 2001. Los ataques aéreos de EE.UU. y los ataques terrestres de la Alianza del Norte llevaron a la caída de Kabul ese mes. (Crédito: Tyler Hicks/The New York) 6 de 31 | Un combatiente afgano de la Alianza del Norte ríe a carcajadas mientras aviones estadounidenses atacan una posición talibán cerca de Tora Bora, Afganistán, en diciembre de 2001. Los líderes de las milicias afganas declararon la victoria en la batalla de Tora Bora y afirmaron haber capturado la última base de Al Qaeda. (Crédito: David Guttenfelder/AP) 7 de 31 | Renae Chapman carga a su hija de 2 años, Amanda, durante el funeral de su esposo, el sargento del ejército. Nathan R. Chapman de primera clase, en Fort Lewis, Washington, en enero de 2002. Chapman fue el primer soldado estadounidense que murió por fuego enemigo durante la guerra en Afganistán. (Crédito: Russ Carmack/AFP/Getty Images) 8 de 31 | Mohboba, de 7 años, permanece cerca a un muro con balazos en Kabul, mientras espera que la atiendan en una clínica de salud en marzo de 2002. La niña sufría de una enfermedad en la piel que afectaba a muchos niños pobres de Afganistán. (Crédito: Paula Bronstein/Getty Images) 9 de 31 | El soldado estadounidense Jorge Avino cuenta el número de personas que su equipo de morteros había matado mientras luchaba en Afganistán en marzo de 2002. (Crédito: Joe Raedle/Getty Images) 10 de 31 | Mohammaed Mahdi, quien perdió su pie en la explosión de una mina, espera a un médico de la Cruz Roja en su casa de Kabul en agosto de 2004. Esta imagen la captó el fotógrafo de Associated Press Emilio Morenatti, quien cinco años después perdió parte de su pierna cuando el vehículo blindado en el que se encontraba impactó una bomba en la carretera. (Crédito: Emilio Morenatti/AP) 11 de 31 | Un soldado afgano proporciona seguridad en el lugar donde se estrelló un helicóptero estadounidense cerca de Ghazni, Afganistán, en abril de 2005. Al menos 16 personas murieron. (Crédito: Tomas Munita/AP) 12 de 31 | El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, asiste a una conferencia de prensa con el presidente afgano Hamid Karzai en el Palacio Presidencial de Kabul en marzo de 2006. Fue la primera visita de Bush a Afganistán. (Crédito: Ahmad Masood/Reuters) 13 de 31 | Niñas de la escuela secundaria Bibi Mahroo levantan la mano durante una clase de inglés en Kabul en noviembre de 2006. Después de la caída de los talibanes, millones de niñas afganas pudieron asistir a la escuela y recibir la educación que sus madres no pudieron. (Crédito: Paula Bronstein/Getty Images) 14 de 31 | Suministros son entregados a las tropas estadounidenses en la provincia afgana de Ghazni en mayo de 2007. (Crédito: Nicolas Asfouri/AFP/Getty Images) 15 de 31 | El militar estadounidense Brandon Olson se hunde en el terraplén de un búnker en el valle Korengal de Afganistán en septiembre de 2007. El valle Korengal fue el escenario de algunos de los combates más letales de la región. (Crédito: Tim Hetherington/Imperial War Museums) 16 de 31 | Soldados estadounidenses toman posiciones defensivas después de recibir fuego de posiciones de los talibanes en el valle Korengal de Afganistán en mayo de 2009. El militar Zachary Boyd todavía estaba en sus bóxers de «I love NY» porque salió corriendo de su dormitorio para unirse a sus compañeros de pelotón. (Crédito: David Guttenfelder/AP) 17 de 31 | Soldados estadounidenses se protegen los ojos de la turbulencia del motor de un helicóptero Chinook, mientras son recogidos de una misión en la provincia de Paktika en Afganistán en octubre de 2009. (Crédito: Chris Hondros/Getty Images) 18 de 31 | Soldados estadounidenses disparan morteros desde una base en la provincia afgana de Kunar en octubre de 2009. (Crédito: David Guttenfelder/AP) 19 de 31 | Soldados afganos llevan a un policía herido hacia un helicóptero estadounidense en la provincia afgana de Kunar en marzo de 2010. (Crédito: Moises Saman/The New York Times/Redux) 20 de 31 | El sargento Brian Keith se sienta con su esposa, Sara, y su hijo pequeño, Stephen, justo antes de su despliegue en Afganistán en marzo de 2010. Unos meses antes, el presidente Barack Obama anunció un aumento de 30.000 soldados adicionales. Esa medida llevaría el total de Estados Unidos a casi 100.000 soldados, además de los 40.000 de la OTAN. (Crédito: Damon Winter/The New York Times/Redux) 21 de 31 | Las tropas estadounidenses, a bordo de un avión de transporte C-17, se dirigen a Afganistán en abril de 2010. (Crédito: Damon Winter/The New York Times/Redux) 22 de 31 | Un hombre llora mientras habla con soldados estadounidenses en Naghma Bazaar, Afganistán, en septiembre de 2010. El hombre dijo que combatientes talibanes entraron a la fuerza en su casa y exigieron comida y leche antes de entrar en un tiroteo con los soldados estadounidenses. (Crédito:Damon Winter/The New York Times/Redux) 23 de 31 | Halawasha, a la derecha, y un miembro de la Policía Nacional afgana sostienen a su hermana menor Shokria mientras un médico del ejército de EE.UU. envuelve las graves quemaduras de la pequeña en Now Ruzi, Afganistán, en octubre de 2010. Los soldados estadounidenses estaban en una patrulla de rutina cuando se encontraron con Shokria, cuyos antebrazos resultaron quemados con leche hirviendo durante un accidente doméstico cinco días antes. Los médicos curaron las quemaduras y comenzaron a trabajar con el ejército afgano local para llevar a la niña a un hospital cercano. (Crédito: Chris Hondros/Getty Images) 24 de 31 | El infante de marina de EE.UU. Burness Britt reacciona después de que lo subieran a un helicóptero de evacuación médica en junio de 2011. Un gran trozo de metralla de un artefacto explosivo improvisado cortó una arteria importante en su cuello cerca de Sangin, Afganistán. Esta foto la tomó Anja Niedringhaus, una fotógrafa de Associated Press que fue asesinada a tiros en Afganistán en 2014. (Crédito: Anja Niedringhaus/AP) 25 de 31 | Tarana Akbari, de 12 años, grita después de que un atacante suicida ejecutara su plan en el santuario Abul Fazel en Kabul, Afganistán, en diciembre de 2011. Dos explosiones de bombas mataron a decenas de afganos en el día sagrado de Ashura. (Crédito: Massoud Hossaini/AFP/Getty Images) 26 de 31 | Soldados afganos, a la izquierda, y tropas estadounidenses volaron una posición de tiro de los talibanes en la aldea afgana de Layadira, en febrero de 2013. (Crédito: Bryan Denton/The New York Times/Redux) 27 de 31 | Lesleigh Coyer se acurruca frente a la tumba de su hermano, el sargento del Ejército Ryan Coyer, en el cementerio nacional de Arlington de Virginia en marzo de 2013. Él murió por complicaciones de una lesión sufrida en Afganistán. (Crédito: Kevin Lamarque/Reuters) 28 de 31 | Una mujer es sacada de la escena de un atentado suicida con coche bomba en Kabul en diciembre de 2013. (Crédito: Adam Ferguson/The New York Times/Redux) 29 de 31 | Esta foto muestra las secuelas de un ataque aéreo estadounidense contra un hospital de Médicos sin Fronteras en Kunduz, Afganistán, en octubre de 2015. El hospital fue «impactado accidentalmente» por bombas de EE.UU. después de que las fuerzas afganas pidieran apoyo aéreo, dijo el general John Campbell, comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán. (Crédito: Victor J. Blue/The New York Times/Redux) 30 de 31 | El presidente Donald Trump visita la base aérea de Bagram en Afganistán en noviembre de 2019. (Crédito: Erin Schaff/The New York Times/Redux) 31 de 31 | El presidente Joe Biden anuncia formalmente desde la Casa Blanca su decisión de retirar las tropas estadounidenses de Afganistán antes del 11 de septiembre. (Crédito: Andrew Harnik/AP) Afganistán, «tumba de imperios»

La larga historia de Afganistán ha estado siempre ligada a la de algunas de las potencias más importantes de su época: los griegos bajo Alejandro Magno, los mongoles al mando de Genghis Khan, el imperio Británico, la Unión Soviética y Estados Unidos están entre algunas de ellas.

Pero la ocupación por parte de estas potencias fue siempre difícil y, finalmente, insostenible, lo que llevó a que el país fuera conocido como la «tumba» o «cementerio» de los grandes imperios. Solo en el siglo XX Afganistán estuvo bajo el control de británicos, soviéticos y estadounidenses, además de dos períodos de autogobierno.

La llegada de Estados Unidos se produjo en octubre de 2001, apenas un mes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre perpetrados por al Qaeda contra las Torres Gemelas y otros objetivos en el país.

El principio y fin de 20 años de guerra en Afganistán 4:33

En ese momento Afganistán estaba gobernado por los talibanes, una organización islamista sunita que había tomado el poder en 1997, a la que Estados Unidos acusaba de proteger al líder de al Qaeda, Osama bin Laden. El control talibán del país se terminaría con la invasión estadounidense, pero en los años siguientes seguirían actuando como una insurgencia.

Los años de Estados Unidos en Afganistán

La ocupación de Afganistán por parte de Estados Unidos y la OTAN estuvo marcada por dos grandes operaciones militares contra la insurgencia, que tuvieron lugar en medio de los esfuerzos por reconstruir el país y apoyar la formación de un nuevo gobierno afgano.

La primera operación, Libertad Duradera, corrió desde el 2001 hasta el 2014 con el objetivo de destruir tanto al gobierno talibán como a la presencia de al Qaeda en Afganistán.

En 2015 se lanzó la operación Centinela de la Libertad, de menor envergadura y con el objetivo de realizar actividades antiterroristas contra al Qaeda y el autodenominado Estado Islámico (ISIS), al mismo tiempo delegando más tareas en las fuerzas de seguridad afganas.

Ninguna de las operaciones militares ni el programa de reconstrucción cumplieron con sus objetivos, y la prolongación de la guerra llevó a que diferentes gobiernos en Estados Unidos comenzaran a planear la retirada del país, al tiempo que las fuerzas talibanas, nunca derrotadas por completo, comenzaban a tomar más y más territorios afganos desde sus bases en zonas rurales.

Base militar estadounidense ahora incautada por talibanes 4:47

La retirada de estados Unidos fue finalmente anunciada el 14 de abril de 2021 por el presidente Joe Biden, y concretado el 30 de agosto, cuando el último avión estadounidense despegó de Kabul tras unos últimos meses de caos y violencia. Y los talibanes retomaron el poder, derrocando al gobierno afgano.

El fin de una era en Afganistán

La salida de Estados Unidos volvió a dejar a Afganistán en poder de los talibanes, que en su primer gobierno se habían caracterizado por imponer estrictas leyes islámicas sobre la población afgana, con restricciones particularmente fuertes para las mujeres, y prohibiendo manifestaciones no islámicas. También, por mantener estrechos lazos con el grupo terrorista al Qaeda.

Desde su retorno al poder, los talibanes han prometido moderación en la aplicación de las leyes islámicas, cortar lazos con al Qaeda, no buscar venganza contra funcionarios del gobierno apoyado por Estados Unidos y mantener el control sobre numerosas facciones locales, pero numerosos reportes recientes parecen mostrar que las viejas prácticas continúan.

A mediados de diciembre, por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dijo estar alarmada por los muchos informes de asesinatos extrajudiciales en Afganistán, que incluyen ahorcamientos, decapitaciones y exhibiciones públicas de cadáveres.

Que Estados Unidos ya no tenga una fuerte presencia militar en el centro de Asia también ha abierto espacios que podrían ser llenados por países como China, Rusia, Pakistán e Irán.

China —que se encuentra en una competencia global con Estados Unidos— y Rusia, de hecho, fueron algunos de los pocos países que no evacuaron sus embajadas, y se esperan relaciones comerciales ampliadas entre los talibanes y Beijing, que sin embargo aún no reconoce formalmente al nuevo gobierno.

De hecho, China estado cultivando sus vínculos con Afganistán por dos razones, sostiene Vanda Felbab-Brown, investigadora del Instituto Brookings. La primera es económica, y tiene que ver con el posible rol de Afganistán en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), una vasta red de líneas comerciales entre Europa y Asia también conocida como «Nueva Ruta de la Seda».

Al respecto, el periódico estatal chino Global Times reportó a comienzos de noviembre, unos dos meses después de la retirada de Estados Unidos, que el comercio de productos agrícolas entre China y Afganistán había sido reanudado.

«China seguirá escuchando la llamada del pueblo afgano para ofrecerle apoyo dentro de sus posibilidades», dijo en ese momento el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Wang Wenbin.

A finales de ese mismo mes el Global Times reportó que enviados de China estaban en Afganistán explorando la posibilidad de montar una explotación de litio en el país.

La segunda preocupación de Beijing es de seguridad y similar a la que ha motivado también a Estados Unidos: China teme que grupos terroristas islamistas operen desde Afganistán influyendo en el territorio chino de Xinjiang, hogar a una importante minoría musulmana —los uigures— que mantiene una tensa relación con Beijing. Pero para lograrlo ha intentando negociar con los mismos talibanes para que no lo permitan.

Explosión devasta una mezquita chiita en Afganistán 2:01

«Cuando se hizo evidente en 2010 que el aumento de tropas de Estados Unidos en Afganistán no iba a derrotar a los talibanes, China empezó a comprometerse con el grupo para asegurarse de que los militantes afganos no cooperen con sus homólogos uigures», señala Felbab-Brown.

Otras dos situaciones generan interrogantes para el futuro: el narcotráfico —los talibanes han estado ligados al cultivo de amapola para producir heroína— y la situación de los refugiados.

Con respecto a estos últimos, de acuerdo con datos de la ONU, se estima que a mediados de 2020 había 5.853.838 afganos radicados fuera del país, el cual ha sido un histórico impulso de la migración debido a la violencia e inestabilidad interna.

Solo en 2021 se contaban 550.000 desplazados internos debido al avance de los talibanes, y desde julio hasta el retiro definitivo de Estados Unidos y la OTAN en agosto, se habrían evacuado 122.000 personas por aire, con destino a Estados Unidos y diferentes países europeos y de la región.

«A medida que nos aproximamos a la conclusión de 20 años de guerra y lucha, de dolor y sacrificio, es hora de mirar al futuro, no al pasado», dijo Biden el 31 de agosto tras la salida de Estados Unidos.

La pregunta es, quizás, qué mirada nos devolverá ese futuro.

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