Hacia un radicalismo ilustrado

Foto AJ Colores en Unsplash

Emma Laura Rubio

Para comenzar, debemos entender en este caso la ilustración como un combate contra la credulidad y sus correspondientes efectos de dominación. La nueva ilustración debe ser muy distinta a la que conocemos históricamente con Kant y su ensayo ¿Qué es la ilustración? Donde hablaba de la autoculpable minoría de edad del hombre. Hoy más que minoría de edad lo que tenemos es una sociedad senil la cual, cínicamente, está dispuesta a creer o hacer ver que cree lo que más le conviene.

Hoy vivimos ante una impotencia que como dice Marina Garcés, se puede llamar analfabetismo ilustrado. Es decir, sabemos todo pero no podemos nada. Un radicalismo ilustrado consistiría entonces en tener confianza en la naturaleza humana para emanciparse y hacerse mejor así misma; siendo la crítica la mejor arma. Sin embargo, la relación entre saber y emancipación parecen ya palabras muy gastadas incluso, hasta ingenuas pero es justo esto el efecto desmovilizador que el poder persigue, es decir, ridiculizar nuestra capacidad de educarnos a nosotros mismos para de este modo; construir un mundo más habitable y por ende, más justo.

Hoy día se nos ofrecen para estos fines todo tipo de gadgets para “la salvación”: tecnología y discursos a la carta, líderes y banderas a modo y se nos embarga en proyectos de inteligencia en los cuales por fin podremos ser tan estúpidos como los humanos que hemos demostrado ser porque el mundo y sus dirigentes son inteligentes gracias a nosotros, a nuestra estupidez. Así pues, habitamos un mundo smart irremediablemente idiota.

Como vemos, estamos ante las puertas de una posible rendición del género humano respecto a la tarea de aprender a autoeducarse para vivir de modo más digno. Por ello, propongo el combate a la credulidad y afirmar la libertad y la dignidad de la experiencia humana. Nuestro tiempo es el tiempo donde todo se ha terminado. Se acabó la modernidad, la historia, las ideologías y las revoluciones. Se acabó el progreso y así mismo, se terminan los recursos, el agua, el aire y todos los ecosistemas y su diversidad. Estamos ante la fascinación del apocalipsis y esto es lo que ha dominado la escena política, estética y científica.

Hoy la gran pregunta filosófica sería ¿qué es una vida vivible? Confrontados con el agotamiento del tiempo vivible, con el naufragio antropológico y todo lo irreversible vemos como nuestro tiempo ya no es la posmodernidad sino la insostenibilidad lo cual impugna radicalmente el actual estado de las cosas. Esta nueva ilustración por tanto debe ser planetaria, más geográfica que histórica y más mundial que universal.

El combate a la credulidad no es un ataque a cualquier creencia, éstas son necesarias para la vida y el conocimiento. La credulidad es la base de toda dominación porque implica delegación de inteligencia y de convicción. La ilustración no es el combate de la ciencia contra la religión o de la razón contra la fe. Esto no es más que un reduccionismo que distorsiona lo que en verdad está en juego. Es decir; el derecho a ejercer la libertad de someter cualquier tipo de conocimiento a examen y duda. La crítica que hoy se requiere es la atención necesaria que precisa una razón que se sabe finita y precaria y asume esta condición. 

¿Qué nos demanda este radicalismo ilustrado? Ser críticos convencidos de la debilidad del espíritu humano como en su momento lo propuso Kant; no solo sometiendo a examen las verdades que producimos; sino que la razón misma debe ser sometida a su propia crítica, sospechar de sí misma e interrogarse sobre sus propios deseos y límites. Como decía el gran Goya “La razón produce monstruos”. Por lo tanto, cabe comprender a la crítica como el arte de los límites que nos devuelve la autonomía y soberanía.

El error de la razón ilustrada ha sido atreverse asumir el carácter natural de la condición humana y no más allá de ella. El alma humana no puede ni debe aspirar a una visión privilegiada, ni a una inteligibilidad superior mucho menos a una verdad absoluta. Nuestra naturaleza es un ensayo y error, una elaboración inacabada del sentido y el valor de la experiencia misma de existir. El materialismo antiguo, el de Demócrito, Epicuro y Lucrecio pasando por las lecturas clandestinas del gran Spinoza, entran de nuevo en escena. ¿Cómo argumentar que la materia piensa y cuáles son las consecuencias de esta afirmación?

Aceptar la condición natural y corporal de lo humano implica aceptar la parcialidad y la precariedad de nuestras verdades. Hoy hay pocas restricciones para acceder al conocimiento sin embargo, si hay muchas neutralizaciones  de la crítica, tales como: saturación de la atención, segmentación de públicos, estandarización de lenguajes y hegemonía del solucionismo.

Así pues, nuestro desafío será poner en el centro cualquier debate del estatuto de lo humano y su lugar en el mundo y la relación con las existencias no humanas. No se trata de prolongar el proyecto inconcluso de la modernidad como en su momento lo mencionó Habermas sino como lo propusieron Adorno y Horkheimer; el de llevar a cabo el matrimonio entre el ser humano y la naturaleza . En la actual era planetaria deberá tratarse de un matrimonio equitativo e igualitario.


Filósofa de profesión y vocación. Crítica pero teóricamente se lleva bien con Walter Benjamin. Le apasiona la educación, la música pero más abrazar a sus dos gatitos.

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