El Reino de Los Indeseables

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

Por alguna u otra razón, comenzaron a aparecer por todos lados.

Como nacidos por generación espontánea. Cómo creados por computadora.

Probablemente siempre estuvieron ahí, pero en nuestro tiempo, han encontrado nuevas formas de hacernos notar su presencia.

No podrían catalogarse como una nueva especie (no creo que la Madre Naturaleza sea tan cruel con nosotros, ¿o sí?), ni como un nuevo estamento social; pero podríamos decir que posiblemente, con su entronizamiento estamos pagando un karma,  por no tomarnos las cosas con la debida seriedad.

¿De quién o quiénes estamos hablando? Pues de Los Indeseables.

No me malinterpreten, no es cuestión de sectarismo ni de caer en la actual tendencia de no encontrar un chile que nos embone, pero en los últimos años, ha sido evidente la presencia de personajes poco ortodoxos en distintos espacios de la vida pública: en los medios de comunicación, en el entretenimiento y en la política.

Y han encontrado una tierra fértil para hacernos notar su presencia: las redes sociales y las plataformas digitales.

Nuestra evidente incapacidad para ponerles freno los ha llevado a escalar las más altas posiciones de poder. Tal vez eso les ha envalentonado y les ha dado ánimos para salir del ostracismo, toda vez que uno de sus más preclaros ejemplares ya se ubicó en la cúspide del máximo poder global.

Si a mediados de la década pasada algún analista político hubiese vaticinado que un personaje como Donald Trump llegaría a la Presidencia de los Estados Unidos, probablemente hubiésemos sugerido que se le brindara atención psiquiátrica. Es más, al momento de hacer oficial su postulación por el Partido Republicano, el magnate neoyorquino ni siquiera estaba totalmente convencido de sus posibilidades de triunfo, y sin embargo, el hombre de la cabellera indescriptible llegó a la Casa Blanca, con los resultados ya conocidos.

Y es que por alguna razón, éste tipo de personajes (autoritarios, cínicos, intolerantes a la crítica), provocan cierta fascinación en un sector del público. Por alguna u otra razón se les puede amar, se les puede odiar, pero no pueden pasar desapercibidos. La atención del ojo público es el combustible que alimenta las llamas de su ego.

En México vemos paulatinamente la aparición de personajes de esa misma actitud y manufactura. 

Un ejemplo curioso es el del empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, Elektra y diversas empresas asociadas.

Hasta antes de la década de los noventas, el empresario oriundo de Monterrey podría haber sido catalogado como un millonario de bajo perfil, apenas visible en el mundo de los negocios como propietario de una de las más importantes tiendas de electrodomésticos a nivel nacional. 

Sin embargo, el proceso mediante el cual se convirtió en la cabeza visible del movimiento que privatizó un segmento mayoritario de la televisión de Estado en la época del salinato, dio paso a una nueva etapa en la construcción de su imagen pública.

Es de llamar la atención de que a pesar de varias maniobras destinadas a acrecentar no sólo su capital sino su imagen pública (como su participación en el negocio del fútbol, o la creación de la llamada Fundación Azteca, presuntamente dedicada a la filantropía) fue hasta este sexenio que Salinas Pliego decidió asumir un rol más protagónico en la vida pública, expresando su opinión sobre diversos temas a través de la red social Twitter, situación que lo ha llevado a protagonizar episodios llenos de polémica, que vieron su punto culminante en pasados días, cuando su cuenta fue suspendida por presuntas violaciones a las normativas en materia de abuso y acoso.

Ricardo Salinas Pliego (quien en su perfil de Twitter se autodefínete como “Empresario Mexicano y Bitcoin holder”) tiene poco más de 975 mil seguidores en Twitter. Desde esa plataforma ha entablado pleitos de alto octanaje contra figuras como la académica y analista Denisse Dresser, el economista Santiago  Levy y el youtuber Ignacio Rodriguez, propietario del canal conocido como “El Chapucero”, entre otras personalidades. Todos estos pleitos marcados por un uso excesivo de rudeza verbal y un afán veleidoso digno de un bravucón de cantina. Aún así, la red social restableció su cuenta, acción que fue celebrada por sus seguidores.

En reiteradas ocasiones el propio Salinas Pliego ha presumido su cercanía con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien lo ubicó, junto a otros magnates mexicanos, como parte de su honorario Consejo Asesor, organismo que sólo Dios sabe para qué consulta y nadie a ciencia cierta sabe tampoco qué tanto influye en las decisiones del mandatario mexicano.

No pocos analistas han considerado la posibilidad de que el evidente afán de protagonismo que recientemente ha mostrado Salinas Pliego lleve intrínseca la posibilidad de su participación activa en la política, y no pocos lo avizoran como un eventual aspirante a la Presidencia de la República. Cada vez falta menos tiempo para saber si ésto se hará realidad.

Otro caso curioso del fenómeno que describimos es el del actual gobernador de Nuevo León Samuel García Sepúlveda.

Criado en el seno de una familia de empresarios en ascenso, el abogado de 34 años ha sido protagonista de diversos tópicos y publicaciones vírales en redes sociales como Twitter e Instagram, muchas de ellas controversiales.

Arropado bajo las siglas de Movimiento Ciudadano y haciendo mancuerna con su esposa e “influencer”, la psicóloga  Mariana Rodríguez Cantú, Samuel García es un exponente del modelo de vida aspiracionista de un importante segmento de la clase media y media alta de nuestro país; de posición económica desahogada, profesionista y empresario exitoso, de estilo de vida fitness (no son pocas sus publicaciones donde se le ve haciendo ejercicio) y en matrimonio con una mujer atractiva y popular; en suma, una “esposa trofeo”, cuya actividad en las redes sociales se considera fue punto clave para su ascenso político, aún en condiciones financieras cuestionables.

Ya sea difundiendo los valores propios de una derecha (auto) moderada, o queriendo aparecer como una figura filantrópica con ocurrencias tales como obtener “en préstamo” a un bebé custodiado por el DIF-Nuevo León para una controversial “adopción” de un fin de semana, la pareja gubernamental de la entidad norteña no se amilana ante las críticas de sus detractores. Ellos mejor que nadie lo saben: en tiempos de redes sociales, no hay publicidad cien por ciento mala.

Sin embargo, hay otros personajes que están forjados fuera de ese molde de la corrección política. Ahí tenemos el ejemplo del ex futbolista profesional y actual gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, cuya precaria formación escolar (secundaria trunca), no ha sido obstáculo para obtener el éxito profesional en su etapa como deportista, y para haber alcanzado, sólo a costa de su popularidad, dos cargos de elección popular.

A pesar de su destacado palmarés como futbolista, “El Temo” dista mucho de ser un personaje ejemplar. Orgulloso oriundo de un barrio bravo -por cierto, fuera del estado que ahora presuntamente gobierna-, Blanco Bravo siempre se caracterizó por su estilo agresivo, gandalla y burlón frente a sus rivales. Inexplicablemente sus no pocos seguidores ven como una hazaña el que Blanco haya propinado un golpe al comentarista deportivo David Faitelson en 2003, a pesar de que la agresión se realizó cobardemente por la espalda y pertrechado detrás de una pequeña ventana. Lo importante, justifican sus asiduos, es haberle “dado en la madre” a un odiado rival. Faltaba más.

En estos momentos Morelos  enfrenta una severa crisis de violencia criminal e ingobernabilidad, que se ha visto atizada desde los medios a raíz de que una publicación de El Sol de México exhibiera a Cuauhtémoc Blanco posando en una fotografía junto a líderes de grupos criminales presuntamente antagónicos. Aún así, el ex futbolista se muestra confiado de que sus no pocos seguidores seguirán comprándole el argumento de que los “políticos de siempre” lo están atacando porque está combatiendo los privilegios de los que gozaron durante sexenios. Lo cierto es que en la tierra del general Zapata se sabe que el gobernador pasa más tiempo en los campos de golf del Club Tabachines que en Palacio de Gobierno.

Y por si ésta pléyade de cuestionables perfiles no fuese motivo suficiente de preocupación, ahora resulta que avanzan las posibilidades de que el actor Roberto Palazuelos se convierta en el candidato del partido Movimiento Ciudadano (of course!) a la gubernatura de Quintana Roo.

En un proceso interno que habrá de definirse el 14 de febrero próximo, el actor y empresario se dice plenamente convencido de obtener la postulación: “soy una persona que nunca ha estado interesada en la derrota”, declaró durante la ceremonia de su registro.

Figura emblemática de esa tribu urbana conocida como “Los Mirreyes”, amantes de los lujos, la compañía de bellas mujeres y la ostentación de un estilo de vida sofisticado, sobre Palazuelos pesan varios escándalos como los de su autoreconocida participación en fiestas y parrandas con cargo al erario público en calidad de amigo personal de los vástagos del ex presidente Miguel de la Madrid; así como su presunto involucramiento en una red de despojos, lavado de dinero y desapariciones forzadas en Tulum, según lo denunciado hace algunas semanas por la periodista Lydia Cacho. Ante estos señalamientos, el propio Palazuelos no dudó en amenazar a la comunicadora con una denuncia penal “por difamación”, sin que hasta el momento se tenga conocimiento formal de que haya emprendido alguna acción concreta al respecto.

Más allá del controversial perfil de los personajes que hemos comentado en este espacio, valdría la pena cuestionarnos en qué clase de sociedad nos estamos convirtiendo, al permitir que la línea que separa a la política de un vulgar espectáculo multimedia sea cada vez más difícil de identificar. 

Tal vez no hemos aprendido a aquilatar el enorme valor de la transición democrática y los alcances de la verdadera alternancia en las responsabilidades públicas.

Habrá que analizar cómo es posible que la vida pública llegue a niveles tan cuestionables de frivolidad, y que no nos lleguemos a arrepentir, en unos cuantos años, de haber trasladado el tablero de controles de la política nacional al camerino de los payasos.

Veremos y comentaremos.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

El Tri (México) / “El muchacho chicho”

Living Colour (Estados Unidos) / “Cult of personality”

Faith No More (Estados Unidos) / “Superhero”

Molotov (México) / “Payaso”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

0
    0
    Tu carrito
    Tu carrito está vacíoRegresar para ver