Recomendaciones generales en caso de visitar un hospital. Segunda parte.

Foto Annie Spratt en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / POR ADRIÁN LOBO

Procure mantener la calma en todo momento. Es perfectamente entendible que sea tan fácil exaltarse en una emergencia, en una situación crítica, declarada o potencial, pero tenga presente que si ya es tensa y difícil, nadie gana nada haciéndola aún más. Yo sé que causa una gran aflicción ver a un ser querido sufriendo de algún dolor, sin embargo, no debe perderse de vista el hecho de que se encuentra ya en un sitio donde se le va a dar la atención y donde hay personas preparadas para eso. 

Uno como familiar no quisiera dejar solo a su paciente ni un instante, pero llegará uno en que se tiene que dejar a médicos y enfermeras hacer su trabajo. Seguro suena horrible lo que voy a decir: la verdad es que muchas veces uno tiene que dar un paso al costado, en realidad un poco más allá, fuera del servicio, y no estorbar. Es por el bien de todos. 

Ahora bien, estoy hablando de momentos difíciles, seguramente no hay ningún impedimento para que usted acompañe a su paciente a que le hagan un estudio de rayos X o de ultrasonido, sobre todo tratándose de menores de edad y cuando no es una emergencia, pero cuando se le tiene que hacer algún procedimiento y se le pide que espere afuera es mejor cooperar. 

Son lapsos en que suele haber angustia y en los que necesita mantener la calma, así que respire hondo y trate de mantener la mente despejada porque quizá podría llegar un momento en que le pedirán tomar una decisión o dar a los médicos alguna autorización y siempre es mejor que decida rápido. 

En ocasiones por la angustia hay quienes se bloquean. He visto que algunas a veces piden tiempo a los médicos para hacer una llamada a una tercera persona o que piden esperar a que se presente y tome la determinación. Siento mucho tener que decirlo: éste es un hospital público y hay gente literalmente haciendo fila para ser atendida y no hay tiempo que perder. Así es que si usted no se considera capacitado para tomar ese tipo de decisiones es mejor que desde un principio le ceda su lugar a otro familiar para que se haga cargo de esos asuntos. 

Debe usted también saber que únicamente familiares directos están autorizados para tomar esa clase de elecciones; mientras no haya razones legales, esa responsabilidad no es posible delegarla a un tercero ajeno a la familia.

Usted puede, por supuesto, informar a la enfermera que asiste a su paciente sobre aspectos que observa, eso puede ser muy útil en algunos casos para los profesionales de la salud, como por ejemplo cuando nota que el suero que le están pasando está por terminarse o ya se ha acabado (aunque generalmente las enfermeras están muy pendientes de eso), cuando el flujo se interrumpe o se hace demasiado lento o cuando se observa retorno sanguíneo (sangre en la porción del circuito proximal del catéter). 

Pero por favor, siempre con mesura y prudencia. He visto familiares de pacientes reaccionar desproporcionadamente cuando en algún momento notan este fenómeno que suele ocurrir y que ciertamente es anómalo aunque típicamente no hay razón para alarmarse por ello ya que se corrige muy fácilmente y en verdad que a muchas enfermeras les han de dar ganas de darles un zape. 

Así es que es mejor no extralimitarse porque podría terminar haciendo más daño que bien. En una ocasión, por ejemplo, un padre nervioso que seguramente con toda la mejor intención del mundo quiso ayudar a acomodar a su menor hijo en la cama donde estaba acostado y quien se quejaba mucho de sentir dolor, en un momento dado quiso extender el circuito de la venoclisis que se encontraba sobre el pecho del pequeño seguramente para colgar el frasco de suero en el portasueros pero por alguna razón en el acto tomó también el del catéter epidural que se había soltado un poco y casi se lo arranca. Y después la mamá del chico con gran preocupación le hizo notar a la enfermera que aquella porción había quedado suelta al caerse la tela adhesiva que lo sostenía en la parte superior.

— ¡Se le está cayendo esto! ¡Se le está cayendo esto! — gritó.

— Tranquila señora, se soltó un poco pero no pasa nada, enseguida lo vuelvo a fijar.

— ¡Es que por aquí le ponen medicamento! (¿De verdad creyó que la enfermera no lo sabía o que nunca había visto uno de esos?)

— Sí, señora, pero no pasa nada.

Así que es mejor que, a menos que se requiera su apoyo, no intervenga cuando médicos y enfermeras están trabajando. De verdad, opte por dejar la iniciativa de lado, no intente hacer nada más allá de lo que se le pueda pedir a menos que usted mismo sea un profesional de la salud, incluso en tal caso supongo que por cortesía profesional es preferible dejar a los encargados hacer su trabajo y ayudar exclusivamente cuando así se le solicite. Entonces es deseable que se haga a un lado o salga de la habitación. De hecho es casi seguro que cuando una enfermera o médico debe hacer algún procedimiento a su familiar le pedirán a usted que salga del cuarto, precisamente porque es mejor y no tiene por qué molestarse. Quizá la única excepción sea cuando se trata de menores de edad, aunque es seguro que llegará un momento en que le solicitarán esperar afuera.

No estoy diciendo que no se queje, que no proteste o que no exija la atención que merece, por supuesto que no. Le asiste el derecho de hacerlo pero insisto en que es recomendable hacer lo posible por facilitar la labor de aquellos que le atienden a usted y a su paciente que empeñarse en complicar todo. 

Frecuentemente pienso que la Subdirección de enseñanza del hospital debería capacitarnos a la totalidad de quienes estamos en contacto directo con pacientes o familiares en cuanto a la resolución y manejo de conflictos porque realmente nos hace falta, deberíamos saber qué decirle y cómo hablarle a una persona alterada, porque en momentos de confrontación somos nosotros los primeros quienes deberíamos mantener la calma, se supone que somos profesionales y debemos saber cómo actuar en situaciones así. 

Deberíamos tener también mecanismos para asegurar que cualquier papeleo sea relegado a un segundo plano y no supeditar la atención médica a la pre existencia de algunos documentos, se me ocurre que quizá sería bueno dejar ese engorro para el final, y de inicio otorgar una especie de pase o pasaporte donde el usuario se compromete a completar satisfactoriamente todos los trámites una vez que ha recibido la atención porque es precisamente el primer y más grande obstáculo que suelen encontrar los pacientes: El exceso de burocracia.

El último aspecto que debería importarle cuando tiene a algún familiar internado en un hospital es el tiempo. Sin embargo, muchas veces lo primero que preguntan los familiares es: «¿Qué tiempo se van a tardar?», «¿A qué hora pasa a su cama?», «¿A qué hora lo van a llevar a rayos-x?», «¿Cuánto tarda en volver del ultrasonido?», «¿Cuánto tarda la cirugía?», ¿A qué hora me dan informes?». 

La verdad es que a veces cuando me encuentro con familiares especialmente quisquillosos con el tiempo me dan ganas de decirles que «eso no tiene la menor importancia». La prioridad es el bienestar del paciente, en todos los casos. Quizá una respuesta adecuada es: «Lo que tenga que tardar», cuando preguntan «cuánto tardará…» o “cuánto tiempo…”. 

Yo creo que los médicos, más aún en sucesos muy señalados, como cuando se trata de una cirugía, entre todas las explicaciones que dan a pacientes y a sus familiares deberían incluir en las consideraciones correspondientes el tiempo. Deberían hacerles saber de antemano que ningún procedimiento tiene una duración definida, previamente estipulada, que básicamente nunca se sabe cuánto tiempo va a durar la intervención porque aunque se trate de una urgencia no se tiene ninguna prisa por terminar como por hacerlo bien. Así es que nada de ¿lo quiere rápido o lo quiere bien? ¡Aquí lo queremos todo!

En una ocasión un padre muy especial apareció en un servicio. Lo recuerdo muy bien porque nos encontramos de frente. Directamente me preguntó si ya iba a egresar su hijo. «Porque me dijeron que a las cuatro», dijo. Eran exactamente las cuatro. Quise explicarle que en realidad los procedimientos no tienen una duración exacta, que depende de muchos factores y lo único que se puede aventurar, con muchas reservas, es una aproximación.

— ¿Entonces en qué tiempo regreso?— me preguntó insistente. Le comenté entonces que me era imposible decirle cuánto tiempo más iba a ser necesario.

— No sé, tal vez una hora más, exactamente no…

— Regreso en una hora entonces— anunció. Y se retiró. Volvió exactamente una hora después.

La verdad es que en casos así no es estrictamente necesaria la presencia de los familiares, pero hay personas que naturalmente se ponen muy nerviosas. Mi recomendación es aquel viejo dicho, que es como mi mantra para las esperas hospitalarias:

No news, good news!

Cuando se trata de los informes y de pacientes en cirugía o atención de emergencia puede usted tener la seguridad de que es buena noticia el que no haya noticias, quiero decir que si no le han dado informes en un buen rato eso significa que todo está bajo control o que al menos no ha habido cambios significativos desde la última vez que vio a su familiar. 

No importa si han transcurrido tres o cuatro horas desde la última vez, debe usted saber que hay muchos factores que pueden originar una demora. En primer lugar, cada persona puede reaccionar en forma diferente, puede tomarle un poco más de tiempo a su paciente recuperarse de la anestesia, por ejemplo, o quizá ese día, en ese momento, la carga de trabajo del personal ocasione la tardanza y así por el estilo.

En una ocasión apoyé a un paciente cuya pareja era algo nerviosa e impaciente. Estaba al borde de la desesperación porque en el turno matutino le habían dicho que se le iba a realizar un estudio; pasó toda la mañana y no se le practicó. Para la hora en que yo llegué ya se había ido a quejar con cuantas personas pudo, desde la jefa de servicio hasta algún subdirector, pasando por la supervisora de enfermería. 

Pues bien, llegó un momento en que una interna me dijo que por fin lo llevaríamos al estudio. Yo ya estaba prevenido, nunca nadie me dice nada, y creo que en realidad deberían, al menos para estar sobre aviso- Al llegar ya me había enterado por mis propios medios de la situación y me informé sobre la disponibilidad del encargado de realizar dichos estudios. Así supe que el compañero estaría disponible hasta un poco más tarde. 

En este punto no voy a negar que algo se podría hacer para organizar mejor estos asuntos, no sé exactamente qué, quizá algo así como llevar una agenda, hacer citas o reservar horarios específicos para determinados estudios, no lo sé, cosa de actuar coordinadamente, porque cuando cada quien quiere hacer su voluntad todo sale mal. 

Se debería asegurar la total disponibilidad de cierto personal que realiza los estudios de urgencia. Si ocurre con frecuencia, no están disponibles, ¿cuál es el chiste? Diría mi abuelita, “¡Buenos están para una urgencia!”.

El caso es que la interna y la familiar no se lo tomaron muy bien cuando les dije que en ese instante no era posible hacerlo, que debíamos esperar otra media hora o hasta 45 minutos. La enfermera fue más comprensiva. Les expliqué que ya había consultado con los encargados y eso me habían informado. La familiar casi explotó, empezó a decir que nosotros éramos los que no queríamos hacer nuestro trabajo y que sólo «nos echábamos la bolita» y la interna le dio la razón. 

Como no me gusta discutir con los pacientes y sus familiares y menos con médicos y enfermeras, mucho menos enfrente de los primeros, procuré que nos apartáramos un poco y enfrente de la jefa de servicio le comenté a la interna que yo no tenía ningún problema en llevar al paciente, a la hora que fuera, después de todo yo ya estaba ahí, aunque hacerlo en ese momento sería inútil porque no habría nadie que lo pudiera atender y lo mismo que íbamos a esperar afuera de ese lugar podría el paciente estar en su cama, cómodamente. «Si quiere lo llevamos ahora mismo, pero que venga con nosotros la familiar, para que vea que en verdad no hay nadie para atenderlo y que espere con nosotros hasta que llegue el técnico». 

Total, que lo esperamos afuera de Rx casi cuarenta minutos. Sólo para que quedara claro mi punto le mencioné a la interna que ese tiempo que estuvimos ahí sin hacer nada más que esperar lo habríamos podido emplear en otras actividades para que no se nos acumulara el trabajo. En fin.

El caso es que debería tratar de no preocuparse demasiado si no lo llaman, deje mejor que el personal se ocupe de su paciente y no en estar dando informes punto por punto, eso puede pasar a segundo término si todo va marchando bien. Típicamente en los servicios hay un horario de visita que se  debe observar y en el área crítica también lo hay para dar informes.

Hasta donde he podido darme cuenta a los médicos les irrita sobremanera que haya familiares que insistan a cada rato en pedir informes pero cuando se requiere su presencia para hacerles alguna solicitud no se les encuentre por ningún lado. Eso ocurre con mucha frecuencia, que al familiar no se le puede localizar cuando se le necesita, así que procure estar siempre disponible o dejar a alguien en su lugar cuando tenga que ausentarse aunque sea por cinco minutos.

Pero sobre todo les resulta muy molesto que se aparezcan en orden aleatorio la tía, el hermano, la abuelita, el primo, la madre y el padre a diferentes horas a pedir informes cuando desde el principio se les avisa que debe haber un solo familiar responsable que será quien reciba información, solicitudes y decida y autorice lo relativo a la atención del paciente.

Ahora bien, que pidan su presencia no necesariamente implica que algo haya salido mal, al menos aquí en el H.G.D.A.V. típicamente si lo llaman a cada rato es para pedirle algo para su familiar, puede ser algún material de curación, pañales, medicamentos, o quizá lo único que se requiera sea la firma de usted. 

Adrián Lobo. 

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