Mi experiencia en el hospital. Primera parte

POR ADRIÁN LOBO

Debo decir, para empezar, que si bien trabajar en el hospital no era mi primera opción, esperaba que al menos, si tenía que recurrir a ello, pudiera ser en otra área. Por muchas razones que creo no viene al caso comentar ahora. Pero las condiciones no se dieron, de modo que tuve que tomar la alternativa de incursionar en la llamada “Rama Paramédica”, específicamente en el puesto de camillero.

Desconozco cómo funciona en otras instituciones como el IMSS o en el ISSSTE, cuál es el perfil para quien aspire a obtener un empleo como tal, pero en los SSO únicamente pedían en su momento, hasta donde sé por mi experiencia, escolaridad mínima de bachillerato.

Ni un curso con validez oficial de primeros auxilios, ni mucho menos un diploma como TUM (Técnico en Urgencias Médicas) o como TAMP (Técnico en Atención Médica Prehospitalaria). No quiero decir que sea estrictamente necesario contar con ninguno de esos títulos porque el conocimiento que tienen y el trabajo que realizan como rescatistas es muy diferente al de un camillero.

Quizá sea muy positivo (“deseable”, suelen decir los reclutadores de RRHH, también a veces dicen que “es un ‘plus’”) tener conocimientos de primeros auxilios pero tampoco es indispensable según las funciones que se tienen que realizar. Sin embargo, contar con una formación así te da algo que es muy valioso, mucho más que sólo “deseable”, que es nada más y nada menos que la seguridad con la que es más que conveniente acercarse a apoyar a un paciente.

Cuando hice mi proceso únicamente se me solicitó aprobar un sencillo examen de 10 preguntas, 8 de sentido común y dos más o menos técnicas. De modo que a mi parecer la calificación mínima que puede obtener una persona promedio es 8. No tiene ciencia, es más difícil reprobar ese examen que aprobarlo y no toma más de 5 minutos responderlo.

Siempre he dicho entonces que aprobar no prueba nada en realidad y que es necesario un buen curso de inducción al puesto, aunque fuera exprés o intensivo, pero fuera del hospital, teórico y práctico, donde se enseñe a quienes, como yo, no tengan esos conocimientos al momento de entrar a trabajar, asuntos como Mecánica corporal, quizá Anatomía básica, quizá temas de Fundamentos de enfermería y sobre todo movilización de pacientes.

Pero no, nada de eso lo aprendes si no es en la práctica. Así, a la buena de dios, te ponen a trabajar, sin más que unas cuantas recomendaciones —regaños, en realidad— conforme vaya siendo necesario y lo que tengas que aprender lo harás “en vivo” y como puedas. Es un curioso método, peor incluso que entrenar a un perro, es como enseñar a una mula o a un burro, que básicamente tiene que aprender a base de golpes. Aunque en éste caso verbales, pero golpes ciertamente. No es un buen método, creo yo.

Uno de mis primeros días en funciones un compañero que estaba asignado a la UCI me llamó con vehemencia para que lo apoyara. Creo que la enfermera le cuestionó si era conveniente, dada mi inexperiencia.

—¡Síííííííííí, cómo no! ¡Ya… ! ¡Que se vaya “amachinando”!— respondió aquél enfáticamente. Así lo ven todavía muchos compañeros, creo entender que también los responsables del hospital, que básicamente uno tiene que entrarle con valor y con fé, hacerse o ponerse “machín”, sin importar que carezca de los conocimientos básicos, eso parece quedar en segundo plano.

Y así fue como, aunque me habría gustado que hubiera sido de otro modo, como muchos otros, quizá todos o casi todos (porque hay compañeros que sí son TUM’s o que saben en teoría de Primeros auxilios) empecé mis andanzas en el hospital.

No puedo decir sin faltar a la verdad que en el hospital carecemos completamente de formación técnica. La hay, sólo que es a mi juicio demasiado esporádica, breve y no es tomada en serio ni por los responsables de Enseñanza, los directivos del hospital ni por los participantes, por lo tanto su utilidad como capacitación es muy limitada y cuestionable.

Para mí, si no se hace una buena selección de los temas a impartir y no hay una buena elección de instructores, ya estamos empezando mal. Los responsables de Enseñanza deberían evaluarlos también, ver que tengan las credenciales y las habilidades necesarias para impartir buenos cursos.

Alguien que se pare enfrente de un grupo a vanagloriarse de su abultado currículum y a hablar de sus logros pasados contando anécdotas de sus triunfos en realidad no está enseñando nada, más que su gran ego. Tampoco está impartiendo un curso sino manteniendo una simple charla con pretensiones de Conferencia Magistral. Eso no sirve de nada si no es para hacer que más de una persona se quede dormida.

Por otro lado, la formación no debería ser opcional, como parece serlo, de otra forma no me explico por qué se toman la molestia de organizar todo y convocar a la asistencia pero no se verifica la misma ni hay sanciones por faltar reiteradamente. Para mí eso no es sino un signo de desinterés de ambas partes.

Tampoco sirve de nada otorgar diplomas a diestra y siniestra, casi sin fundamento, tan solo por asistir a un curso; ese debe merecerlo el participante, debe poder demostrar mediante una evaluación seria que realmente algo aprendió o que domina o que por lo menos conoce los rudimentos del tema y después hacer un seguimiento. Esto es, que esos reconocimientos deben significar algo que es, precisamente, que la dirección de Enseñanza y capacitación reconoce y avala que la persona efectivamente aprendió sobre el tema tratado y no que simplemente se registró su asistencia.

Pero no es la única muestra del poco cuidado institucional que parece haber en éste punto. Muy cerca de la fecha fatídica en que nos notificaron la no continuación de la relación laboral me hicieron llegar un diploma donde hacen constar mi participación en un curso que se llevó a cabo más o menos un año antes. Uno que por cierto nunca estuvo listo en ninguna de las ocasiones en que fui a solicitarlo, de modo que llegó un momento en que simplemente dejé de ir a pedirlo.

Pero el problema no es ese; cuando me lo entregaron noté que el nombre del curso está groseramente mal escrito. No es que contenga errores ortográficos sino que simplemente no es correcto. Y viene firmado por los responsables de enseñanza, la dirección del hospital y algún funcionario más.

Es decir, que hicieron más o menos 30 diplomas para los participantes, tardíamente tal vez, con el nombre del curso mal escrito, pasó por las manos de 3 directivos que lo firmaron y a nadie ni siquiera se le ocurrió revisar ni lo que se imprimía ni lo que se firmaba. Lo peor de todo es que a nadie le importó, de hecho algunas personas hicieron mofa de mi observación y me parece recordar que alguien me dijo que era “sólo un detalle”.

Pues vaya detalle, que cambia completamente el significado.

Adrián Lobo.

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