Los Superhéroes y el Multiverso del Desencanto

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

Primero que nada, déjenme confesarles algo: las películas y series de superhéroes ya me tienen fastidiado.

No me malinterpreten, no es que con la edad me esté convirtiendo en un ser amargado. Todavía disfruto las puestas de sol, la sonrisa de los niños y un buen cono de helado. Pero simplemente he dejado de tener interés en los personajes de ficción que vienen a salvar el día.

Teniendo un hijo entrando en la adolescencia, me sorprendí a mi mismo reaccionando como por automático a la idea de ver la nueva película de Batman. Casi instintivamente pensé: “Ay no, qué hueva”. ¿Pues qué me pasó?

Recuerdo que en mis años de infancia, allá por los lejanos ochenta, mi gusto por la lectura me llevó a cultivar una afición a los cómics. Prácticamente devoraba todo material que cayera en mis manos: ya fuese de Marvel, de DC e incluso los de manufactura nacional (como Kalimán o Fantomas). Mi primera decepción vino al percatarme que las ediciones publicadas en México por compañías como Novedades Editores, Novaro o Editorial Vid eran refritos tropicalizaros de historietas que tenían entre 20 y 30 años de antigüedad. ¡Con razón toda la gente en las viñetas de Supermán, Hulk o Los Cuatro Fantásticos vestía como si estuviera en una película de Tin Tan o Pedro Infante! ¡Pues si Las versiones originales eran de los cuarentas y los cincuentas!

Mi segundo desencanto con los superhéroes vino cuando comencé a ver algunas adaptaciones cinematográficas y televisivas de mis tiras cómicas favoritas. Menuda decepción era observar al Capitán América,  Batman o Ultra-Man haciendo sus proezas en escenarios dignos del Teatro Fantástico de Cachirulo. No me juzguen… pero ¿como hacer entender a mi niño de entonces las pocas posibilidades técnicas para representar en una producción audiovisual con actores de carne y hueso toda la trepidante acción desplegada en las páginas de mis revistas favoritas?

Tal vez tuve un respiro cuando aparecieron las películas de Supermán en la saga protagonizada por Christoper Reeve. Ver al Hombre de Acero volando, las épicas imágenes en la Fortaleza de la Soledad o aquella escena donde hace retroceder el tiempo al volar a velocidad ultra supersónica en sentido contrario a la rotación terrestre para devolver la vida a su amada Luisa Lane, fallecida en un terremoto que la deja aprisionada dentro de su auto, valían para mí su peso en oro.

Lamentablemente todo se puso raro a partir de la tercera entrega de esa saga, donde inexplicablemente, la historia introduce a un supuesto hacker (Gus Gorman), representado por el comediante Richard Pryor, a quien me costaba trabajo acoplar al universo del nativo de Kryptón, sin recordar sus rutinas de comedia física y sus muy elaborados chistes con referencias escatológicas y lenguaje “blasfemo”.

A inicios de la década pasada, la irrupción de las entregas de Marvel sobre el Hombre Araña representaron una luz de esperanza en mi anhelo de ver la fastuosidad de los cómics reflejada con toda su espectacularidad en la pantalla grande. Finalmente, llegamos a ese momento de la historia donde las posibilidades tecnológicas nos brindaron la posibilidad de disfrutar de un espectáculo audiovisual cercano a mis ya para entonces un tanto remotas fantasías de infancia. Aún así, ya estando en edad adulta pude gozar a plenitud del despliegue ofrecido a los espectadores en la saga creada por Sam Raimi.

Sin embargo, con el paso del tiempo, con la aparición de más títulos y la llegada al celuloide de mis personajes favoritos (Los Vengadores), pareciera que la vulgaridad de la vida cotidiana ya no les alcanzaba ni para hacer un buche de agua a los seres superdotados. Ya no bastaba con derrotar a los malos, salvar a una ciudad o al género humano: las tramas se fueron haciendo cada vez más grandilocuentes; había que salvar ahora a galaxias enteras, dar saltos en el tiempo o recurrir a realidades paralelas para justificar la complejidad de las tareas encomendadas a los personajes. Y ahí fue donde me perdieron: demasiados niveles de discurso desarrollándose al mismo tiempo. Peor que una sesión del Poder Legislativo mexicano discutiendo el presupuesto federal…

Finalmente, no sin cierta carga de escepticismo de mi parte, acudí al cine a ver la más reciente entrega de Barman, bajo la dirección de Matt Reeves y protagonizada por Robert Pattinson.

De entrada debo decir que la película no me pareció del todo mala.  Reincorpora al personaje a una de sus representaciones más sombrías, pero a la vez más terrenal es, situándolo en una Ciudad Gótica asfixiada por la delincuencia y la corrupción policial. En ese contexto, cobra completo sentido que un millonario que seguramente fue un chico emo durante su adolescencia se convierta en un vengador nocturno, haciendo uso de herramientas y un atuendo  que en el peor de los casos podría haber destinado a divertimentos sadomasoquistas. Me pareció formidable apreciar una trama lejana al gastado discurso de héroes ultra-buenos y villanos capaces de destruir el universo con un chasquido de sus dedos. Sin embargo, me parece que a ésta producción le sobraron por lo menos 45 minutos.

Aún así, es de agradecer que no nos hayan contado por enésima vez el origen del Caballero de la Noche, solo para tener una excusa para ofrecerle al público el bizarro espectáculo de tres o cuatro hombres murciélago departiendo alegremente en un solo filme, llegando al extremo de no saber donde inicia una versión y comienza la otra.

Al atestiguar esta nueva recreación del máximo defensor de la justicia en Ciudad Gótica, caí en cuenta del punto neurálgico de mi desazón hacia los superhéroes. No es que ellos hayan cambiado: fue nuestro mundo el que se desordenó.

Porque muy en el fondo, mi niño interno reclamaba a los héroes y heroínas dónde carajos se metieron cuando los intereses corporativos comenzaron a asfixiar a los desvalidos. Muchos hubiésemos soñado con una Mujer Maravilla usando su Lazo de la Verdad cada vez que los medios hegemónicos o los enajenados de la política mesiánica nos quieren asfixiar con verdades a medias o mentiras de a kilo.

Muchos añorábamos la presencia de un Daredevil capaz de enderezar a un sistema de justicia embargado por la falta de ética y el cinismo. ¿Y donde diablos se metió la Liga de la Justicia cuando una pandemia se atrevió a voltear de cabeza nuestro estilo de vida, cuando el facismo vuelve  a asomar su rostro en distintos puntos del orbe o cuando el demonio de la guerra resurge para enseñarnos sus afilados colmillos? 

Así que había que asumirlo: no fueron los superhéroes los que perdieron brillo: fue el mundo el que se convirtió en un lugar más inhóspito y sombrío.

Y ahora… ¡¿quién podrá ayudarnos!?

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

Nirvana (Estados Unidos) “Something in the way”

Faith No More (Estados Unidos) “Superhero”

David Bowie (Inglaterra) / “Heroes”

The Ramones (Estados Unidos) / “Spider Man”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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