En los hoyos de una ladrillera

Por Arturo Santillán

Cuentan que en el semipoblado pueblo de Mixcoac – en tiempos en que ocupaba la presidencia el General Manuel Ávila Camacho – una ladrillera de nombre “Nochebuena” terminó sus funciones y dejó unos enormes hoyos, en los límites de lo que fuera el rancho “San Carlos”. El Distrito Federal, apenas contaba con tres millones de habitantes.

Unos 20 años antes, Felipe Carrillo Puerto era gobernador de Yucatán, fundó el Partido Socialista del Sureste y fue fusilado en enero de 1924 después de ser derrocado por rebeldes delahuertistas. Durante su gobierno, Carrillo Puerto tuvo como secretario particular a Neguib Simón Jalife, un abogado de origen libanés y posterior empresario que hizo fortuna como fabricante de Navajas Ala, focos Lux y peines La Pirámide.

Aquellos gigantescos huecos provocados por las excavaciones de la fábrica de ladrillos, fueron aprovechados por un futurista proyecto imaginado por Neguib, en esas magnas fosas se construyeron dos coliseos: una plaza de toros y un estadio de futbol, el más grande del país en esos años y la más grande del mundo hasta ahora. Ambos escenarios nacieron como parte de la próxima Ciudad De los Deportes.

Neguib gastó prácticamente toda su fortuna en las obras de su sueño, un enorme proyecto arquitectónico para el Distrito Federal que contaría con frontón cerrado para siete mil personas, alberca olímpica, canchas de tenis y baloncesto, arena de box y lucha, boliche, galerías de arte, cines, teatros, playa artificial, centro de artesanías y estacionamiento para dos mil automóviles.

Pero la mala fortuna le negó a Simón la culminación de sus planes, problemas financieros le obligaron a vender los únicos recintos terminados al español Moisés Cosío Gómez, entonces dueño del Frontón México de la Colonia Tabacalera.

Cosío también compró el Parque Asturias y desapareció al equipo local del mismo nombre, con el único objetivo de obligar a los equipos capitalinos de la época a negociar con él y rentar el Estadio de la Ciudad de los Deportes, un recinto subutilizado que ya le representaba pérdidas por los costos de mantenimiento. En 1950 el Real Club España, América, Atlante, Marte y Necaxa aceptaron las condiciones del propietario, con previa intervención del presidente Miguel Alemán, quien tuvo que abogar por un mejor acuerdo.

Solo Atlante ocupó de forma permanente el Estadio hasta 1958. El Marte se mudó a Cuernavaca apenas tres años después, mientras que América y Necaxa llegaron a un acuerdo con la UNAM para jugar en Ciudad Universitaria, aunque debieron volver a los dominios del empresario Cosío por las pobres entradas que tenían en el pedregal.

El Estadio de la Ciudad de los Deportes sufrió de las continuas disputas de Moisés Cosío con las autoridades de la capital. El 24 de enero de 1958 fue clausurado por el Departamento de Obras Públicas del Departamento del Distrito Federal por impuestos sustitutos no pagados porque el inmueble no contaba con espacios de estacionamiento, la sanción pospuso el primer partido de Copa entre Atlante y Cuautla, además América y Necaxa tuvieron que mudarse de nuevo a Ciudad Universitaria para terminar lo que quedaba de torneo. En junio de 1959 otra clausura por motivos similares provocó la migración permanente del América, Atlante y Necaxa a los campos de la UNAM.

El abandonó del Estadio De la Ciudad de los Deportes terminó en 1967. Con la designación de México como sede de los Juegos Olímpicos de 1968, los Pumas de la UNAM tuvieron que ocuparlo para permitir la remodelación del Estadio Universitario y no volvieron a su cancha sino hasta 1969.

Para la Copa del Mundo de la FIFA en 1970, los toques finales al recién inaugurado Estadio Azteca, devolvieron por unos meses a los clubes del D.F. (América, Atlante y Necaxa) al campo vecino de la plaza de toros.

De 1983 a 1996 el Atlante alquiló el coloso de la Colonia Nochebuena, después Cruz Azul lo hizo de 1996 a 2018, año en el que se anunció su demolición. En su lugar habría un centro comercial y un hotel, una negociación que por buena fortuna fracasó.

Los dueños aún descienden de Moisés Cosío y en 2020 arrendaron una vez más la propiedad, misma que volvió a llamarse Estadio Azulgrana con el regreso del Atlante a la capital del país. Una región que ahora se llama Ciudad de México, con más de 20 millones de habitantes y que nunca pudo contar con esa utópica Ciudad de los Deportes.

Para volver a ser sede del Mundial en 2026, el Estadio Azteca requiere comenzar intensos (y rezagados) trabajos de remodelación, labores que comenzarán a finales de 2022. Es por esta razón que una vez más, América y Cruz Azul jugarán en lo que un día fueron los hoyos dejados por una ladrillera.

Arturo Santillán

Formado periodista, loco por el futbol, la música y la imagen. Escribo y colaboro en Notas Sin Pauta. Productor y Fundador en Sensor Agencia Audiovisual.

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