Medir el crecimiento como forma de crecimiento (sic)

Foto de Sinjin Thomas en Unsplash

POR: ANUAR JONGUITUD

En innumerables ocasiones hemos visto diversos índices que miden todo tipo de variables, tanto económicas como de salud, educación, y un larguísimo etcétera. Siempre se ha discutido como es que estos índices son una medición fehaciente e indiscutible para las naciones, las instituciones y los habitantes de dichos países. Además, en más de una ocasión también se ha hablado de cambiar todos estos número por otros nuevos números que nos hagan saber de forma más real cuales son las deficiencias o benevolencias de cada uno de nuestros sistemas económicos. Sin embargo ha habido centenares de ellos propuestos (algunos de ellos sin pies ni cabeza), pero los índices siguen siendo los mismos para medir casi todo.

Entre los más comunes de todos estos hay cerca de una docena, aunque invariablemente son tres o cuatro los más utilizados; entre los que medimos nuestras naciones y su desarrollo. El primero de ellos es el Producto Interno Bruto (PIB), que se refiere a todo lo que una nación produce (bienes y servicios) medidos en un lapso determinado (generalmente un año calendario), en una moneda en específica (que de facto es el dólar estadounidense) dentro de los límites territoriales de la misma nación. La economía mexicana, con la medición de 2021, tiene un PIB cercano a 1.29 billones de dólares, la décimo cuarta economía a nivel mundial por producción.

Existe también una variante del PIB que es el Producto Nacional Bruto, que es lo que todas las personas (físicas y morales) nacionales, producen tanto dentro del territorio como fuera de este mismo; este dato no se encuentra disponible al 2021 en redes. Ahora, si dividimos lo que el país produce entre el total de sus habitantes (para 2021 la población de México era de 129 millones de habitantes) entonces obtendremos el PIB per cápita, que asciende a unos 9255 dólares. 

Otro índice, que en particular es muy interesante, es el Índice de Gini (también lo puede encontrar como un Coeficiente); trata de observar lo homóloga de la distribución de la riqueza, donde un 1 quiere decir que una sola persona tiene toda la riqueza del país, y un 0 quiere decir que todos los habitantes tienen exactamente la misma riqueza distribuida. Todos los números entre 0 y 1 son la realidad del mundo. México tiene un Índice de 0.454 (según datos del Banco Mundial), pero, ¿eso que nos dice a comparación de otros países? Alemania tiene un Índice de 0.317, Canadá de 0.337, Estados Unidos de 0.415. Aunque hay países que tienen una distribución más equitativo de la riqueza, México no está muy lejos de sus índices, aunque se debe hacer un esfuerzo enorme por una mejor redistribución de esta.

En veinticinco años México bajó su Índice de 0.536 (1996) a 0.454 (2022), lo cuál indica que México cada vez tiene mejor distribuida su riqueza. Aún así hay que decir que este índice, si no es leído con cautela, puede llevar a malinterpretar la información; no habla sobre la riqueza que cada persona tiene, ni de la generación de la misma, solamente lo homologado de esta entre su población. Hay países que tienen Índices de Gini bajísimos, y que son muy pobres, tal es el caso de varios países que pertenecían a la URSS, y que, la poca riqueza que generan, está distribuida más o menos igual entre sus habitantes, aunque ello no quiere decir que dejen de ser pobres, sino que todos son pobres más o menos por igual. Tal es el caso de Ucrania con 0.256, o Moldavia con 0.260. 

Otro indicador que es una combinación bien balanceada entre varios de estos factores es el Índice de Desarrollo Humano (IDH); este combina tres datos importantes para cualquier nación, en desarrollo o desarrollada: la esperanza de vida, los años promedio en el sistema educativo, y el PIB per cápita. En los países más desarrollados, la esperanza de vida va entre los 80 y 85 años, (los hombres siempre vivimos menos), los años promedio en el sistema educativo van de los 12 a los 15 años, (tienen generalmente el bachillerato terminado y una carrera técnica en promedio) y para ser un país de ingresos altos, el PIB per cápita debe ser mayor a 30 mil dólares anuales (ya vimos que el de México apenas araña los 10 mil dólares, así que ya vemos de qué va esto).

En México el IDH está en 0.779, lo que nos pone a la par de naciones como Tailandia o Bosnia-Herzegovina, pero México es tan dispar, que los municipios más ricos de México, como Miguel Hidalgo (CDMX), Benito Juárez (CDMX), o San Pedro Garza García (Nuevo León) tienen índices comparables a países como Francia o Australia. En cambio los municipios más pobres de México, tales como San Martín Peras, Santos Reyes Yucuná o Coicoyán de las Flores (los tres en Oaxaca y de los que seguramente usted jamás había oido), tienen IDH muy similares a países africanos, tales como Mali, Sierra Leona, o Sudán del Sur.

Medir el crecimiento es una excelente forma de medir el crecimiento, la riqueza y la prosperidad. Sí, medir el crecimiento de los seres humanos, medir qué tan altos somos físicamente. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ha dicho que los países más prósperos también suelen tener gente más alta. En los últimos cien años, la humanidad ha crecido alrededor de 5%, puesto que ahora hay más recursos alimenticios, médicos y de esparcimiento que al inicio de la década pasada, haciendo que las mujeres pasen de 1,50m a 1,60m, y los hombres de 1,60m a 1,70m. Y contrario a lo que todos creen, la genética no es un factor decisivo en la estatura de la gente.

Siempre ha existido en México el mito de que los aztecas eran muy altos, y que los españoles eran muy bajitos, y que entonces los españoles, al mezclar sus genes con los aborígenes mesoamericanos, crearon un mestizaje de gente pequeña. ¿De verdad cuatrocientos hombres ibéricos cambiaron la genética de una ciudad como Tenochtitlán de un millón de habitantes? Invariablemente la respuesta es no (hoy en día los españoles son más altos en promedio). La respuesta es que no tenemos los suficientes recursos alimenticios o, en su defecto, la calidad de los mismos no la óptima para el crecimiento. 

Ahora, el crecimiento físico del ser humano no puede ser ad infinitum. Aún no sabemos cuál es el límite del crecimiento humano, pero estamos cerca. Los holandeses (o mejor dicho, los neerlandeses) son los humanos más altos en promedio, con mujeres de 1,63m y hombre de 1,83; los estadounidenses miden en promedio 1,63m las mujeres y 1,75m los hombres; ¿y nosotros los mexas? Las mujeres 1,49m y los hombres 1,66m; de entre los países de la OCDE somos los más bajos de estatura, tanto entre hombres como en mujeres. 

Hay un caso particularmente estudiado por las universidades, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y también por la misma OCDE, el caso de las diferencias de altura entre surcoreanos y norcoreanos. Genéticamente son la misma raza (aunque no hay razas diferentes humanamente hablando), pero hay una brecha importante de altura que es cercana a los ocho centímetros de altura tan solo al cruzar la frontera. La explicación de este caso es que el desarrollo económico que ha tenido Corea del Sur en las últimas décadas, puede explicar las diferencias: a mayor riqueza, más y mejor alimentación. Incluso las mujeres surcoreanas son hoy en promedio tan altas como los hombres norcoreanos.

Finalmente no hay que estar tristes. Ya vimos que los ingresos en México están subiendo (comparado a hace 25 años) , la distribución de la riqueza es mejor (que en 1996), y que el PIB ahora es mucho más grande que en esos años. Pero, ¿y nuestra altura? La OCDE hace una medición entre personas que están en sus veintes y otras que están en sus cuarentas, esto para explicar la variación porcentual de lo que se ha crecido en una generación. Los hombres han crecido un 2% más que la generación anterior, lo que quiere decir alrededor de 3 centímetros y las mujeres un 1,75% cerca de dos centímetros.

Aunque esto es halagador y esperanzador, tenemos que mejorar la alimentación de todos los habitantes para que se crezca a tasas más altas como otros países de la OCDE, tales como son: Corea del Sur, con un 3,5% para sus hombres y 2,5% para sus mujeres, o España, que sus hombres en una generación han crecido 2,75% y sus mujeres un 3,25%. Por el otro lado también hay otros países que no han podido crecer más en la última generación, como lo es estados Unidos, donde los estudios de la OCDE indican que los hombres no han tenido una variación de altura, y las mujeres apenas han crecido un 0,25% más que la generación anterior.

Ya vimos que el crecimiento y el progreso tiene otra formas de medición que no son únicamente los índices económicos a los que estamos acostumbrados, sino que también hay otros tantos (cuantificables y probados) que nos puedes dar una idea de lo que hace falta por hacer. 

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