¿Desfederalizar los salarios?

Foto de Sasun Bughdaryan en Unsplash

TRAGICOMEDIA MEXICANA / ANUAR JONGUITUD

Sin lugar a dudas uno de los temas más ríspidos es el de los salarios. Porque lo que gana la gente es insuficiente para darse una vida diga y holgada, tanto que, a veces los que ganan el salario mínimo no le es suficiente para poder adquirir la canasta básica. 

Uno de los tantos aciertos del actual Gobierno de la República es subir el salario mínimo federal. Se ha incrementado en casi un cien por ciento el alza del salario mínimo de donde se ubicaba en 2018 a 2022, moviéndose de 88.32 pesos a 172.87 pesos. Es decir, más de un cien por ciento en términos nominales, pero en términos reales, (es decir, descontando la inflación, que desde enero del 2018 a junio de 2022, [último dato disponible del INEGI] la inflación acumulada lleva un 23.5%) el alza sería de un 72%. Lo cuál es un gran incremento a nivel nacional después de años de estancamiento de los salarios que generalmente solo subían algo más que el nivel inflacionario. Aunque eso no es suficiente.

Sin embargo, el salario mínimo no es el reflejo del grueso de la población, es muy cercano a lo que ganan las personas generalmente ganan mes con mes. Según los datos oficiales es de 472.5 pesos diarios. Este dato es un poco engañoso, porque a esos salarios registrados en el IMSS (denominados Salario Diario Integrado) incluyen también lo que se paga de aguinaldo, vacaciones, y otras prestaciones, (lo que equivale generalmente a un 8 por ciento de este salario registrado en el IMSS, aunque depende mucho de las prestaciones ofrecidas por las empresas). Además, también incluyen impuestos y aportaciones obligatorias de los empleados al AFORE y al mismo IMSS (que es otro 3.5%), por lo que, si restamos los impuestos de este salario y aportaciones, el salario promedio de una persona en el IMSS es de 10,975 pesos, lo cuál es más del doble de una persona que gana el mínimo (5255 pesos mensuales). 

Sin embargo, no es lo mismo lo que gana una persona en uno de los municipios más pobres del país (casi todos ellos en Oaxaca) a lo que gana alguien en San Pedro Garza García, el municipio más rico de México. Así que, ¿porqué no desfederalizamos los salarios como en otros países del mundo? 

El ejemplo más claro y tangible que tenemos en México es el de nuestros vecinos del Norte, tanto Estados Unidos (EEUU) como Canadá: estos países tienen un salario mínimo federal, el cual es un piso inquebrantable que los trabajadores pueden cobrar por hora por trabajos con poca o nula habilidad laboral, experiencia o preparación. Los estados que conforman estas naciones pueden establecer su propio salario mínimo que como no puede ser menor al federal, lo único que puede ser es mejorar los ingresos de los trabajadores en el estado. Si estas entidades no cuentan con una ley de protección al salario mínimo, entonces se da por hecho que el salario mínimo será el federal.

En EEUU el salario mínimo federal se encuentra fijado en 7.25 dólares por hora; ahora existe una gran variación entre los estados, puede ser que un estado como California, tenga fijado la hora en 15.00 dólares, Oregon en 12.00, Nevada en 9.75, e incluso Washington D.C. la establezca en 16.10 (siendo la administración territorial con el salario mínimo más alto en EEUU), y otros tales como Alabama, Georgia o Texas, no tengan establecidos mínimos estatales y de facto sea el federal el utilizado. (Todos estos salarios están denominados en dólares estadounidenses.)

En Canadá la situación no es tan diferente, el salario mínimo federal es de 15.55 dólares. Aquí todas las provincias establecen su propio salario mínimo, siendo el que propone el más bajo sea Manitoba con 11.95 y el más alto sea Nunavut con 16.00 dólares. Pero, ¿a qué se deba que haya salarios mínimos provinciales aún más bajos que los federales? El salario mínimo federal solo se aplica a las industrias reguladas por el gobierno federal de Canadá, ya que no todas las industrias son reguladas de manera federal, hay tantas otras que son reguladas de manera provincial; para estas segundas, el salario mínimo provincial es el que se aplica. (Todos estos salarios están denominados en dólares canadienses.) 

Hay una zona en México que tiene de facto un salario mínimo más alto establecido: el área fronteriza norte. Son 260.34 pesos el salario mínimo de frontera, 88 pesos más que el resto del país o un cincuenta por ciento extra. Este salario mínimo de frontera nos indica dos cosas: la primera, que la productividad de la frontera en la zona norte es mucho mayor que la del resto del país, (con sus debidas excepciones). La segunda, los flujos económicos y migratorios (de población flotante) desde EEUU, que otorgan a esta zona una inflación ajena al resto por la dolarización de esta franja norte. 

Según el Observatorio Laboral del Servicio Nacional de Empleo, el estado con mayor ingresos promedio en el ámbito profesional es Ciudad de México con 18,500 pesos mensuales (arriba de tres salarios mínimos), mientras que el menor es Guerrero con 8,800 pesos mensuales (cerca de salario y medio). Sorprende mucho que los estados estadísticamente más pobres del país no estén tan cerca del último puesto (Oaxaca y Chiapas). Ciertamente los profesionistas no ganan el salario mínimo en México, (en promedio ganan dos salarios mínimos), pero también vemos que los estudios terciarios no son un indicador determinante de superación económica a futuro. Otros estados con ingresos promedios superiores son Baja California Sur con 17,050 pesos, Nuevo León con 16,950 pesos, Querétaro con 15,600 pesos y Baja California con 15,550.

Sin embargo, sería muy complicado, motu proprio, la ejecución de un sistema estatal de salarios mínimos. La primera es que en la mayoría de las ocasiones estos salarios mínimos no estarían ajustados de acuerdo a la productividad propia del estado en donde se llevaran a cabo, y sería muchas veces solo un factor de ego político tanto de los gobernadores como de los diputados locales, puestos que se usaría de excusa el alza indiscriminada de los salarios mínimos estatales para fines de propaganda electoral sin tener en cuenta los factores reales para el alza del mismo. Los efectos colaterales de un alza indiscriminada de los salarios mínimos si fueran estatales serían los siguientes: 

  • uno) la inflación regional que tendría el alza por el incremento a uno de los costes de producción, 
  • dos) la movilización de capital humano de un estado a otro por el alza del salario mínimo (tal como ha ocurrido en la últimas décadas con el éxodo de los estados del sur a los del norte y a Ciudad de México), 
  • tres) la movilización de algunas empresas a otros estados donde el salario mínimo sea menor (empresas de uso de capital humano sin habilidades gerenciales, o maquila), 
  • cuatro) el presupuesto en nómina de los mismos estados, puesto que al subir los salarios, el mismo gobierno estatal y los gobiernos locales tendrían que subir de manera importante los sueldos y las prestaciones implicadas (una gran mayoría de los municipios de México su presupuesto únicamente se va a pago de nóminas), 
  • cinco) el desempleo que causaría, tanto en el sector público como privado), el aumento en los sueldos, por los que muchas empresas se verían en la necesidad de recortar personal por el aumento en sus costos. 

Muchos de estos efectos los hemos visto en los mismos EEUU donde en los últimos años muchos de los estados, sobretodo los gobernados por el partido demócrata, han optado por subir los salarios mínimos a más del doble de los establecidos por el gobierno federal, lo que ha causado ciertas molestias y problemas de todas estas índoles dentro de sus límites territoriales, sobretodo en los trabajos e industrias con personal con educación obligatoria o secundaria. No sabemos si en México esta decisión tendría los mismos efectos, pero es muy seguro que algunos de ellos se manifestarían de forma más laxa que otros.

La idea de desfederalizar los salarios mínimos y que queden mayormente en manos de los gobiernos estatales es una idea tentadora, pero son muchos los riesgos que se pueden correr si no se tienen las estadísticas y los modelos económicos correctos antes de tomar decisiones que luego puedan resultar contraproducentes.

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