Crónicas del consumismo: Gusto culposo

Foto de Volodymyr Hryshchenko en Unsplash

Palangana 74

Con todo y la pandemia, las compras inútiles no paran. Es más fuerte nuestro amor a los “cachivaches” que el miedo al COVID-19.

Como toda tienda de plásticos y artículos para el hogar que se precie de serlo, aquí tenemos opciones para dar y regalar: moldes para cubos de hielo, cucharas para postre con mango de elefante, fibras, cepillos y escobetillas para tallar lo que se les ponga en frente. Tablas para picar tamaño monumental;una jabonera cuenta cuentos y hasta versiones miniatura de los utensilios de cocina.

Me parece ilógico pensar que haya una razón de peso para tener un horno alemán o una lavadora manual; una paquete de dosificadores para botellas de vino, una licorera versión 50 ml, o algunas salseras en forma de conchita de tres divisiones,  pero en gustos… no se escatiman gastos.

Hay tragedias en todo esto, no crean que todo es risas y bolsas llenas. De hecho, me parece que ya son muchas las bolsas llenas. Coincidirán conmigo en que tiendas como estas atraen, sorprenden y abruman a la vez. Al llegar a ellas, te emocionas por la impresionante variedad, por los colores y las novedades. Ese artículo que “tanto has estado buscando” por fin aparece ante tus ojos-imposible dejarlo ahí.

Empiezas a llenar tu carrito o canastilla. Paseas por cada pasillo con la alegría infantil de encontrar todo lo necesario para la carta navideña. Antes de acercarte al área de cajas, estás dudando si ese porta-cepillo de dientes o ese juego de tacitas entrenadoras, son necesarios. Al estar pagando titubeas y dejas algo antes de la banda transportadora (o junto a los chicles o bebidas gaseosas en su defecto). Camino a casa crees que tu compra fue satisfactoria y te cuentas que, obviamente “te salió bien barata”. Al desplegar el botín en la mesa del comedor, no tienes ni idea de para qué compraste todo eso. Sin embargo, vas. Una y otra vez. Vas. A todas horas. Y varias veces a la semana.

-Señorita, ya vamos a cerrar.
-Ya nada más me falta un trapito para secar los trastes.
-Los tenemos de este lado.
-Bueno ahorita voy, déjeme agarrar la jarra con tapa y vasos que vi allá al fondo. Mientras, ¿Me puedes ir haciendo la cuenta?

-Oiga, ¿me deja pasar por un abresodas? No me tardo.

-Lo siento, ya cerramos. ¡Señora! ¡Ya está cerrado !¿Señora? Ese pasillo ya está apagado. ¿Señora, también entró su niño?
-Es para que me ayude a buscar, porque él se sabe la tienda mejor que yo.
-…

-¡Viejo! ¡Pásate para llevarnos la jardinera grande y la banca!
-Señor, ya bajamos la cortina. Ya no tenemos acceso para esa área.
-No nos tardamos. Ya sabemos cuál es.
-…

Y así…todos los días…

Angélica Cardona
@angielocutora

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