El Casino de la Selva

Foto de Alexander Popov en Unsplash

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro 

Recuerdo con claridad la anécdota de un sábado por la tarde-noche en Cuernavaca. Eran principios de los noventas, y éramos un grupo de adolescentes entre los 16 y 17 años con poco dinero pero con ganas de fiesta.

Entonces surgió la sugerencia por parte de Héctor Aréchiga: “A ver, consíganse todos una corbata. Hay que llegar a uno de los salones del Casino de la Selva. Al de la entrada le vamos a decir que se nos olvidaron las invitaciones, pero que adentro nos están esperando unas primas. Le pedimos que nos deje pasar a uno y les garantizo que todos vamos a entrar”.

“¿Cómo puedes estar tan seguro de que vamos a pasar?”, respondía incrédulo alguno de los del grupo. La respuesta del amigo Héctor era tan rápida como cargada de lógica: “No mames, esto es Cuernavaca. Aquí nos conocemos todos”…

Sobra decir que la estrategia funcionó no sólo una, sino infinidad de veces. En ocasiones terminábamos hasta bailando el vals con la quinceañera o brindando con los novios, envalentonados por los tragos gratis y la música de un grupo versátil o un equipo de luz y sonido tocando la música del momento.

De alguna manera, el Hotel Casino de La Selva fue el epicentro de la vida social de Cuernavaca durante décadas. Fundado en la década de los treintas del siglo pasado por el empresario y filántropo de origen español Manuel Suárez Suárez, operó como establecimiento de juegos y apuestas durante sus primeros años de servicio, para después establecerse como hotel y centro de eventos sociales, aunque conservando el nombre de origen. 

En sus distintos salones se celebraban todo tipo de eventos y actividades; se identificaban con nombres específicos como El Salón de Los Relojes, el Salón Chino, el Helipuerto o el llamado Salón de las Columnas, que era el de mayor capacidad. Asimismo contaba en su interior con un teatro, salas de conferencias y una alberca con poza de clavados de medidas reglamentarias a la que se le conocía con el rimbombante nombre de “El Club de Playa”, ya que contaba con un perímetro acondicionado con arena de mar, que según se decía había sido traído especialmente desde las costas del vecino estado de Guerrero.

Con los años, y el advenimiento de las crisis económicas la actividad del Casino como hotel fue disminuyendo hasta prácticamente desaparecer, por lo que el establecimiento sostenía sus operaciones a través del alquiler de sus salones, la celebración de algunos eventos especiales y la operación de una discoteca en uno de sus amplios accesos. Al recinto se podía ingresar desde la avenida Poder Legislativo por el flanco oriente, y por la avenida Leandro Valle en el extremo opuesto. Adicionalmente tenía otro acceso por el lado norte, que operaba como entrada de servicio para empleados y proveedores. También durante sus últimos años de operación siguió funcionando un boliche, que contaba con mesas de billar y un area de juegos de video un tanto pasados de moda, pero que eran el refugio de estudiantes de secundaria o preparatorio que se iban de pinta apenas pasado el medio día.

En relación a los eventos especiales, recuerdo haber atestiguado sin proponérmelo medio concierto de José José al salir de una fiesta de graduación de uno de los salones. El Príncipe de la Canción ofreció un recital en el espacio conocido como El Helipuerto, que era un galerón de grandes columnas que era prácticamente semiabierto. Lo único que nos separaba de los asistentes con boleto pagado es que ellos veían la presentación cómodamente instalados en sus mesas con servicio de bar y cena; el resto de los noctámbulos observábamos el show desde el perímetro exterior, pero prácticamente el audio era el mismo.

Algún tiempo más tarde, tuve la oportunidad de conocer otra faceta del legendario Casino. 

A invitación de un colega de la preparatoria, Antonio Guzmán Flores, algunos compañeros nos enrolamos en un trabajo de fines de semana en la casa de banquetes propiedad de su padre. El trabajo consistía en trasladar e instalar el equipo-sillas, mesas, mantelería- , y en los casos que fuese requerido, apoyar en el traslado de alimentos, loza, cubiertos y demás enseres. En varias ocasiones nos tocó atender servicios en las instalaciones del Casino de la Selva, al que accedíamos por el área de servicio, lo que me permitió conocer lo que los usuarios regulares del hotel y los salones no podían apreciar a simple vista: el creciente deterioro de un espacio emblemático de Cuernavaca.

Varios salones y espacios del Hotel y Casino contaban con murales y esculturas de artistas de renombre; sobresalía la obra de David Alfaro Siqueiros, quien gozó del mecenazgo de empresario Manuel Suárez Suárez durante los años más álgidos  de su militancia en el Partido Comunista Mexicano, situación que lo llevó incluso a pisar la cárcel de Lecumberri.

Su obra más emblemática “La Marcha de la Humanidad” comenzó a ser realizada al interior del Casino, pero se interrumpió por su encarcelamiento en 1960; fue reiniciada años más tarde en otro recinto adjunto al Hotel de México, también propiedad de la familia Suárez, y que a mediados de los sesentas fue nombrado como el Polyforum Cultural Siqueiros en la Ciudad de México.

Algunas de las salas de conferencias del Casino lucían enormes reproducciones en foto mural de la afamada obra de Siqueiros. Sin embargo, ya en los últimos años de operación del hotel, varios páneles fueron removidos por mostrar severos daños producto de la humedad y la falta de un adecuado mantenimiento. Quienes accedíamos al lugar desde el area de servicio podíamos ver varias mamparas de madera y acrílico arrumbadas a la intemperie, con  evidentes huellas de deterioro.

En mis primeros años de ejercicio profesional como periodista, alcancé a ver al Casino de la Selva en otra de sus facetas. Con motivo del Sexto Informe del entonces gobernador Antonio Riva Palacio López, se instaló en ese lugar una gran sala de prensa para medios locales y nacionales. Corría el año de 1994 y eran los años previos a la era del internet, por lo que en uno de los salones se dispuso una gran cantidad de tablones con máquinas de escribir mecánicas que eran tomadas de oficinas gubernamentales. Al lado de cada máquina se instaló una extensión telefónica y en un área contigua, varios aparatos de fax disponibles para en envío de los despachos informativos.  Se instalaron algunos cubículos para entrevistas de radio y TV e

Incluso se dispuso de un télex para aquellos enviados que lo necesitasen.  Sobra decir que el lugar contaba con dotación de bebidas y viandas a granel. Eran los tiempos en que un informe de gobierno era un acto de la mayor relevancia, para lo cual se disponía prácticamente de recursos ilimitados.

Hacia finales de los noventas el recinto se cerró al público. Sólo permaneció durante algún tiempo en operaciones el “Club de Playa” abierto al público en calidad de balneario popular, con una tarifa simbólica para el acceso. En los tempranos dos miles un grupo de jóvenes emprendedores realizaron en el lugar una fiesta “rave” denominada “Nautilus” para la cual se anunció un amplio cartel de DJ”s y actos en vivo, pero que por problemas de desorganización terminó reducido a la mitad. El evento se realizó en los jardines, y ya no hubo acceso a ninguno de los espacios cerrados del inmueble.

Poco después se anunció que El Casino de la Selva había sido adquirido por la transnacional Costco, que lo había rescatado de  bienes enajenados por el tristemente célebre Fobaproa. Al parecer los herederos del magnate Manuel Suárez Suárez lo ofrecieron en garantía para solventar otros de sus proyectos turísticos y finamente no pudieron costear su rescate.

El anuncio provocó una gran controversia entre la comunidad intelectual y política morelense, que de inmediato reclamaron la preservación de la obra pictórica de artistas como Siqueiros y el Dr. Atl (Gerardo Murillo), José Reyes Meza y José Ranau que aún se encontraban en el lugar. Lo cierto es que los nuevos propietarios argumentaron que la propiedad no contaba con una declaratoria que lo reconociera como monumento o patrimonio cultural e histórico , por lo que finalmente, tras meses de conflicto; se procedió a su demolición en julio de 2001.

Varias personalidades del ámbito local como el cineasta Óscar Menéndez, la ambientalista Flora Guerrero , entre muchos otros personajes, fueron detenidos y encarcelados durante las protestas en contra de la demolición del casino. Finalmente,  tras una negociación que no dejó para nada contentos a los opositores al proyecto, se acordó la conservación de un area destinada a un museo que albergó durante algunos años la reconocida Colección Gelman, con obras de Rufino Tamayo, Diego Rivera y Frida Khalo, entre otros artistas, pero que finalmente cerró tras el cumplimiento del comodato suscrito con los nuevos propietarios.

Siempre me pregunté por qué la sociedad civil organizada tuvo que esperarse a que el inmueble —que al final del día era una propiedad privada— fuera vendido a un corporativo trasnacional para reaccionar; cuando el deterioro de ese espacio emblemático de Cuernavaca llevaba décadas ocurriendo a la vista de todos.

En la actualidad, en ese vasto terreno en el que se derribaron cerca de 800 árboles de distintas especies, siguen en operación dos grandes almacenes comerciales; uno de la cadena Costco y el otro denominado MEGA, que tiene el dudoso honor de haber sido durante algunos años el centro comercial con mayor superficie de venta en toda América Latina, según recuerdo haber leído en un publirreportaje a plana completa en un diario capitalino.

Tal vez las nuevas generaciones desconozcan por completo la historia de lo que alguna vez fue el Hotel Casino de la Selva, pero sin duda son memorias que vale la pena desempolvar de vez en cuando en tributo a la memoria de aquellos espacios que la feroz gentrificación, la desigualdad y el imperio de crimen organizado nos han ido arrebatando a los ciudadano en todos los centros urbanos del país.

Valor a la memoria.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Marimba Perla del Soconusco (México) / “Danzón Casino de la Selva”

Fandango  (México) / “Autos, moda y rock and roll”

La Bolonchona (México)b / “La Yerbita”

La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio (México) / “Supermercado”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

0
    0
    Tu carrito
    Tu carrito está vacíoRegresar para ver